Negociaciones renovadas entre el Gobierno y la oposición: ¿Por qué ahora?

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  • 17 junio, 2021
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16 de junio, 2021

Por: Ricardo Sucre Heredia

Una vez más, escuchamos sobre negociaciones entre el gobierno y la oposición. Algunas señales apuntan a conversaciones en curso o al menos que se están estableciendo las condiciones para las conversaciones. Están sucediendo ahora porque los intereses de cada grupo benefician al interés general en el sentido de que abre la posibilidad de darle un rumbo al conflicto político. El gobierno necesita una administración. La oposición necesita preservarse como alternativa. Entre estos dos intereses, se abre un espacio para negociar. El riesgo está en la cancha de la oposición. Bajo una forma autoritaria de gobierno, la participación de la oposición puede normalizar el statu quo. Pero si no participa, también lo normalizará y se convertirá en una oposición nominal. El desafío para la oposición es doble:

Vuelve el clima para posibles negociaciones políticas entre el gobierno y la oposición. Si bien hubo indicios de conversaciones que derivaron en hechos como la designación de un nuevo Consejo Electoral que en general es bien considerado, el resultado más llamativo fue el giro en U, que realizaron Guaidó y su equipo con el reconocimiento de las conversaciones con representantes del gobierno, según afirma Freddy Guevara. Un acercamiento que Maduro confirmó el 11 de mayo. ¿Por qué estamos viendo estas conversaciones ahora junto a gestos muy específicos como el tema Covax, el acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, el traslado de los 6 ejecutivos de citgo, y la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral con dos rectores promovidos por la sociedad civil? ¿Cuál es la diferencia ahora?

Quizás el ambiente para las negociaciones volvió porque ya era hora. El conflicto político venezolano está estancado. Esta situación llevó a una especie de inercia estable. La vida siguió sin un resultado político definitivo. El país puede estar en esta situación durante años y décadas, como es el caso de otras naciones con conflictos no resueltos. La vida continua. La gente se adapta, incluso si desprecia al “régimen”. Y se adaptan más rápido en el contexto de la dolarización.

Este todavía no es el caso en Venezuela. Posiblemente la diferencia radique en nuestra experiencia política previa, en la que disfrutamos de un alto nivel de vida. Quizás esté en nuestra inconsciencia colectiva, y la sociedad sabe que no puede, ni debe, volver a un pasado imposible, pero puede dejar un presente mediocre de vidas sombrías. Se pisaron los frenos, una sensación de supervivencia que nos llevó a detener la caída libre al vacío. Cansados ​​del conflicto y tal vez conscientes de que están en un punto muerto, algunas élites ayudaron a que esto sucediera. O más que moral, algunas élites con los recursos para prosperar en un status quo que es dañino para la mayoría pero beneficioso para ellos pueden haber visto la necesidad de hablar para preservar su posición.

La diferencia en no llegar al fondo del abismo la marca el ciudadano común que muchas veces soporta lo más pesado del conflicto y decide distanciarse de la clase política y llevar una vida dura en lugar de ser utilizado por las élites que promueven el conflicto pero están siempre protegidos y nunca han tenido, ni tendrán, problemas. La gente se dio cuenta de que no puede cambiar la realidad del país, pero ya no quiere ser el tonto que siempre lleva el peso de las luchas entre las élites.

Otra variable que favoreció las negociaciones políticas entre el gobierno y la oposición son los cambios que se están produciendo en el hemisferio. El entorno internacional de 2019 es muy diferente al de 2021: es menos propenso a medidas contundentes contra Maduro porque no funcionaron y, lo más importante, el coronavirus catalizó procesos sociales que ahora se transforman en cambios políticos. El más reciente de ellos, las protestas en Colombia y el giro a la izquierda e independientes en las recientes elecciones en Chile. Incluso el candidato de la alianza que incluía al Partido Comunista de Chile logró ganar el Gobierno de la ciudad de la Región Metropolitana de Santiago.

Finalmente, el cambio experimentado por Estados Unidos que ahora busca posicionarse como un líder mundial confiable incluye un perfil menos intervencionista en comparación con la administración anterior, al menos en su relación con Venezuela. Estados Unidos avanza en una lógica de reconocimiento de los gestos gubernamentales que a su vez fomentan nuevos gestos de apertura.

II

La razón del gobierno para aceptar posibles negociaciones con la oposición es su deseo de permanecer en el poder. Se dio cuenta de que tenía que “ponerse serio” una vez que la oposición dejara de ser una amenaza para el poder y Trump perdiera las elecciones de 2020.

El gobierno sabe que la lucha política existencial está llegando a su fin o penetrando en las instituciones gubernamentales, en lugar de una fase subversiva para derrocar a Maduro. Es decir, ya no hay amenazas o las existentes se han debilitado. Maduro puede estar más seguro de que completará su mandato en enero de 2025 sin las amenazas que enfrentó de 2014 a 2020. Maduro ganó la batalla por el poder, pero está perdiendo la guerra de gobernar un país. Él es consciente de esto y por eso acepta ir a negociaciones con la oposición en sus condiciones, que no son las condiciones de un político derrotado sino las de alguien que quiere tener la estabilidad para gobernar, que se puede ver en los diferentes proyectos de ley en discusión en la Asamblea Nacional, el esquema de la estructura legal del sistema político chavista,

En pocas palabras, si Maduro aspira a mantenerse en el poder, tiene que tener un gobierno funcional, no unos “matones” que hacen negocios en empresas públicas como si fueran su propio coto. Si el problema es la corrupción, que sea como en China, donde la corrupción es parte del sistema, más que la “corrupción gamberra” de las empresas públicas Lácteos Los Andes o PDVSA, por mencionar solo dos casos. Es decir, el autoritarismo tiene que ser competente y efectivo hasta cierto punto, y no puede ser mediocre o incompetente en términos de gestión como lo es ahora.

El motivo de la oposición para entablar negociaciones es permanecer en la arena política, en lugar de desaparecer o permanecer al margen, como decidió hacerlo. La oposición corre el riesgo de repetir la historia de los rivales de Juan Vicent Gómez tras la muerte del gobernante. La tradicional oposición a Gómez pensaba que la muerte del General los reinstalaría en el poder, pero no contaban con la evolución de la sociedad, y la Venezuela de diciembre de 1935 era muy diferente a la Venezuela de 1908: nuevas generaciones –la más conocida la Generación de 1928 – y nuevos movimientos sociales como los sindicatos en una economía petrolera posagrícola. La realidad política de 1936 llenó el vacío dejado por Gómez, en lugar de sus antiguos adversarios que se sentían dispuestos a hacerse cargo.

Algo similar ocurre en Venezuela en 2021. Aún no sabemos si habrá una nueva Generación de 1928 o no, pero ha pasado toda una generación y otras han completado su ciclo desde que Chávez ganó las elecciones en 1998. Alguien de 50 años en 1998 es un hombre de 70 años hoy. Alguien que tenía 20 años ahora ha cumplido 40 años.

Los cuatro partidos más grandes de la oposición adoptaron la estrategia estática de esperar un “colapso” que no ha ocurrido en los últimos 7 años. Pueden pasar 7 años más sin un colapso, el país en ruinas y una oposición marginada que correría el riesgo de desaparecer o ser desplazada por nuevos actores políticos, promovidos por el gobierno o por el propio. La oposición se dio cuenta de que Venezuela no se va a detener solo porque no está en el poder o no se cumplen sus demandas. Aprendió una lección de vida: nadie es indispensable en política. Si los partidos más grandes de la oposición no quieren participar, es su derecho, pero surgirá otra oposición, mejor, igual o peor -no lo sabemos- y la oposición de hoy será tragada por la evolución de la sociedad, solo como los rivales del general Gómez.

Sumergirse en el juego político, incluso en las condiciones de Maduro, significa la posibilidad de sobrevivir y, por qué no, ganar si se emplea la sabiduría política.

III

¿Habrá un final positivo esta vez? Predecirlo es difícil. Este no es el primer intento de negociación entre el gobierno y la oposición. Durante el gobierno de Maduro, la primera ronda se llevó a cabo el 10 de abril de 2014 y la última en Barbados en 2019, sin éxito. La única diferencia hoy es el sentimiento de agotamiento que pudo haber llevado tanto al gobierno como a la oposición a considerar la negociación, ayudados por un entorno externo más favorable. Pero si llegan a negociar, será por motivos egoístas. El gobierno quiere un nivel mínimo de gobernabilidad para que su permanencia en el poder sea menos agitada, y la oposición quiere preservarse como alternativa política. Este egoísmo político no es malo porque podría conducir a resultados favorables en conversaciones que quizás ya hayan comenzado.

El clima para las negociaciones se pondrá a prueba varias veces. Mencionaré los más importantes. La primera será la prueba electoral. Ocurrió con la designación del Consejo Nacional Electoral, pero queda por ver cómo el organismo ejercerá sus funciones y si será diferente o lo mismo de siempre. El nombramiento fue aceptado sin mucho entusiasmo, pero tampoco fue rechazado.

La segunda prueba serán las elecciones estatales y municipales. Las reglas y los acuerdos entre el gobierno y la oposición. Por ejemplo, el gobierno tendrá que acordar no nombrar gobiernos regionales paralelos, y la oposición no convertirá a los gobiernos de los estados en territorios para derrocar a Maduro.

La tercera prueba serán las partes sometidas a intervención judicial. Creo que será difícil para el gobierno aceptar devolver la dirección de estos partidos a sus líderes naturales. Este es el caso de la sentencia de la Corte Suprema que dio control al partido político Acción Democráticaa Bernabé Gutiérrez por un año. Fue difícil revertir esta decisión porque el partido que ahora encabeza Gutiérrez forma parte del sistema aceptado por el gobierno y decidió participar en las elecciones de 2020. El gobierno no deshonrará este acuerdo. Quiere ser confiable para las organizaciones que juegan dentro del sistema. Cómo juegan o la calidad de sus acciones es otra discusión (si legitiman o no al régimen). Entonces, los partidos bajo intervención judicial tendrán que buscar otras opciones o construir desde cero y llamar a la ciudadanía a votar por ellos en sus nuevas plataformas para construir una fuerza política.

Finalmente, el tuit del Rector Picón anunció que el 60% de los legisladores estatales serán elegidos por listas de partidos, mientras que el 40% serán elegidos en forma nominal, un cambio con respecto a la proporción anterior de 70/30. Si bien este cambio proviene de las elecciones parlamentarias de 2020, un avance real sería brindar información sobre cómo se adjudicarán estos cargos. Por otro lado, si los electos del precinto nominal no son eliminados de la lista de partidos, podríamos ver una repetición de las elecciones parlamentarias de 2020 donde la coalición gobernante ganó más del 90% de los escaños con solo el 70% de los votos. Esto puede volver a suceder a nivel estatal y municipal si no se define cómo se asignarán los escaños. Esta será otra prueba.

Por el momento, escuchamos de negociaciones políticas porque los dos grupos aceptan que la convivencia será conflictiva pero ningún lado podrá destruir al otro. Si hay confianza entre los dos, podrían ponerse de acuerdo en la prueba más relevante, las elecciones presidenciales de 2024 o un referéndum revocatorio, pero debería ser de mutuo acuerdo en lugar de una decisión unilateral.

Podemos esperar dos escenarios. Una repetición de errores pasados ​​o la construcción de un marco paso a paso de interacciones políticas que regule el conflicto. Hoy creemos que se está avanzando en este último, pero no será un camino fácil.

Debemos recordar que vivimos bajo una forma de gobierno autoritaria. Negocia porque busca estabilizar y configurar el juego político bajo ciertas reglas, pero no negocia porque está considerando o imaginando abandonar el poder. Que esto suceda dependerá mucho de la calidad de la oposición y su estrategia. El gobierno buscará utilizar a la oposición como factor de estabilidad política sin discutir la alternancia del poder. Incluso en esta circunstancia, la oposición debe ir a dialogar con el gobierno. No tiene el poder de hacer que el gobierno discuta la alternancia, pero puede promoverla participando en las reglas del sistema.

El gran desafío de la oposición será cómo desbloquear la hegemonía y evitar que la regularización del conflicto se convierta en la regularización del autoritarismo con el gobierno engullendo a la oposición y domándola. Llegar a la alternancia será muy difícil, pero no veo otra forma que construirla desde las propias reglas del gobierno. La oposición no solo debe plantear las demandas que estime necesarias sino, al mismo tiempo, construir su fuerza participando en las elecciones y la vida en su conjunto en Venezuela. Ahora que los “famosos” y la sabia opinión de twitter reconocen todo esto, quizás la estrategia tenga más suerte esta vez y la oposición podrá avanzar hacia la alternancia con pasos más sólidos.

 

@rsucre

 

El Cooperante

 

 

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