Profesores cubanos promueven “la ocupación ideológica” de Venezuela

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  • 6 octubre, 2020
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La idea es modelar conciencias, crear una tropa de choque ideológico y ampliar la presencia del discurso chavista en las calles, foros digitales y otros escenarios

 14ymedio.com

Los estrechos vínculos entre los Gobiernos de Cuba y Venezuela tienen una parte visible en las misiones médicas, culturales y deportivas, pero también incluyen colaboraciones -menos publicitadas- en temas de inteligencia y propaganda. El Frente Francisco de Miranda forma parte de “la ocupación ideológica” promovida por la Isla en ese país petrolero.

El proyecto comenzó con una conversación en La Habana entre Hugo Chávez y Fidel Castro en junio de 2003. Apenas cuatro años antes el teniente coronel había llegado al poder y poco después se firmó el Convenio de Cooperación Integral Cuba-Venezuela, que permitió al régimen cubano acceder a una abultada partida petrolera, inversiones y subsidios a cambio de proveer profesionales y asesoría.

Desde su inicio, el Frente Francisco de Miranda tuvo el declarado propósito de formar “actores sociales sólidos y efervescentes como se requieren en los procesos profundos de cambios, reformas y transformaciones”. La idea era modelar conciencias, crear una tropa de choque ideológico y ampliar la presencia del discurso chavista en las calles, foros digitales y otros escenarios.

Junto a la promoción del chavismo, la parte cubana también buscaba ampliar su presencia en Venezuela a través del adoctrinamiento de fieles seguidores, que ayudaran a promocionar “las ventajas” del modelo de la Isla. De manera que en la formación de este piquete revolucionario se involucraron activamente ideólogos, profesores, periodistas y académicos.

Para lograr este objetivo se habilitaron tres antiguas escuelas en el campo del municipio Jagüey Grande, en la provincia de Matanzas. Allí se albergaban a los “luchadores sociales bolivarianos” y el puesto de mando radicó en el centro docente José Martín Sánchez. Los inmuebles, que se habían deteriorado con el paso de los años, fueron restaurados para su nuevo propósito y en las habitaciones se instalaron aparatos de climatización y teléfonos.

Un vecino del poblado de Torrentes que trabajó como ayudante de cocina en este local cuenta a 14ymedio la transformación que vieron en las escuelas. “Se notaba que era un proyecto que tenía muchos recursos, porque lo pintaron todo y lo dejaron muy bonito. Además, la comida que recibían era de primera: carnes, helados, pescado y muchas frutas”, dijo.

Cada domingo era obligatorio para los alumnos escuchar el programa televisivo Aló Presidente y para mantenerlos horas frente a la pantalla les suministraban una merienda abundante. “Por aquí nunca se había visto nada así”, recuerda el campesino devenido en “pinche de cocina” para el nuevo ejército de promotores del chavismo.

A los tres años de su fundación, el Frente contaba ya con 25.000 integrantes. Los profesores cubanos de aquella escuela eran en su mayoría jóvenes universitarios egresados de las especialidades de filología, comunicación social, psicología, historia y derecho, que debían entrenar a los del Frente en sus futuras tareas ideológicas. Se alistaban en el proyecto fundamentalmente por las “buenas condiciones laborales”, según varios testimonios recogidos por este diario.

Pero la tarea de formación no resultó fácil. Los maestros tuvieron como alumnos desde personas analfabetas hasta exreclusos, que eran seleccionados por la parte venezolana y enviados a la Isla con todos los gastos pagados. También desfilaron por sus aulas figuras como Erika del Valle Farías Peña, ministra para el Despacho de la Presidencia en la época de Chávez y actual alcaldesa del municipio de Libertador, en Caracas.

La mayoría de los instruidos en esas escuelas se caracterizan por su lealtad al chavismo y una proyección pública basada en la repetición de consignas oficiales y el estrecho vínculo que han mantenido con La Habana. En su formación se hizo hincapié en que ellos eran los ojos y los oídos de Chávez en las calles venezolanas y se le inculcó la fidelidad al Gobierno cubano.

Los que se mantienen en activo también funcionan como tropa de enfrentamiento a las críticas al régimen venezolano que se publican en las redes sociales, la prensa internacional y los foros de debate. Su formación incluyó estrictas indicaciones de cómo responder o contrarrestar los criterios negativos sobre la gestión del chavismo y sus máximos líderes.

Yasmany, nombre ficticio para proteger a un joven graduado de Derecho, contó a 14ymedio algunos detalles de las escuelas donde se instruía a los miembros del Frente y en las que ejercía como profesor: “Me di cuenta de que muchos de los que venían ni siquiera entendían las materias, pero había que llenar una cantidad de estudiantes. Llegaban para hacer un número que justificara el dinero que se estaba invirtiendo en el proyecto”, afirmó.

Cuando Yasmani pidió instrucciones a sus jefes sobre la situación que se le daba en las aulas con alumnos que apenas sabían leer y escribir, a los que había que enseñarles a redactar breves artículos periodísticos, textos para subir a blogs, comunicados y otras formas de propaganda política, recibió como respuesta de su superior: “Déjelos estar ahí aunque no entiendan; en las revoluciones todo el que quiera apoyar es bienvenido”.

Para el jurista, la a veces dura estancia en el aula se compensaba con algunas ventajas del empleo. A un salario mucho más elevado que el que recibiría en una escuela común y una alimentación “digna de un hotel”, se sumaban los viajes en ómnibus climatizados que cada fin de semana se les brindaba a los estudiantes. “Gracias a esas excursiones pude conocer la playa de Varadero y el complejo turístico de Playa Larga”, reconoce el joven.

Después de varios años de enseñanza en la Isla, ambos Gobiernos decidieron que la formación de esta legión ideológica debería realizarse en Venezuela, y en los primeros meses de 2011 un grupo de profesores cubanos llegó a Caracas.

Fueron hospedados en el hotel Tampa de la capital y en el hotel King, muy cerca de Sabana Grande. Los maestros llamaban a la misión como una “tarea obliguntaria”, una mezcla de obligatoria y voluntaria.

A mediados de ese mismo año recorrieron casi todos los estados venezolanos. Se ocuparon en armar grupos que montarían radios comunitarias y televisoras locales, y entrenarían a activistas y agitadores sociales. Entre las tareas estratégicas del Frente estaba contrarrestar las campañas de la oposición y apoyar la candidatura presidencial de Hugo Chávez, quien había anunciado sus intenciones de reelegirse el 4 de marzo de ese año 2011.

La labor de los profesores cubanos no solo incluía la enseñanza de estas técnicas, sino que con frecuencia suplantaban la identidad de sus estudiantes para difundir textos de apoyo al chavismo y a la Revolución cubana. “Si a un alumno le costaba escribir, nos tocaba a nosotros redactar por él, pero teníamos que cumplir con una cierta cantidad de publicaciones al mes desde el Frente Francisco de Miranda”, recuerda un graduado de Comunicación Social que viajó desde Santiago de Cuba.

Otros profesores, según sus especialidades, hicieron trabajo profiláctico en las comunidades, o trabajaron en la Misión Vivienda Venezuela controlando datos y muchas veces ayudando a que las cifras de los informes se correspondieran más con las proyecciones triunfalistas que con lo que ocurría en la realidad. Incluso, algunos colaboradores fueron asignados a un plan de Chávez para impedir el desvío de petróleo, oro y otros recursos por la frontera.

Junto a la delegación de jóvenes maestros, viajaron varios funcionarios y personal de la Seguridad del Estado. “Estamos en una misión especial”, repetían los jefes a los profesores. En el marco del proyecto el entonces decano de la facultad de Comunicación, Raúl Garcés, y su esposa, Elena Nápoles, fueron colocados como asesores directos del gabinete de comunicación de Hugo Chávez.

Buena parte de los pronunciamientos y comunicaciones públicas del oficialismo venezolano de esos años pasaban por la mirada y la corrección del personal cubano, y muchas veces eran creados en su totalidad por ellos. Esta función le valió a Garcés un reconocimiento personal del gobernante, además de un amplio abanico de comodidades mientras estuvo en ese país.

El contrato estipulaba que Venezuela pagaba a cada profesor cubano entre 24.000 y 30.000 bolívares mensuales, según las fluctuaciones del cambio en dólares. Como promedio, eso significaba en esa época unos 6.500 dólares al cambio oficial, pero en realidad solo recibían el 10% de esa cifra. Con las restricciones cambiarias de los bancos, estaban obligados a comprar los dólares en la calle, lo que los dejaban con unos escasos 300 dólares mensuales.

Los más ahorradores lograban enviar un promedio de 200 dólares al mes a su cuenta en Cuba, depositados en CUC y que solo podrían extraer del banco si regresaban a la Isla y no desertaban de la misión. Los segurosos que vigilaban al grupo estaban al tanto de quiénes no compraban regalos o no enviaban dinero a la Isla como una posible señal de que querían escapar.

Para todos los que formaban parte del grupo estaba claro el carácter estratégico de su labor en Venezuela. “Esta es una misión política con fachada académica”, enfatizó un viceministro de Educación Superior que visitó al grupo por aquellos días de 2011 en Caracas. Desde entonces, la formación de miembros para el Frente Francisco de Miranda apenas ha variado. Ahora “donde antes decíamos Chávez ahora hablamos más de Maduro”, reconoce una filóloga cubana que participó en la Misión en 2017.

“Lo que sí ha cambiado es que ya la gente no tiene tanto entusiasmo para ir, porque la situación económica en Venezuela es muy difícil”, añade la profesora. “Las condiciones de alojamiento y recursos se han deteriorado mucho” y los que se enrolan en el proyecto “se decepcionan muy rápido. Terminé asqueada de todo lo que tenía que hacer ahí, porque al final me pagaban para mentir”.

 

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