“Negociación no, sangre sí…”

27 de julio, 2020

Un verdadero líder no coloca sus intereses y egos personales o grupales por sobre los de un país.

La negativa tajante del señor Juan Guaidó y de quienes le respaldan, a retomar diálogos con el acompañamiento y/o mediación de los noruegos, pareciera decirles: “No señores noruegos, si aquí no es con: mercenarios, golpe de Estado, Tiar, sanciones, explosión social, atentados con dron, abstención o invasión USA. Es decir, con sangre, no nos interesa que esto se resuelva”.

Es inconcebible que quienes han asumido el ejercicio de la política como oficio, como forma de vida, que quienes se hacen llamar demócratas se nieguen al uso de las herramientas propias de los demócratas como lo es el diálogo, la negociación política, los acuerdos y el voto para buscar salidas a esta crisis.

Todos sabemos que hasta en las más cruentas guerras los bandos en disputa siempre mantienen negociaciones. Las negociaciones cuando realmente se tiene voluntad y se cree en ellas como vía para resolver problemas no pueden ser desechadas, deben mantenerse a toda costa.

No es usual que en medio de conflictos existan condiciones ideales para abordar el diálogo. Las condiciones si no las hay, deben ser creadas. Es ese precisamente el papel de los que se dedican a hacer la política. No el de transitar, constantemente, por caminos de aventuras que solo nos han llevado a 21 años de rotundos fracasos. Mientras que por el contrario, nuestros únicos triunfos frente al chavidurismo los hemos alcanzados por la ruta electoral.

Las muy importantes y contundentes victorias electorales logradas en 2007 en el Referendo Constitucional que le ganamos a Chávez, en su mejor momento de popularidad, y la del 2015 cuando, a pesar de que no había condiciones justas para ejercer el voto, participamos y ganamos. Así como cada concejalía, alcaldía y gobernación conquistada en estas dos décadas. Han comprobado, de manera irrefutable, que el voto masivo supera las trampas, el ventajismo y el abuso de poder gubernamental. De eso no puede haber dudas.

Volviendo a lo relativo al diálogo, que es objeto principal de este artículo, es importante advertir que negociar no es ir y colocarle un revólver en la sien a tu contraparte y exigirle que renuncie, que se rinda por completo ante ti, no. Por el contrario, es estar conscientes de que tienes que ceder, dar algo para poder recibir algo a cambio.  Eso parecen no entenderlo quienes hasta ahora han negociado, pues siempre se han presentado a dichas negociaciones “con el revolver en la mano”.

Por otra parte, ya estamos acostumbrados a que el G4 y Guaidó le mientan al país cuando han asegurado,  en innumerables ocasiones, que no están dialogando con el gobierno de Maduro y gracias a los medios de comunicación al poco tiempo el país se entera de que sí negociaban a escondidas. Por cierto, a diferencia de los partidos que conforman la Mesa de Diálogo Nacional, el G4 y Guaidó siempre mantienen diálogos secretos con el gobierno, sin que nadie conozca la agenda de negociación.

El último de estos diálogos, que sepamos hasta ahora, fue en ocasión del acuerdo entre Guaidó y Maduro con la intermediación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la liberación del tío de Guaidó (diálogo también a escondidas). Por cierto, fue la única liberación de preso político acordada en dicha negociación. Guaidó al parecer se olvidó de todos los otros presos políticos.

Quien me lea dirá que yo la tengo agarrada con Guaidó porque hago constantes observaciones a su gestión. Pues, eso no es cierto. Mi deber como periodista es cuestionar a quien quiera que esté ejerciendo el poder, sea gobierno u oposición, y así lo hago. La gestión de Guaidó no ha sido precisamente transparente (casos como: Cucutazo, Monómeros, Citgo, ayuda humanitaria, entre otros). Lo que le exige al gobierno de Maduro él mismo no lo ha practicado. No ha rendido cuenta de su gestión y eso es muy, muy grave. Debería practicar con el ejemplo, ¿o no?.

En un país donde sus habitantes están colapsados por las múltiples necesidades que a diario padecen, gracias a un gobierno autoritario, ineficiente, corrupto y criminal que no tiene la capacidad ni el interés de solucionar los problemas de la gente, pues su única prioridad es mantenerse en el poder como sea y a costa de lo que sea. Negarse a dialogar, a la posibilidad de que por esa vía se puedan llegar a acuerdos puntuales para paliar esas extremas necesidades del pueblo, también es una actitud criminal.

Los 194 países que conforman el globo terráqueo plantean que el único camino para resolver la crisis en Venezuela es a través del diálogo, la negociación política y el voto.  No acudiendo a intervenciones militares como lo aspiran el G4 y Guaidó, lo que ahora se conoce como el extremismo opositor.

Los factores realmente democráticos de este país: partidos políticos, instituciones de la sociedad civil, Iglesias, gremios, sindicatos y ONGS deben cerrar filas en torno a una salida negociada y desmarcarse de otras vías aventureras. Ejercer presión sobre los líderes de oposición para que retomen la vía del diálogo y la participación electoral.

Hay que negociar una salida hoy, pues el gobierno autoritario que tenemos va directo a convertirse en totalitario y si permitimos que eso suceda, estaremos condenados a vivir 60 o más años en esta pesadilla, al igual que Cuba.

@joserioslugo

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