Reinventar contra el desencanto

20 de octubre, 2021

Por: Teódulo López Meléndez 

Los conflictos forman parte connatural de lo humano, pero el hombre siempre tuvo la intención de comprenderlos y de ejercer sobre ellos toda la fuerza que permitiera transformarlos. Hoy mira la realidad con cansancio y el pesimismo se establece como un pesado herraje que impide el poder transformador de la cultura.

Quizás piense que el conocimiento que ya tiene de la historia es suficiente para autocondenarse. Es una particular ataraxia que sustituye con imperturbabilidad la condición alerta.

La insatisfacción con lo existente parece haber perdido su capacidad de motorizar el eterno viaje hacia el conocimiento. El hombre ha perdido la fuerza para imponer la sumisión de la realidad al orden simbólico. El cansancio ha alcanzado hasta el comprenderse a sí mismo. Parecemos presididos por una renuncia a la necesidad básica de sentido. Nunca como ahora el hombre ha dejado de saber lo que es.

El hombre no es un simple marchante hacia su propia finitud. Sin embargo, ahora parece sembrado melancólico en un presente abrumador negativo que se le asemeja a un fin de camino, olvidando su condición de ser que se trasciende a sí mismo.

Quizás sufre una pérdida del sentido de autoposesión que lo ha llevado a ver reducida su condición impredecible. A pesar de estar sumido en un individualismo hedonista es como un prisionero de lo vivido en el fracaso. La modernidad le dijo que el saber era la búsqueda de la utilidad, esto es, ya saber no era sabiduría. Que entender el mundo ya no era comprenderlo, sino saber cómo funcionaba. De golpee el hombre se encontró sin fundamento de unidad.

Cuando la vía de acceso a la realidad se hizo única, paralelamente la transformación de la realidad se hizo mecánica y eso es un desorden, lo que podríamos hacer equivaler a una ausencia de novedad mediante el atosigamiento de las novedades tecnológicas. Al convertir lo demás en fantasías improbables el hombre fue desdibujado, en un ser predecible, en una realidad moldeable.

La cultura se ha teñido de banalidad. Es por ello que insisto de manera frecuente en la palabra “reinvención” como sustitutivo de desencanto. La falta de sentido y la reclusión hacen este pensamiento débil la enfermedad fundamental de este tiempo de paréntesis.

@tlopezmelendez

 

 

El Universal

 

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