Voces del recuerdo: Cherry Navarro un cantante “sobrado” de lote

Universo musical (Crónicas para el recuerdo) Héctor J. García 

 

Hoy 28 de septiembre se cumple un aniversario más de la muerte de este gran cantante venezolano que en vida se llamó Enrique Alexis Navarro mejor conocido como Cherry Navarro. En cada fecha luctuosa siempre escribo alguna semblanza o pequeña crónica sobre su corta vida artística y personal. Trato, por lo general, de que sea diferente a la anterior. Es que Cherry, utilizando la jerga popular, estaba “sobrado” de lote artísticamente. Y con tan solo 23 años que fue que duró su existencia. El cantaba cualquier género que le pusieran: música venezolana, bolero, balada…. “Cantó de todo y en todos los géneros funcionó bien”, afirmó el gran compositor Chelique Sarabia.

Recuerdo perfectamente ese día, un 28 de septiembre de 1967. Quien esto escribe era un adolescente y me encontraba en la consulta de traumatología del hospital Vargas convaleciente de una operación en un pie. El reloj de pared marcaba alrededor de las 9 am cuando a cierta distancia, a lo largo de un pasillo donde estaban ubicados varios consultorios, se escucharon voces  del personal de enfermería que anunciaban la infausta noticia de la muerte del ídolo del momento Cherry, quien había ingresado el 18 de ese mes a ese centro hospitalario. Bruscamente se abrió una puerta y a través de ella una enfermera transportaba en una camilla el cuerpo, cubierto con una sábana, del joven vocalista venezolano para ser trasladado a la sala 11 del servicio de Patología. Cherry había fallecido a las 8 y 17 am a consecuencia de una mortal enfermedad conocida como aplasia medular (leucemia).

 

De Monagas a Caracas

Alexis Enrique Navarro Velásquez –nativo de Caripito, Monagas- nació un 9 de julio de 1944. Desde pequeño soñó con ser cantante y no desperdició ninguna ocasión para demostrarlo, solo que el destino le jugó una mala pasada y nunca imaginó su prematura muerte. Sus datos biográficos permiten conocer que fue hijo de Manuel Rafael Navarro y María de Jesús Navarro.

Como todo comienzo en cualquier reunión, fiesta familiar, con los amigos, en las serenatas, Cherry daba muestra de sus cualidades vocales y desde ya prometía ser un gran intérprete de música popular abarcando diferentes géneros: criollo, romántico y baladas. Con el correr de los años se traslada a Caracas junto a su familia. Estudió canto, piano y teoría y solfeo en la escuela de música José Ángel Lamas. La populosa parroquia de El Valle fue el escenario ideal para poco a poco ir introduciéndose en el mundo del espectáculo. Conoce gente y entre sus amigos de la época figuran José Luis Rodríguez (hoy el Puma), Chelique Sarabia y el gran animador Renny Ottolina, por solo mencionar algunos.

“Él cantaba muy bien. Tan buenas cualidades tenía, que a tantos años de su desaparición física, todavía sigue sonando. ¿Se imagina la carrera que hubiese tenido como lo hizo José Luis o como otros tantos?”, declaró en una entrevista el gran compositor Chelique Sarabia.

Con su gran jovialidad, buena pinta y eterna sonrisa, el muchacho de Caripito se “metía” a todos en un bolsillo.

Una vertiginosa carrera

Los primeros años de la inolvidable década de los 60 fue muy fructífera en el desarrollo de su vertiginosa carrera. Formó parte con su amigo José Luis Rodríguez  (hoy El Puma) del conjunto “Canaima” con el cual y ofrecían sus primeras serenatas, tocaban en fiestas y reuniones familiares. Se introdujo en la onda de la música criolla de la mano de Chelique, se “montó” en el tren de la Nueva Ola grabando una respetada cantidad de excelentes temas y, además, fue un bolerista de lujo de la orquesta de Renato Capriles, Los Melódicos, aunque por poco tiempo.

Los viajes, las giras y los amores es cosa cotidiana para esos años en la vida del gran Cherry, quien a fuerza de mucho tesón y perseverancia, había calado en la juventud venezolana de esa época que tenía como ídolos a vocalistas de la talla de Felipe Pirela, Héctor Cabrera, José Luis Rodríguez, Gimeno, Henry Salvat… y de grupos de música rock como Los Dart, Los 007, Los Impalas y Los Supersónicos, entre muchísimos otros.

Sus actuaciones en radio y en televisión-en el recordado Show de las Doce y Renny presenta- lo catapultan a la fama. Deja para Velvet, Discomoda y el Palacio de la Música sus más sonadas canciones. Gracias  a su novia del momento, María de las Casas (Miss Venezuela 1965), quien también le manejaba las relaciones públicas, viajó a Italia (Milano) y allí grabó para el sello Polydor los temas del que sería su último trabajo discográfico Aleluya donde parecen las melodías Ole, Postguerra, Cuando creas, El gran show, María, Ciao, ciao, ciao, Catherina, No quisiera, entre otras.

“Cantó de todo y en todos los géneros funcionó bien. Música criolla con arpa, cuatro y maracas. Por ejemplo, grabamos Mi propio yo y Orinoco, río abajo. El fue el que estrenó Chinita de Maracaibo, una gaita que yo compuse en el año 1959. Una bomba portorriqueña que se titula Como yo te quiero, que tuvo mucho éxito. Y baladas como El show se terminó y María. En todos los géneros en los que incursionó lo hizo muy bien. No fue un cantante de un solo estilo, lo que le ponías a cantar lo interpretaba”, expresó el autor del conocidísimo tema Ansiedad.

El fatídico año 1967

A mediados de julio de ese año –mes del terremoto de Caracas- Cherry Navarro impuso un temazo que recorrió buena parte de la geografía nacional. Se trataba de Aleluya, una canción compuesta por el cantautor español nacido en Filipinas, Luis Eduardo Aute, y cuya letra musitaba aires de tristeza, dolor y muerte: “Una lágrima en la mano, un suspiro muy cercano, una historia que termina, una piel que no respira, una nube desgarrada, una sangre derramada, ¡aleluya! 15 gritos que suplican, una tierra que palpita, la sonrisa de un recuerdo, la mentira de un te quiero…”

Tras esa letra conmovedora de la canción, el público jamás imaginó que su ídolo anunciaba su muerte y ese jueves 28 de septiembre fallecía en el hospital Vargas a consecuencia de la leucemia.

“En la celebración de un cumpleaños de Mirla Castellanos, en una discoteca, estábamos compartiendo. Cherry comentó que estaba sangrando por las encías. Poco después fue al médico y lo dejaron hospitalizado. Le diagnosticaron aplasia medular que reduce la producción de glóbulos rojos. A las pocas semanas, había empeorado. Estaba aislado en una habitación del hospital Vargas, ya que no se le podía visitar porque tenía las defensas bajas. Lo veíamos a través de un vidrio en la puerta. Seguíamos visitándolo pero ya no nos asomábamos al vidrio para no deprimirnos”, recordó el músico y compositor Chelique.

 

Su partida final fue inesperada. Cayó como un balde de agua fría. Similar momento vivió cinco años más tarde el público venezolano con la trágica desaparición de Felipe Pirela fallecido en otras circunstancias. Al día siguiente, en horas de la tarde, ante una multitud que lo acompañaba,  el nacido en Caripito fue sepultado  en el Cementerio General del Sur. De esta forma entraba Cherry en el Olimpo de los consagrados del canto en Venezuela.

 

Unas flores en mi tumba

Siempre nunca nunca

¡Aleluya!

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