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Venezuela y la alternativa nuclear

23 de septiembre, 2021

Por: Julio César Pineda

Recientemente el mundo conmemoró la tragedia nuclear contra el Japón en sus dos ciudades de primera importancia Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y tres días después el 9 de agosto en Nagasaki.

La energía nuclear tan necesaria en su uso pacífico representa un drama con el uso militar porque la misma energía del átomo en la fisión o fusión nuclear que sustituye al petróleo, gas y carbón, tan contaminantes en el mundo de hoy pudiera, si los arsenales atómicos se disparan, acabar con el planeta en un nuevo apocalipsis.

La Alemana Nazi quiso utilizar la energía nuclear para decidir el destino de la Segunda Guerra Mundial pero no lo logró. Estados Unidos, fue el primer país con el famoso Proyecto Manhattan en el dominio del átomo militar.

Esta nueva energía desde sus inicios estuvo orientada a la guerra porque su descubrimiento y desarrollo se dio en el marco de la confrontación y el conflicto.

Todos vivimos bajo una espada de Damocles nuclear por las bombas atómicas y por los misiles que las transportan. El 92% de las ojivas nucleares están en poder de Estados Unidos y Rusia, pero también integran ese club nuclear Francia, China, Reino Unido y al margen de los grandes estados desarrollados Israel, Pakistán y la India. Corea del Norte ha declarado que tiene misiles nucleares y en el caso de Irán sino se llega a acuerdos internacionales podría tener esta arma de destrucción masiva.

El Presidente Kennedy ante la ONU en una oportunidad señaló “estas armas de guerra deben ser eliminadas antes de que ellas nos eliminen a nosotros”.

Hoy con las nuevas tecnologías de la inteligencia artificial, los robots y la big data hacen más efectivas las armas nucleares. La proliferación nuclear no es solo horizontal por el interés de muchos estados en tenerla sino también vertical por la alta capacidad destructiva.

La comunidad internacional y los estados desnuclearizados han firmado tratados para el uso pacífico de la energía nuclear; por eso en 1957 se creó la Organización Internacional de Energía Atómica OIEA, la cual ha establecido normas de seguridad y protección ambiental e impulsa su uso para la medicina, la industria, la agricultura. Venezuela junto a Brasil y Argentina en tiempos de Pérez Jiménez inició el desarrollo nuclear con un pequeño reactor en el IVIC y contando con inmensos recursos de uranio. Hoy Brasil y Argentina tienen reactores de fisión nuclear con generación de más de 1000 MW.

Con la crisis de los Misiles Nucleares en Cuba en octubre de 1962 estuvimos cerca de una guerra atómica mundial, pero tanto Kruschov como Kennedy privilegiaron el acuerdo y la negociación y dejaron de lado el planteamiento que sus altos mandos militares hubieran deseado de la confrontación, con un resultado apocalíptico. En esa oportunidad la diplomacia latinoamericana aprobó el Tratado de Tlatelolco firmado en la Ciudad de México el 8 de abril de 1969. Como diplomático venezolano me tocó representar en varias oportunidades a mi país en la OPANAL, que es la Organización para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe. Esto le valió al Embajador Alfonso García Robles con quien trabajé en Ciudad de México el Premio Nobel de la Paz en 1982.

Se debe condenar la visión guerrerista del átomo y fortalecer la tesis del uso pacífico de esta energía que en algunos países como Francia, sustituye al petróleo en la producción de electricidad. En Venezuela se han desarrollado técnicas nucleares para diagnósticos médicos en el empleo de compuestos marcados, en oncología, cardiología, nefrología y en la aplicación de la radioterapia en tumores malignos; igualmente técnicas en la industria y en la agricultura con irradiación de alimentos, esterilización de insectos para control de plagas, trazadores radiactivos para el análisis de aguas subterráneas y diversos usos en la industria petrolera.

En la reciente reunión de la Celac en México se señaló la necesidad de la cooperación en las áreas de ciencia tecnología. Podríamos aprovechar la experiencia de Brasil y Argentina con reactores de potencia y teniendo como combustible las 50.000 toneladas de uranio estimadas en el país.

Es tiempo de pensar en la opción nuclear negándose a la proliferación atómica.

Jcpineda01@gmail.com

 

El Universal

 

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