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Un «parteaguas» para Venezuela

19 de septiembre, 2021

Por: Rodolfo Godoy Peña

Se mueven las fuerzas políticas en Venezuela y en el mundo. El país entra en la fase electoral que lo mete en una dinámica distinta al día a día. Nuestro pueblo está desencantado de los procesos políticos, le son ajenos. Mas allá de la discusión que se da en foros académicos, televisivos o de redes sociales, los venezolanos en general sienten una apatía sobre la democracia consecuencia natural de un combate agotador, fratricida y laberintico que se ha impuesto como forma de “diálogo” político en nuestro país desde hace varias décadas.

Esta sensación de hastío por la política, e inclusive de asco, al contrario de lo que vende la oposición, es anterior a la llegada del Hugo Chávez al poder. De hecho, el caldo de cultivo que permite al presidente Chávez imponerse en las elecciones de 1998 es esa sensación del venezolano de estar sobreviviendo en un país en permanente crisis por la incapacidad y la corrupción de su clase política para resolver los problemas que lo aquejaban, acicateado por unos medios de comunicación que habían decidido ser el poder fáctico del país defenestrando las instituciones y con ello las bases de la convivencia social. No es materia de esta opinión pero, habría que estudiar el impacto que tuvo, por ejemplo, en todo el conjunto venezolano la telenovela “Por estas calles” lacerando irremediablemente al sistema político, policial e institucional; aunque para muchos la novela no fue más que un reflejo y una denuncia social de lo que pasaba. En todo caso, como exponente de la situación o como plan mediático para acabar con las instituciones del país, sirve de espejo para reflejar cómo funcionaba la democracia “pre – revolucionaria” en Venezuela, tan sobrestimada y añorada hoy.

Cuando sucedió el golpe de Estado de 1992 contra el gobierno del presidente Pérez, se suscitó un debate en el país sobre la actitud de los venezolanos frente a esa intentona, y se discutieron las posibles causas de la pasividad de la población en general en la defensa activa de la democracia: ¿Por qué no habían salido los venezolanos en la defensa de su sistema político?

El presidente Caldera, que para ese momento era senador en el extinto Congreso de la República, hizo un elocuente y clarificador análisis sobre este desgano general cuando afirmó ese mismo día 4 de febrero durante el debate parlamentario que se celebró en el Hemiciclo: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer

El país estaba sumido en una permanente crisis económica que principió con el obsceno despilfarro durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, quien había administrado – con una escasez de criterio proverbial – la más cuantiosa cantidad de recursos públicos en la historia democrática del país. Fue tal el desaguisado económico, sumado a los más altos índices de corrupción registrados hasta la fecha, que desde la dictadura gomecista no se acusaba a un primer mandatario de corrupto y licencioso como fue señalado el expresidente Pérez.

Desde la generación X en adelante los venezolanos vivimos en crisis. El viernes negro, la Venezuela hipotecada, los “Jeeps”, la carretera Chuspa, el Banco de los Trabajadores de Venezuela, la partida secreta, los golpes de Estado, RECADI, el enjuiciamiento del presidente Pérez, etc., son solamente algunos eventos que nos evocan aquella queja generalizada que advertía que nuestra democracia estaba en crisis, pero no podemos olvidar que los conceptos no entran en crisis y que en Venezuela lo que ha hecho crisis no es la democracia, sino que los que hicieron crisis fueron “los demócratas”. No podemos llamarnos a engaño: los políticos venezolanos desde hace mucho tiempo están sumidos en una profunda y ostensible crisis de valores, y eso ha traído como consecuencia que la democracia se haya vuelto una fachada argumental carente de contenido. Se atiende la forma y se desprecia la sustancia.

La democracia era alabada como método plebiscitario para alcanzar el poder aun cuando alcanzar el poder no significara ninguna mejoría para los votantes. Con tener elecciones cada cierto tiempo era suficiente para entrar en el grupo de países demócratas, aun cuando esas democracias estuviesen minadas de sujetos corruptos y tramposos que ejercían el poder, porque la democracia no se corrompe sino que los que se corrompen son los sujetos llamados a ejercer las funciones públicas.

La democracia como sistema de gobierno es el mejor y más perfectible, pero como con toda idea es imprescindible la materialización en la realidad y para esto, debemos tener ciudadanos formados para ejercer sus derechos y deberes en el marco de unas normas que permitan la convivencia pacífica. Esos ciudadanos serán, no solos los electores, sino también los que deban ser elegidos para la función pública.

Es tan dañina para una democracia la reelección de una persona de modo indefinido, como el convocar a los electores a desconocer unas elecciones. Hace tanto daño al concepto político de democracia que sujetos que aún tienen que rendir cuentas por el manejo sospechoso de dineros públicos quieran elegirse en cargos públicos, como que a un cargo electo por votación popular se le imponga un “protector” en la misma jurisdicción por parte del gobierno central.

Para poder recuperar la democracia venezolana debemos conjurar no solamente la crisis del concepto sino también, y por encima de todo, la crisis de valores en aquellos que pretenden ejercer el poder, y  estando como estoy seguro de las reservas morales del país y de su inteligencia, hago votos para que las elecciones venideras de noviembre sean un “parteaguas” para empezar a construir una clase política que haga honor a la democracia y que ayude a buscar soluciones a los problemas graves, estructurales y dolorosos que aquejan a nuestro país.

 

@rodolfogodoyp    

 

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