Otra vez las negociaciones Gobierno-Oposición: ¿por qué ahora?

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  • 27 mayo, 2021
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26 de mayo, 2021

Volvió el clima de posibles negociaciones políticas entre el gobierno y la oposición. Aunque había señales de conversaciones que fructificaron en hechos como la designación de un nuevo CNE que en general es bien visto, lo más resaltante fue el giro de 180° dado por el grupo Guaidó que reconoció en boca de Freddy Guevara, que hablan con representantes del gobierno. Acercamiento que Maduro confirmó el día 11-5-21 ¿Por qué ahora estas conversaciones ocurren y hay gestos en puntos muy concretos como el tema Covax, la firma con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, el cambio de lugar de reclusión de los llamados “6 de Citgo”, y la designación de un CNE con dos figuras promovidas por la sociedad civil? ¿Qué sucede ahora que no pasó antes?

Quizás el ambiente para negociar volvió porque es el momento. El conflicto político venezolano está en un punto muerto. Esta situación produjo una inercia que se estabilizó. Se puede llevar una vida pero sin un desenlace político definitivo. El país puede estar en esta situación años y décadas, como pasa en otras naciones con conflictos sin solución. La vida sigue. La gente se adapta, aunque eche pestes “al régimen”. Y se adaptan más rápido en un clima de dolarización.

Todavía no es el caso de Venezuela. La diferencia posiblemente está en su experiencia política anterior, en la que gozó de un nivel de vida alto. Tal vez está en el inconsciente colectivo y la sociedad sabe que no puede -y no sería deseable- regresar a un pasado imposible, pero sí salir de un presente mediocre, de vidas grises. Funcionó una suerte de freno, de sentido de supervivencia que llevó a frenar la caída en el barranco, porque caemos. Ayudó a lo anterior unas élites cansadas del conflicto y quizás con conciencia que están en un punto muerto. O más que conciencia, unas élites que disponen de recursos para vivir en un status quo perjudicial para la mayoría, pero beneficioso para las élites. Pero aun para preservar un status quo, hay que conversar. 

La diferencia en no llegar al fondo del abismo la hace un pueblo consciente que es el “paganini” del conflicto y que se alejó de la clase política para llevar una vida dura, pero se resiste a ser “carne de cañón” de una élites que promueven el conflicto pero siempre están protegidas y nunca tienen -ni tendrán- problemas. La gente pudo concienciar que no puede cambar la realidad del país, pero ya no quiere ser “el pendejo” que siempre paga “los platos rotos” de las luchas inter-élites.

Otra variable que pesó para que se diera un clima de negociaciones políticas entre el gobierno y la oposición son los cambios de diversa naturaleza que suceden en el hemisferio. El ambiente internacional de 2019 es muy distinto al de 2021: es menos ganado a medidas de fuerza contra Maduro porque no dieron resultado y, lo más importante, el coronavirus catalizó procesos sociales que ahora se transforman en cambios políticos. Los más recientes, las protestas en Colombia y el giro más hacia la izquierda e independientes en las elecciones regionales y para la convención constitucional de Chile. Incluso, la candidata de la alianza en la que está el Partido Comunista de Chile, ganó la Alcaldía de la región metropolitana de Santiago.

Finalmente, el cambio que experimentan los EUA que busca posicionarse como líder mundial confiable y eso pasa por un perfil menos intervencionista, al menos hacia Venezuela como el exhibido por Trump. Los EUA avanzan en una lógica de reconocer gestos del gobierno que a su vez incentiven en éste nuevos gestos de apertura.

II

La razón del gobierno para aceptar unas eventuales negociaciones con la oposición es que quiere mantenerse en el poder. Concienció que tiene que “enseriarse” una vez que es gobierno porque la oposición no es una amenaza al poder, y Trump perdió en noviembre de 2020.

El gobierno sabe que la lucha política existencial llega a su fin o si se mantiene, pasa a otro tipo de lucha política más dentro de las instituciones, y menos una etapa subversiva para sacar a Maduro. Es decir, ya no hay amenazas o son menos fuertes las que indiquen que van a tumbar a Maduro. Este puede tener más confianza en que culminará su mandato en enero de 2025 sin las amenazas que le tocó vivir desde 2014 hasta 2020. Maduro ganó la batalla para quedarse en el poder, pero pierde la guerra para gobernar un país. Está consciente y por eso acepta ir a una mesa con la oposición con sus condiciones, que no son las de un derrotado político pero sí la de alguien que quiere tener estabilidad para desarrollar una gestión de gobierno, que en parte se bosqueja con las distintas propuestas de ley que discute la AN. Esta define lo que puede llamarse la arquitectura jurídica del sistema político chavista, versión Maduro.

En sencillo, si Maduro aspira a quedarse en el poder, tiene que tener un gobierno, no unos “malandros” que hacen negocios en empresas públicas como si fueran coto propio. Si hay corrupción, que sea como en China, que es parte del sistema, pero no la “corrupción malandra” como la de Lácteos Los Andes o PDVSA, por mencionar solo dos casos. Es decir, su autoritarismo tiene que ser competente, tener alguna eficacia, no puede ser un autoritarismo “peorro” o incompetente en cuanto a gestión como es ahora.

Las razones de la oposición son mantenerse en la arena política. No desaparecer o quedar como un grupo irrelevante, que es el camino que tomó. La oposición está en el riesgo de pasarle lo que les sucedió a ciertos adversarios luego de la muerte de Gómez. Era la oposición tradicional de los “viejos generales amarillos” que pensaron que muerto el “Benemérito”, retornarían al poder, pero no contaron con que la sociedad evoluciona, y la Venezuela de diciembre de 1935 era muy diferente a la Venezuela de 1908: nuevas generaciones –la más conocida la Generación de 28- y nuevos movimientos sociales como los sindicatos, en una economía petrolera y no agrícola. La realidad política de 1936 llenó el vacío que dejó Gómez, no sus antiguos adversarios que se quedaron “con los crespos hechos”.

Algo similar pasa en la Venezuela de 2021. Todavía no se sabe si hay o habrá una nueva Generación del 28, pero desde que Chávez ganó en 1998, ha pasado una generación completa y otras completaron su ciclo. Quien tenía 50 en 1998, hoy es un señor de 70 años. Quien tenía 20, ahora llegó a 40 años.

La oposición G4 adoptó una estrategia estática de “esperar al quiebre”, que lo busca desde 2014 y van 7 años. Pueden pasar 7 años más sin el “quiebre” con un país en peores condiciones, la oposición fuera del poder, y con el riesgo de desaparecer o ser desplazada por nuevas corrientes políticas, impulsadas por el gobierno –lo que llaman “alacranes”- u opciones originales. La oposición se dio cuenta que Venezuela no se va a parar o a dejar de vivir solo porque el G4 no esté en el poder o sus demandas no sean satisfechas. Aprendió una dura lección de la vida: nadie es imprescindible en política. Si el G4 no quiere participar, es su derecho, pero surgirá otra oposición, mejor, igual o peor –eso no lo sabemos- pero aparecerá y a la oposición vigente le pasará lo que a los “viejos generales amarillos” les sucedió cuando Gómez falleció: se los tragó la evolución de la sociedad.

Insertarse en el juego político, así sea en las condiciones de Maduro, es la posibilidad de mantenerse y por qué no, ganar si exhibe habilidad política.

III

¿Habrá resultados en esta ocasión? Hacer un pronóstico es difícil. En este caso, porque no es el primer intento para negociar que hay entre el gobierno y la oposición. Con Maduro, el primero fue el 10-4-14 y el último en Barbados en 2019, sin éxitos. La única diferencia hoy es lo comentado previamente: hay un cansancio, un agotamiento que pudo llevar tanto al gobierno como a la oposición a considerar negociar, ayudados por un clima externo más favorable. Pero si negocian, es por motivos egoístas. El gobierno quiere tener una gestión para que su permanencia en el poder sea menos agitada, y la oposición quiere preservarse para ser alternativa política. Que no es malo que exista este egoísmo político porque puede dar la medida de los resultados de unas conversaciones que no sé si ya ocurren o se anunciarán próximamente.

El clima de negociaciones deberá pasar varias pruebas. Hay varias. Menciono algunas importantes. La primera será la electoral. Pasó con la designación del CNE, pero queda ver cómo actuará el cuerpo en los hechos, si será diferente o será “más de lo mismo”. Su designación fue aceptada sin mayor entusiasmo, pero tampoco fue rechazada.

La segunda prueba serán las elecciones regionales y municipales. Sus reglas para competir y los acuerdos a los que el gobierno y la oposición lleguen. Por ejemplo, el gobierno aceptará no “nombrar protectores”, y la oposición no hacer de las gobernaciones “territorios para sacar a Maduro”.

La tercera prueba serán los partidos intervenidos. Veo difícil que el gobierno acepte que los partidos intervenidos regresen a sus direcciones naturales. Es el caso de la decisión del TSJ que prorrogó por un año la intervención de AD en manos de Bernabé Gutiérrez. Era difícil que esta decisión se revirtiera no solo porque AD-Gutiérrez es parte del sistema de partidos que acepta el gobierno, sino porque compitió en 2020. El gobierno no lo va a dejar en la cuneta. Quiere ser confiable con las organizaciones que juegan dentro del sistema. Cómo jueguen o la calidad de sus acciones, es otra discusión (si legitiman o no “al régimen”). De manera que los partidos intervenidos tendrán que buscar otras opciones o construirse desde cero, e interpelar al público para que voten por ellos en sus nuevas plataformas para construir fuerza política.

Finalmente, el tuit del Rector Picón en el cual anunció que la mezcla para escoger legisladores será 60% por listas y 40% nominales, que cambia la anterior proporción de 70% nominales y 30% listas. Aunque este cambio viene desde las parlamentarias de 2020, un verdadero avance será si se informa cómo se adjudicarán estos cargos y si no ocurre el descuento de quienes salieron en los circuitos de la lista, puede ocurrir lo mismo que en el parlamento de 2020 que con casi el 70% de los votos, el GPP obtuvo más del 90% de los escaños. Esto puede volver a suceder en el nivel regional y municipal si no se define cómo se adjudicarán las proporciones entre listas y circuitos. Esta será otra prueba.

Por los momentos, que nuevamente se hable de negociaciones políticas es porque los dos grupos aceptan la convivencia que será conflictiva, pero sin la destrucción y, si hay confianza entre los dos, construir la prueba más relevante que serán las elecciones presidenciales de 2024 o el revocatorio, pero éste debería ser de mutuo acuerdo y no unilateral.

Lo que se puede esperar son dos escenarios. Repetir el fracaso del pasado o construir un marco de relaciones políticas paso a paso que regule el conflicto. Hoy, pensamos que se avanza en esta dirección y no en la del fracaso, pero no será un camino fácil.

Hay que recordar que estamos en una forma de gobierno autoritaria. Negocia porque busca estabilizar y tener un juego político dentro de ciertas reglas, pero no negocia porque se plantea o vislumbra abandonar el poder. Que esto suceda va a depender mucho de la calidad de la oposición y de su estrategia. El gobierno buscará que la oposición sea factor de estabilidad política sin poner la alternancia en el poder sobre la mesa. Aún con esto, la oposición debe ir a conversar con el gobierno. No tiene fuerza para evitar que el gobierno hable de la alternancia, pero la puede promover al participar en las reglas del sistema.

El gran reto para la oposición será cómo destrabar la hegemonía, cómo impedir que la regularización del conflicto sea la regularización del autoritarismo, que el gobierno se trague a la oposición y la domestique. Llegar a la alternancia será muy difícil, pero no veo otro camino que no sea construirla desde las propias reglas del gobierno. La oposición no solo debe plantear las demandas que considere necesarias sino, al mismo tiempo, construir su fuerza al participar en elecciones y en la vida como un todo de Venezuela. Ahora que “famosos” y la sabia opinión de tuiter reconocen lo anterior, quizás esta estrategia tenga mejor suerte que en el pasado, y la oposición pueda avanzar hacia la alternancia con pasos más sólidos.

 

@rsucre

 

Cortesía: EL Cooperante

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

 

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