Transparencia Venezuela: Censura financiera acaba con medios impresos venezolanos

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  • 11 noviembre, 2018
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El Reporte Global

De los 47 medios impresos que había en la Gran Caracas, Lara, Monagas, Táchira, Barinas, Bolívar, Carabobo y Zulia solo 24 están circulando actualmente en papel, 12 continúan en línea, y los otros 11 cerraron definitivamente operaciones

Muchos sonrieron –tal vez comprensiblemente- cuando el viernes 5 de octubre de 2018 el Partido Comunista de Venezuela, tolda afín al oficialismo, anunció que su periódico Tribuna Popular dejaba de circular.  Esto ocurría un día antes de celebrar su edición número 3.000, como consecuencia de las precarias condiciones económicas del país de Maduro, y por la falta de papel. Y de planchas. Y de tinta. Según declaró la dirigencia del partido en un comunicado público que se hizo viral.

En un texto titulado “Nicolás, ¿te acuerdas de Tribuna Popular?”, el periodista Vladimir Villegas recuerda que en el liceo José Ávalos, cuando él mismo era militante de la Juventud Comunista, se llegó a un acuerdo electoral con los partidos de izquierda Bandera Roja, PRV y la Liga Socialista para presentar una plancha unitaria, cuyo presidente fue Nicolás Maduro, aunque Juan Barreto parecía tener más popularidad. Y fue en los talleres de Tribuna Popular en San Martín donde se imprimieron los carteles para la propaganda electoral del mismo Maduro, bajo cuya administración hoy se ejecuta la muerte no solo de Tribuna Popular sino de la prensa escrita en general.

Califica Villegas como una “ironía” o “travesura de la vida” el hecho de que el septuagenario periódico del PCV haya dejado de circular por falta de papel en un país gobernado por quien fuera en ese entonces el beneficiario de Tribuna Popular. Nos guste o no, es un testimonio histórico de un país plural y democrático. Todo esto ocurre en el contexto de un Estado que se atribuye la prerrogativa de distribuir el papel periódico a través de una empresa llamada Complejo Editorial Alfredo Maneiro (CEAM), presidida por Hugo Cabezas, un hombre muy cercano a Chávez, exgobernador del estado Trujillo, exdirector del Saime y ministro de la Secretaría de la Presidencia, cartera que dejó para hacerse cargo de la corporación. Una empresa que recibe todas las divisas preferenciales para la importación de papel, en un país donde éste no se produce.

Cuarenta y cuatro medios impresos dejaron de circular en Venezuela de forma definitiva desde 2013, y otros 14 cesaron sus labores de forma temporal. De esa cifra, 30 han salido de circulación este mismo año 2018 y 10 de ellos anunciaron cierre total de operaciones. Es decir, ni siquiera abrigaron la posibilidad de emigrar a internet. Estas son las cifras que proporciona el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela en su balance semanal del 8 de octubre, cuando cerraron Tribuna Popular y El Luchador. Números que dejan claro que el fin de la prensa, luego de diversos patrones de asedio, se corresponde con el desplome que sufre todo el sistema empresarial venezolano, como consecuencia de las mismas medidas de persecución y control político, ideológico y, por supuesto, económico.

Meses antes del llamado Viernes rojo, cuando en agosto de este año el gobierno de Nicolás Maduro lanzó unas medidas económicas que implicaron mayores controles gubernamentales sobre la economía,  Transparencia Venezuela había comenzado a desarrollar este proyecto, que consistió en estudiar cómo tras el cierre de medios impresos asomaba una estructura que buscaba asfixiar económicamente a los periódicos bajo un principio doctrinario de control, que no ha sido ajeno a todo el aparato productivo nacional, aunque hasta ahora los medios se negaban a admitir la bancarrota. Pero las bombonas de oxígeno dejaron de funcionar para los medios, así como ocurre en los hospitales.

Se seleccionaron ocho regiones que reúnen una serie de condiciones o elementos que permiten analizar la ofensiva del gobierno contra los medios impresos. Estos estados fueron Barinas, Bolívar, Carabobo, Gran Caracas, Lara, Monagas, Táchira y Zulia. Creamos un sistema de búsqueda que nos permitiera contar esta historia desde las regiones, basados en datos sobre las empresas, el mercado de medios, el entorno macroeconómico, el entorno urbano, el entorno legal, el contexto político, los recursos materiales y humanos, los productos en sí mismos y la viabilidad del negocio en este contexto.

Hay unos patrones que se repiten en la mayoría de los casos estudiados: un sistema legal discrecional, que permite abrir procesos administrativos y penales con consecuencias desproporcionadas para las empresas de medios, gerentes, propietarios y periodistas, junto a  un control de divisas institucionalizado que desde el comienzo dejó por fuera de las prioridades a los insumos de imprenta, no por un “olvido” inexplicable, sino como una política deliberada, intencional, que concretó esa exclusión a través de la creación del Complejo Editorial Alfredo Maneiro, que centralizó el monopolio de las divisas preferenciales para la importación de las materias primas.

El CEAM fue el arma para castigar a medios que tuvieran líneas editoriales contrarias al gobierno, recompensar amigos, y por otra parte cobrar peajes y desviar bienes hacia el mercado negro, como se comprobó en el trabajo de investigación “El papel prensa llega a la red de los bachaqueros”, publicado en Armando.Info e IPYS Venezuela. Después de esa publicación, el tráfico de papel comenzó a ser más evidente, aunque de eso solo se habla en voz muy baja.

Cada crisis de papel y cada escollo económico venían acompañados de una baja en el tiraje y la paginación, el cierre paulatino de subproductos como revistas o suplementos, al punto de que hubo medios que reportaron a Transparencia Venezuela, a efectos de esta investigación, que teniendo pautas publicitarias no las pudieron publicar por falta de papel. En un país en el que la caída brutal de la economía afectó los presupuestos para la publicidad y relaciones públicas, eso es un contrasentido. Y una catástrofe.

La tentativa de hace 25 años de un convenio entre Venezuela y Canadá para la explotación y siembra de 200 mil hectáreas de pinos Caribe en la zona de Monagas, con participación del Bloque de Prensa Venezolano, fracasó en el camino. Luego ha habido varios intentos para la producción de papel en Venezuela. El gobierno de Chávez, en 2005 se decretó la creación de Pulpaca para transformar madera, producir y comercializar papel prensa. Hoy es un un cascarón perdido en un arenal de Anzoátegui. Había dólares. Con el barril a 100 era más rentable para los que estaban en el gobierno recibir divisas preferenciales para centralizar la importación de papel. Nunca fue tan lucrativo el papel prensa para los intermediarios, incluso si son estatales.

Con una economía en quiebra el presidente Maduro desempolva el viejo Invepal, una empresa expropiada por Chávez de las que se han recibido numerosas denuncias por corrupción, con la promesa de producir el papel que el CEAM ya no puede comprar.

La revista Producto, que también tuvo que renunciar al papel y ahora sólo circula en versión digital, reseñó el 17 de octubre de 2018 que, según la Cámara de Periódicos Regionales, 86 medios estaban en peligro de cerrar por falta de papel. Joselin Ramírez, presidenta de la Cámara y editora del Diario La Calle de Valencia, reconoció que, hasta el mes de septiembre, 22 medios afiliados a la Cámara habían cerrado. Sin embargo, no respondió a la pregunta de cómo impacta  al negocio el monopolio del papel por parte de la estatal Complejo Editorial Alfredo Maneiro.

Con mucha cautela, Ramírez admite que la crisis económica ha afectado considerablemente a los medios impresos, “como a todas las industrias que hacen vida en Venezuela, enfrentando cada día nuevas variables que complican la operatividad diaria”. Entiende también que el control de divisas influye considerablemente en el negocio, “ya que la materia prima y los repuestos son importados”. Admite que la crisis eléctrica genera retrasos, y en algunos casos pérdidas de materiales. Que la inseguridad afecta a los periodistas del mismo modo que al resto de la ciudadanía,  la falta de transporte genera ausentismo laboral y problemas de distribución, y niega que algún medio haya cambiado su línea editorial, de acuerdo a la información que maneja.

Reconoció Ramírez que “la publicidad ha caído” y que “el anunciante público redujo su pauta considerablemente, al punto de que es inexistente”.

El exvicepresidente del Bloque de Prensa y director y presidente de El Nacional,Miguel Henrique Otero dice que, por ejemplo, no sabe “cuál es la demanda de El Nacional porque no hay suficiente papel para producirlo”, y que de los periódicos que a su modo de ver son independientes, salvo El Nacional (y no sabe por cuánto tiempo se podrá mantener en papel) todos han migrado a plataformas digitales. “Podríamos decir también que un tercio de los periódicos ha desaparecido en Venezuela”, sentencia.

Ni siquiera hay forma de saber hacia dónde van los gustos o tendencias de los lectores, porque según Otero “nadie tiene recursos para hacer un estudio de mercado. Los medios en Venezuela viven en modo sobrevivencia”. Sostiene que la hiperinflación lo pulveriza todo.

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