Vivir para cambiar

30 de mayo, 2021

La gente comienza a pensar en ir a votar. Esa disposición requiere hechos que reafirmen las esperanzas. Es lo que se espera generar con nuevas decisiones desde el CNE.

El cambio de actitud muestra una interesante inversión de la relación convencional entre los partidos y los ciudadanos, porque va de la gente a los partidos. Esa presión que sigue creciendo, emana de la base militante hacia sus direcciones nacionales y no al revés.

Sorpresivamente aparece una rendija para otra negociación gobierno/oposición. Esta vez las coaliciones que hacen mayoría en la oposición coinciden en la necesidad de negociar con el poder, al margen de quien ayudó a quitarle el candado al diálogo. Esa oposición debe abandonar las exclusiones por decreto.

Otro rasgo alentador es que la oposición política que esta peleando su derecho a competir electoralmente para ganar el poder, se aproxima a la oposición social que está peleando por su derecho a vivir. Aun imperfectamente, se acentúa la prioridad de contener los destrozos que la crisis de gobernabilidad ocasiona a millones de familias que buscan desesperadamente sobrevivir una semana más.

El gobierno solo no puede solucionar los problemas, grandes o pequeños, de la crisis porque está desbordado. Tampoco una oposición que se deja influir por el maximalismo que cunde en las redes o la que pone por delante su ambición de hegemonía es útil para volver a recuperar prestigio y rescatar credibilidad en el 90% de los ciudadanos a los que se les arrancó su fe en la democracia y en el voto. Para ellos, vencer el hambre y vacunarse es tan importante como votar.

La gente inventa su sobrevivencia, en un innovador despliegue de soluciones micro. La macroeconomía puede mandar cuando la gente puede esperar al restablecimiento de sus equilibrios. Pero en un hundimiento en la crisis humanitaria y en la destrucción global del país hay que concentrarse en reanimar los sectores donde se puedan producir logros de estómago, progresos sustentables, socialmente útiles en el menor tiempo y con la mayor eficacia posible. Esa urgencia es la base para la irrupción de los nuevos empresarios como sujetos no partidistas de cambio.

El objetivo superior de todo venezolano es lograr un consenso entre élites políticas, militares, empresariales, laborales, culturales y del conocimiento para crear una nueva conciencia cívica, revertir la crisis y reconstruir condiciones de bienestar desde distintos ámbitos sociales, ciudadanos e institucionales.

No tendremos país habitable manteniendo el modelo actual o intentando repetir el de los tiempos felices que se fueron con el agotamiento del pacto de Punto fijo.

Ese consenso de élites debe asumir la negociación y el acuerdo entre visiones diferentes de justicia social, vigencia del mercado y democracia. Sin entendimiento con el chavismo en el poder no hay posibilidad de realizar esos objetivos con paz, estabilidad y unidad de los venezolanos.

Dada la actual relación de fuerzas el gobierno está en capacidad de imponer los límites de ese acuerdo y la oposición en el deber de luchar para ensancharlos con la ayuda de la comunidad internacional.El norte es la gente y el país.

No se avanzará con condiciones sub mínimas para la participación de la oposición, ni tampoco sustituyendo el cese a la usurpación por la exigencia de una elección presidencial ya.
No está permitido volver a trancar el juego y salirse de la confrontación electoral, porque votar es debilitar al régimen.

Hay una oposición muy precaria, pero la hay. Estamos muy divididos, pero podemos disentir en unos temas y aproximarnos o unirnos en otros.
Tenemos la posibilidad de elegir entre democracia y autoritarismo y de contribuir a recomponer nuestras fuerzas y unir a los venezolanos.

 

@GarciaSim

 

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

 

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