Perdimos todos

10 de diciembre, 2020

El principal mensaje que acabamos de evidenciar en una abstención inimaginable es que el pueblo está desconectado del gobierno, partidos y dirigentes políticos de todos los colores. Es decir, este proceso fue el desastre dentro de lo que ya es una tragedia económica, política, social, cultural y moral que asombra, aturde, abruma y paraliza la vida nacional, convirtiéndonos a todos en meros buscadores de pan y circo.

Pero esto no se queda así. De aquí en adelante el país es otro, pero nadie sabe cual es ni como debe funcionar ese país. Veamos quien lo define.
El gobierno fracasó en hacer que el reparto populista tenga la productividad que tuvo con Hugo Chávez. Entonces el 85% recibía subsidios y con ello lograba casi un 60% de los votos. Pero, con NM se observa que cerca de un 75% recibe subsidios pero sólo logró un 25% de los votos. Este caída de la productividad del reparto le debería hacer pensar al chavismo que el modelo estatista, controlador, empobrecedor y repartidor le puede descalabrar la estabilidad de su propio gobierno. Del 44% de autodefinción política “chavista” que dejó HChF sólo le queda el 12% y en la identificación partidista con el PSUV, del 40%, le queda el 10%. Le conviene pues revisarse y cambiar, al menos, a favor de la liberación de la economía y privatizaciones, mientras se dan cuenta de que también les conviene democratizar al país.
Por parte de la oposición el balance no es mejor. No se puede asumir que los abstencionistas siguieron el llamado de los líderes opositores que plantearon la abstención. Nuestras encuestas revelan una autodefinición política como opositor del 22%, muy baja, si se compara con el 84% que evalúa mal la gestión de NM y el 78% que quiere cambiar de Presidente este mismo año. La identificación con todos los partidos de oposición sumados es del 9%. Estas observaciones sugieren que las mayorías no votaron porque creen que no existe un modelo alternativo atractivo ni en quien confiar para cambiar la tragedia nacional. De allí que, al igual que al oficialismo, a la oposición también le conviene reflexionar si su ejecutoria necesita cambios drásticos.
Estas formas alternativas podrían ser, primero, que los partidos se ocupen de acompañar a la gente en la búsqueda de soluciones a la tragedia. Segundo, podrían ofrecer un solo candidato por curul, gobernación o alcaldía y eso le daría credibilidad a dicha oferta y entusiasmo para ir a votar; lo que sucedió en las elecciones de diputados de 2015. Tercero, una oposición que busque reconectar con la población podría, no sólo ir unificada entre sí, sino también construir alianzas con las diversas organizaciones de la sociedad civil para provocar un cambio de gobierno y luego gobernar juntos para darle representatividad y estabilidad a un nuevo gobierno. El no haber cumplido con estas tres condiciones es la principal razón por la que NM ha podido salvar tantos escollos y fracasos; por lo que sigue en el poder.
Como nada de estos cambios políticos están ni siquiera anunciados, el regreso al diálogo político estaría quedando en manos de otros sectores, principalmente del empresariado, de los trabajadores, de los medios de comunicación privados y de los centros de estudios. Alianzas entre actores de la sociedad civil vendrían a solventar un grave defecto de toda sociedad autoritario rentista, como la venezolana (y tantas otras en el mundo), cual es el que estas sociedades se parecen a una tela tejida hilos verticales (que unen al gobierno, los partidos o militares que gobiernan con cada grupo de la sociedad civil), pero se aseguran que escaseen alianzas o hilos horizontales entre los actores de la sociedad civil. Estas alianzas son, más bien, desalentadas por gobernantes y partidos autoritarios por aquello de “divide y vencerás”. Papel que cumple, por ejemplo, el pernicioso mito de la lucha de clases entre empresarios y trabajadores. De crearse, este tejido horizontal, una de sus consecuencias sería el proteger a su participantes y relacionados en contra de los embates de la mala política.
Este no es un “discurso de la antipolítica” sino un grito desesperado por hacerle caer en cuenta a los políticos que los pueblos que dicen representar están observando que el predominio de su afán por el poder opaca la política en su buen sentido, los descalifica y le abona el camino a los líderes carismáticos; figuras peligrosas que se encumbran por encima de los políticos que los llevaron al poder y de los pobres pueblos que los acojen como tabla de salvación (sin saber que “el remedio era peor que la enfermedad”). Nadie gana mientras la política no sirva y de nada nos servirá que los partidos y gobiernos se autodestruyan porque lo que queda es la pérdida de las libertades y de la seguridad jurídica.
@joseagilyepes
El Universal

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa y exclusiva de su autor.

A %d blogueros les gusta esto: