Unidad y elecciones libres

24 de febrero, 2021

Me ocuparé en esta ocasión de un tema que se encuentra en el corazón mismo de nuestra maltratada Venezuela. Estoy pensando en las próximas elecciones y en la forma más bien vergonzosa como son tratadas en nuestro país tanto por el Poder del Estado, que  teme a una derrota, acaso humillante, como por una fuerte no obstante desunida oposición, la que   también esta asaltada por el temor a  ser víctima de un fraude omnipotente que nunca sabría descifrar y, por lo tanto, al que extrañamente siente que nunca sabrá derrotar.

Cierto es que en los usos de la corriente chavista-madurista, la Constitución y la voluntad soberana de los electores, no son mandatos de obligatorio cumplimiento, que sí lo son para la oposición. Tales son las dimensiones, el abismo que separa y enfrenta a las dos aceras del doloroso conflicto humano, político y económico que marca el destino de nuestro país. El desprecio hacia los procesos electorales viene del predominio de convicciones no democráticas.

Aun antes de que la pandemia cayera  sobre Venezuela con su precario sistema de salud y depauperada red hospitalaria, la profunda crisis social había inducido a hablar de “emergencia humanitaria compleja”, drama en trance de devenir en  tragedia social. Son crecientes las opiniones que, en busca de soluciones urgentes  válidas, se inclinan al cambio democrático, libre de asechanzas fraudulentas y sin pagar el costo que acarrean las salidas de fuerza. Esa fórmula atrae expresiones internacionales y nativas que exigen elecciones libres, transparentes y mundialmente observadas. No son demandas extraordinarias, sino nacionales y planetarias. Una fuerza tan relevante, previsiones  constitucionales postuladas por amplia mayoría, bien podrían  ayudar a impulsar vías electorales.

No hablo por hablar. Los  creyentes en elecciones suelen  dar muestras de confianza en ellas. Por desgracia no es lo que emana del Palacio de Miraflores.

Nicolás Maduro, por ejemplo, aseguró que Venezuela tendrá un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) entre  marzo y abril de este año y añadió que el poder electoral será el encargado de decidir si en 2021 habrá una megaelección de gobernadores y alcaldes. Agregó que se nombraría un CNE equilibrado que convocará este año  los comicios regionales. Pero el artículo 298 de la CRBV no se lo permite: La ley que regule los procesos electorales no podrá modificarse en forma alguna en el lapso comprendido entre el día de la elección y los seis meses inmediatamente anteriores a la misma.”

Si la AN nombra el nuevo CNE, como dice Maduro, en marzo o abril y  reconoce que el anterior CNE es accidental, nombrado por el TSJ, debe proceder a seleccionar y nombrar los 5 rectores, con sus respectivos suplentes (2 por cargo) y entre ellos  nombrar 2 Rectores Suplentes Incorporados.

Si se convocan elecciones simultáneas de gobernadores, consejos legislativos estadales, alcaldes y concejos municipales, hay que modificar la LOPRE y de acuerdo con el mandato constitucional y la LOPE, corresponde al ente rector (CNE) elaborar y presentar a la AN la propuesta de reforma de la LOPRE.

¿Tiene el actual CNE, una propuesta de reforma para encarar un proceso como el citado por Maduro? Sospecho que no.

Ahora bien. Si las elecciones fuesen en diciembre de 2021 el CNE debe convocarlas en junio de este año. En esa misma fecha debe presentar y publicar el Cronograma Electoral, respetando los lapsos que establece la LOPRE.

En este caso, el CNE debe, de acuerdo con la base poblacional (1.1%) proyectada por el INE para 2021, que previamente debe ser presentada por el CNE a la AN para su aprobación, definir las circunscripciones electorales en cada estado y municipio, más la cantidad de diputados y concejales indígenas que correspondan en los estados y municipios con población indígena comprometida.

De acuerdo con la CRBV y la LOPE, el CNE debe presentar, con base en su autonomía funcional y administrativa, el proyecto de presupuesto          –ordinario y electoral-, ante la AN para que ésta lo apruebe. Eso sí,  sin modificaciones.

¿Tomó el actual CNE las previsiones presupuestarias para las elecciones que toca realizar en 2021?

Obviamente ni el matemático más calificado podría meter en semejante zapato chino tantas decisiones como las que Maduro anuncia.

Ante ese confuso panorama, hay una sola respuesta: unidad más amplia y abierta a todos los que coincidamos en un programa democrático, no importa la procedencia de cada quien, ha de ser material y moral. Material en tanto que corpus o suma de factores. Moral, en tanto que espíritu o psique. El espíritu del 23 de enero fue determinante en aquella enorme victoria ciudadana.

¿Y ahora?

(*) Abogado, político y escritor.

 

@AmericoMartin

 

PDCTV.INFO

 

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