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Vienen mejores tiempos

26 de diciembre, 2021

Por: Rodolfo Godoy Peña

Se acerca el fin de este año. Falta menos de una semana para darle una vuelta más al calendario. Esta fecha y su consiguiente celebración no dejan de ser artificiosas y arbitrarias pues en cualquier caso todos los días que amanecemos es el primer día del resto de nuestras vidas.

Para la cultura china y su esfera de influencia, por ejemplo, su ciclo anual se celebra más próximo a la llegada de la primavera. Me parece que ellos lo tienen más claro que la cultura occidental, pues la primavera significa renacimiento, renovación, florecimiento, crecimiento, tal cual cómo se desarrolla la elipse vital humana haciendo analogía de las estaciones anuales.

En todo caso el Año Nuevo es la celebración no confesional más importante del mundo ya que la mayoría de los países celebran la llegada del año el 1er día del mes de enero y es una fecha que nos brinda la oportunidad de desearle a los demás que el año que se inicia sea pleno. En todo caso, cada vez que que nos disponemos a manifestar sentimientos de aliento a otros, no importa si sucede el 31 de diciembre o el 17 de junio, porque lo importante cuando lo hacemos es trasmitirle a otro nuestra sincera aspiración de que su futuro sea feliz.

Toda fecha significativa en nuestra vida nos permite replantearnos metas, anhelos y sueños que están en el plano de la idea y que esperamos se materialicen y que se hagan realidad; pero también debe servir hacer una revisión sosegada de los eventos vividos para adecuar, revisar, reparar, rectificar.

Estoy convencido que este año 2021 ha sido de mejoría. De manera global la pandemia encaró a toda la humanidad con su propia fragilidad. En este mundo “posmoderno” hemos transitado hacia el concepto de la verdad como una cuestión de perspectiva o contexto, más que como algo universal y en ese escenario, el COVID confrontó al mundo entero con una verdad “universal”: la muerte es lo único que podemos predecir al nacer sin temor a equivocarnos.

Ese miedo colectivo y natural ante el misterio de la muerte nos enseñó un mundo más solidario, de personas que acudían al encuentro de la soledad del otro, con algún gesto de acompañamiento en la distancia. De igual forma percibimos de manera muy cruda y directa lo que están haciendo los medios digitales, que es separar a los que están cerca y acercar a los que están lejos; y es este alejamiento forzoso producto de la pandemia lo que nos impulsa a valorar y apreciar la cercanía, el acompañamiento y el abrazo que es lo que realmente importa; es decir, ese “contacto humano” que es lo que realmente nos hace “gente”.

Otro logro de este año fue el formidable esfuerzo de médicos, científicos y laboratorios trabajando denodadamente para brindarle a la humanidad un escudo que paliara y -en el mejor de los casos- detuviera el mortal virus. En pocas ocasiones de la humanidad se han puesto al servicio del hombre tantos esfuerzos colectivos por el bien común en tan poco tiempo; y ese esfuerzo ejemplifica que necesitamos unos de otros, y que nos hacemos más merecedores del título “humano” en la medida que nuestra acción conlleva un bien para el otro.

Para Venezuela este año que termina ha sido indudablemente mejor. Nuestro país ha sufrido desde el 2019 la incitación más feroz a la fractura y nuestra gente se ha visto no solo empobrecida materialmente sino, además, inmersa en un conflicto geopolítico que la excede y en el cual no tienen responsabilidad ni eran factores determinantes para la solución.  Los venezolanos estaban sometidos a la depauperación y al ataque sistemático para imponerles una solución ajena a su propia acción, y esta crispación en algún caso extremo buscaba una confrontación física entre hermanos por diferencias políticas. Tal vez el camino para una guerra civil.

Al cierre de este año se ha destensado los extremos y nuestro país salió a votar para dirimir en el combate civil las propuestas políticas lo cual contribuye a la paz del país. Pasamos de discutir invasiones y guerras con otros países, a la ilegalidad de la inhabilitación en el estado Barinas, no zanjado por una fuerza multinacional de “paz” sino por los propios barineses quienes tendrán la oportunidad de arbitrar su destino en las urnas electorales y no simplemente en las “urnas”.  Esto es un magnifico inicio de la civilización de debate que nos deja el 2021.

Por otra parte ha habido un crecimiento económico que se va notando en las calles, especialmente notable en estas fechas, y los economistas pronostican un crecimiento aún mayor para el 2022.  Todavía hay muchos de nuestros compatriotas que viven en la pobreza, que luchan por sobrevivir, pero creo con ciego optimismo que así como se va notando una mejoría en alguna parte de la población, esos son los pininos para una mejoría general de la situación tan crítica a la cual se ha visto sometido nuestro pueblo por tanto tiempo.  A despecho de la conseja popular no creo que “todo tiempo pasado haya sido mejor” sino que estoy persuadido que el futuro es prometedor porque trae esperanza y por eso les deseo a todos mis compatriotas que este año que en breve comienza sea de logros y de crecimiento personal.

Si seguimos al gigante Andrés Eloy Blanco y su recomendación de  lo que hay que hacer es dar más / sin decir lo que se ha dado, lo que hay que dar es un modo / de no tener demasiado / y un modo de que otros tengan, su modo de tener algo, desde ya les puedo augurar que nuestro año nuevo será feliz.

¡Feliz 2022!

@rodolfogodoyp