¿Por qué Nicolás Maduro no asistió a los últimos desfiles militares?

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  • 13 julio, 2021
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13 de julio, 2021

Por: Ricardo Sucre Heredia

Caracas/ Me llamó la atención que Maduro no asistiera al desfile militar por los 200 años de Carabobo y Día del Ejército. Por la fecha y el aniversario del hecho de armas, en mis análisis contaba con que Maduro asistiría. Incluso, en mis estudios, le di a la fecha un valor político como símbolo para una especie de relanzamiento que haría el gobierno. No fue así. Maduro no fue. Ni hubo un “relanzamiento”. Sí abrió el desfile del 5 de julio con el tradicional “parte y solicitud de permiso para iniciar el acto” del comandante de la agrupación militar, pero la parada la cerró Padrino López. Es decir, Maduro se ausentó durante el desarrollo del desfile. Me resultaron ausencias extrañas.

El desfile militar del 5 de julio se hizo, pero fue en la tarde. Aunque el chavismo no es madrugador en el protocolo, y prefiere los actos militares en la tarde y en la noche salvo excepciones –por ejemplo, la graduación de los oficiales en el año 2012- el desfile del 5 de julio normalmente es un desfile del mediodía o tipo 1 o 2pm (el del año pasado fue cerca de las 2:30pm). El de 2021 comenzó después de las 5pm y terminó luego de las 7pm.

Aunque varios tuiteros afirmaron que “primera vez” que el ascenso a los grados de general y almirante se hizo junto al desfile, en 2020 se realizó de esa manera. Sí es cierto que antes de 2020, los ascensos a general y almirante tenían un acto propio. Los gobiernos de AD y Copei tenían actos particulares para los grados de general y almirante de la época.

Hasta donde recuerde, con Chávez se hacía. Por ejemplo, los ascensos de 2012 que fueron en la Academia. En años recientes, con Maduro se hicieron en el Panteón. La diferencia entre Maduro y Chávez es que el primero les dio un carácter más simbólico y formal –el Panteón- mientras que los actos de ascenso de Chávez eran más relajados. Maduro es más distante, Chávez era más camaradería de cuartel. Por eso llamó la atención que los ascensos se realizaran junto al desfile, además la promoción fue muy rápida.

Sin embargo, hay que hacer algunas precisiones. Los desfiles de 2021 fueron de mayor duración a los del 24 de junioy 5 de juliode 2020 -puede justificarse por la pandemia- pero también de más duración a los del 24 de junio y 5 de julio de 2019cuando no hubo pandemia ni estaba en el horizonte. También, el desfile del 24 de junio de 2020 lo encabezó Padrino López. Maduro no asistió.

Es decir, no es la primera vez que Maduro deja de asistir a algún acto militar, pero en la coyuntura actual llamó la atención.

Caben muchas especulaciones acerca de las ausencias de Maduro. Desde molestias en el sector militar -algunos conocedores señalan que hay un descontento por la manera como se llevaron las operaciones en Apure- hasta -es mi primera hipótesis- Maduro posee información de inteligencia sobre algún atentado o teme uno y se protege. Quizás por eso no asistió al desfile del Día del Ejército, y también por lo anterior, la hora en que comenzó la parada del 5 de julio, para no estar expuesto a un largo desfile en el día. 

Voy con la segunda hipótesis. El chavismo es mi adversario político, pero uno aprende a conocerlo. Algo que he visto en el tiempo, es que la cúpula -con Chávez y ahora con Maduro- como que deja correr cosas para ver la reacción de la oposición o de la sociedad en general, luego responde y sorprende. Así fue la semana pasada. En cierta opinión, noté un clima de euforia porque Maduro no fue a desfiles, los brollos en Zulia por las postulaciones en el PSUV, y la ambigüedad de cierta opinión que coqueteaba con las bandas de la Cota 905, en la esperanza que catalizaran el tan esperado por muchos, “quiebre de la coalición dominante”. Esa euforia tuvo su clímax el martes 6, pero el viernes 9 vino el desinfle, porque el gobierno sorprendió con la operación contra los grupos malandros. Lo que se esperaba dispararía una crisis en el ejecutivo, no sucedió, y luego de la euforia, reapareció la “gente sensata” y el “aquí no ha pasado nada”. Tal vez sobreestimo demasiado al adversario, pero me da la impresión que cada cierto tiempo, el gobierno deja correr ciertas cosas para ver hasta dónde llegan en la opinión pública, y luego responde. Esta es mi segunda hipótesis.

En varios eventos antes del día 7 de julio, Maduro comentó que firmó ascensos el mismo día o en la víspera en que se otorgaron. Al escucharlo, mi impresión fue que los meses militares -que comienzan en junio y terminan en agosto; ascensos, fechas patrias, graduaciones, retiros, y aniversarios de fuerzas- se llevaron con sobresalto, sin la planificación de otros años. Puede ser por la propia vida de la institución o porque Maduro dejó el tema para última hora. Si es así ¿por qué lo hizo? La verdad no sé, pero quizás tenga que ver el cambio de política de seguridad que anunció el día 7 de julio, durante la graduación de los nuevos oficiales, evento al que sí asistió. Desde el punto de vista simbólico, comunicó que pese a que dejó de ir o se retiró de actos militares importantes como el del 5 de julio, ejerce su comando sobre las FAN. Incluso, con el nuevo jefe de la Milicia, le preguntó varias veces en tono de mando, “¡entendido!”, para mostrar que es riguroso.

En sencillo, mi segunda hipótesis es que Maduro no está satisfecho con los resultados de la política de seguridad hasta la fecha. Apure es un ejemplo, operación que, junto a los al menos 12 soldados fallecidos y más de 30 heridos, todavía tiene dos compañeros desaparecidos, de los que no se sabe nada, al menos públicamente. Mi conjetura es que ese ir de “última hora” de Maduro fue porque definía la nueva política de seguridad, cuyo primer indicador es el nuevo alto mando militar que anunció el día 9 de julio.

Desde el plano militar, se mantiene la “lógica Maduro” para los ascensos, aunque todavía falta por conocer si hay modificaciones dentro de la estructura de defensa -los viceministerios de la defensa que son 3- y en las REDIS y ZODIS. En estas regiones, deberían estar personas de las promociones de 1991 en adelante.

La “lógica Maduro” consiste en promover promociones de manera ordenada para que circulen en los puestos de mando. En esto, Maduro se parece más a Chávez y menos al Maduro de 2016. Hace 5 años, el alto mando se concentraba en oficiales mayormente de una promoción. Hoy, el alto mando se reparte en oficiales de varias promociones en una lógica de “estabilidad en la política militar, pero cambios en la estructura militar”. Por esto, entre otras cosas, la longevidad de Padrino López quien cumple 7 años al frente del ministerio de la Defensa.

Maduro cesó en el alto mando a las promociones de 1985, 1986, y 1987. Solo se mantiene Padrino López graduado en 1984. El alto mando de 2019, por ejemplo, estaba conformado por oficiales graduados en 1984, 1985, 1986, 1987, y 1988. El alto mando anunciado el día 7-7-21 tiene egresados de las promociones de 1984, 1988, 1989, y 1990.

Que Padrino siga no sorprende. La visión de Maduro es que la política militar tenga continuidad, y que los cambios se produzcan en otras instancias, incluido el CEO. Padrino tiene la visión estratégica y, además, es un puesto administrativo pero simbólicamente importante. Además, el general en jefe muestra lealtad hacia Maduro y lo acompaña desde 2013. Quizás Maduro considere que todavía no es el tiempo para cambiarlo. Más adelante en alguna coyuntura política o si Maduro ve un relevo para Padrino López, que hoy no parece existir.

Maduro deja a pocos de promociones más antiguas, y promueve a integrantes de promociones nuevas, que serán los integrantes del alto mando militar. Las REDIS y las ZODIS actúan como “incubadoras” de posibles liderazgos para altos mandos del futuro. Por ejemplo, Hernández Lárez y Du Boulay Perozo vienen de ejercer comandos en REDIS.

Maduro, al menos desde 2016 y en general, mantiene la selección de oficiales que fueron los “primeros de las promociones” cuando egresaron de las academias. Por ejemplo, Hernández Lárez -nuevo jefe del CEO- se graduó en el puesto 10 de 120 oficiales, Du Boulay Perozo -segundo en el CEO- en el puesto 24 de 169 alféreces, Osorio Guzmán -nuevo Comandante del Ejército- en el lugar 6 de 170 cadetes, Velásquez Bastidas -ingresa a la Comandancia de la Armada- en el puesto 10 de 67 guardiamarinas, Chourio Andrade -jefe de la Milicia- en el puesto 62 de 170 egresados, y Silva Aponte -Comandante de la Aviación- en el puesto 4 de 68 estudiantes.

¿Por qué los cambios en el alto mando, más allá de la necesaria rotación en las promociones? Aquí explico la segunda hipótesis: Maduro no está satisfecho con el desempeño operacional de las FAN. La salida de Ceballos Ichaso -aunque ya tenía 4 años como CEO, pero podía quedarse porque Padrino tiene 7 años como ministro, fue ratificado, y Maduro pudo mantener la dupla- creo fue porque la operación en Apure no resultó satisfactoria, y fue una maniobra responsabilidad del CEO. Maduro, de forma elegante -Ceballos fue muy aplaudido cuando entregó el CEO el día 10-7-21- lo removió, también al segundo a bordo del CEO, general Juliac, y posiblemente el mensaje sea que no estuvieron a la altura de esa operación militar.

La nueva conformación del CEO descansa en el Ejército, fuerza primogénita de las FAN no solo por tradición, sino porque Maduro ve hoy en el Ejército dinamismo. Es probable que Maduro considere que parte del fracaso en el estado llanero se debió a un CEO con oficiales de diferentes fuerzas: Marina y Aviación, y que esa fórmula no funcionó. Una operación de ese calibre dirigida por un marino, aunque Ceballos es marino no de barcos, sino comando de infantería de marina. Es decir, operaciones acuáticas y terrestres. Tiene la experticia. Quizás lo que no funcionó, no solo las expectativas para una operación corta, y las excesivas arengas, sino algo propio del mundo militar, no solo venezolano, que estudia un libro clásico en el mundo de uniforme, “Sobre la psicología de la incompetencia militar” de Dixon (1975). En criollito una de las tesis del texto es, “demasiadas manos ponen el caldo morao” (en una operación militar). Por ejemplo, las diferencias de Patton o Eisenhower con los aviadores sobre el apoyo aéreo o si el Día D tenía sentido y probabilidades de éxito.

Tal vez algo parecido sucedió con la planificación de las operaciones en Apure: muchas opiniones y poca dirección. Ahora, el CEO está en manos del Ejército. Padrino López es del Ejército con lo que la instancia administrativa y operacional están en manos de esta fuerza. Maduro puede considerar que son oficiales de una misma rama, y la coordinación y planificación será mejor, al no tener opiniones de diferentes fuerzas que “puedan poner el caldo morao”.

Maduro quiere coordinación. En sus palabras el día 7 de julio, habló de los cambios para “imprimir energía y fuerza” a la institución; “nueva energía para el desarrollo de REDIS y ZODIS”, y “capacidad para mover equipos y tropas”. Maduro busca unas FAN de respuesta y despliegue rápido, y es de suponer que el CEO de Ceballos no cumplió con ese objetivo en su totalidad, aunque lo inició.

También los cambios están marcados por la situación con los grupos malandros en Caracas. El nuevo Comandante General de la GN fue descrito por Maduro como “un hombre de acción”, quien “viene del CONAS” (Comando Nacional Antisecuestro), es “comando”, para que “recorra los barrios de Caracas”. Ya no es la GN para el orden público -con lo que el gobierno envía la señal que en el frente interno político no tiene amenazas- que es el perfil de Zavarce Pavón, comandante saliente, y ahora es la GN encabezada por un comando.

Las nuevas amenazas ya no son las marchas tipo 2017 sino las bandas delincuenciales en Caracas. Se requiere un comandante que no sea del orden público, sino comando ¿qué mejor que un oficial del CONAS? que en teoría debe tener mejor respuesta a las nuevas amenazas al orden interno que no vienen de la oposición -a pesar de las acusaciones de Maduro y Delcy Rodríguez el día 10 de julio- o de las “miles de protestas que suceden todos los días”, sino de grupos malandros que exhiben una identidad que construyen, un rudimentario pensamiento proto-político, y primitivas tácticas militares como francotiradores o puestos de observación. Todavía no son grupos insurgentes que parecen ejércitos o paramilitares que tienen estructura. Las bandas de Caracas no tienen esa conciencia, son malandros con fusiles sofisticados pero en chancletas o con chalecos antibalas sin camisa debajo. Pero pueden evolucionar hacia grupos estructurados, y es lo que el gobierno quiere evitar.

Los motivos de Maduro para cambiar el alto mando, entonces, parecen responder no a que perciba la estabilidad de su gobierno en riesgo -la siente segura- sino quiere fuerzas desplegables, movibles, rápidas, coordinadas, porque las amenazas son de grupos malandros que el gobierno asocia a conspiraciones políticas, que requieren de una fuerza de respuesta rápida y coordinada. Confía esto último al Ejército al integrar al CEO con dos oficiales de esta fuerza los que, en conjunto con Padrino López también del Ejército, las FAN puedan responder de forma inmediata a amenazas tipo Apure o de bandas malandras en Caracas. Maduro percibe u escenario asimétrico de una insurgencia en la frontera, de malandros en Caracas o en otras partes de Venezuela. Quiere cortar sendos escenarios con coordinación, despliegue rápido, y lógica de comandos ahora en la GN con comandante de ese mundo.

La operación policial en la Cota 905 el 9-7-21 puede ser el primer despliegue de la nueva estrategia de seguridad, a la luz de la distribución de los funcionarios por cuerpo ofrecida por Meléndez Rivas el día 10-7-21.

En lo político, el gobierno apela a su “by the book” que es responsabilizar a la oposición política -principalmente a la oposición G4- y a los “paramilitares colombianos” de las acciones de las bandas malandras, para echar de lado su importante responsabilidad que permitió que esos grupos crecieran con una política de “tolerancia” para que no salieran de sus “espacios naturales”. Mientras las bandas no eran percibidas como factores subversivos, el gobierno hacía operaciones, es verdad, pero de contención “en el perímetro” o de respuesta, como fue la balacera en la Fajardo en febrero de 2020, cuando una de las bandas trató de secuestrar a una persona. Hoy el gobierno quiere obviar su responsabilidad de tolerar el crecimiento de las bandas malandras y busca desplazarla a la oposición G4, que no es correcto. Aprovecha el asesinato del Presidente de Haití y probablemente las protestas en partes de Cuba para darle fuelle a su tesis de la conspiración, que programas de opinión del canal 8 como el de Mario Silva, tienen semanas trabajando.

Lo anterior se refuerza porque la oposición G4 no es muy brillante en sus respuestas. Como siempre, le habla a tuiter, no al país. Para el G4, la política son “likes”, no contenido. Dada la gravedad de los hechos y la acción del gobierno que puede tener consecuencias sobre el G4, la respuesta de sus principales voceros es repetir las frases que encantan en tuiter, “Fidel no hubiera permitido un Coqui en La Habana” o “No agarraron al Coqui pero sí a un Cunaguaro”, expresiones que son el deleite en redes sociales. Uno no sabe si como mecanismo de defensa ante lo serio de la situación o irresponsabilidad política, algo que caracteriza en mucho a las elites venezolanas, principalmente las que habitan en redes sociales. Tal vez por esa responsabilidad del gobierno en permitir el crecimiento de bandas delincuenciales y la mediocridad de las respuestas del G4 ante las acusaciones del ejecutivo, el pueblo prefiera hacer una cola de 4 horas aunque llueva, para comprar una sabrosa chicha con un “topping”.

 

@rsucre

 

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