Nadie sobra

16 de mayo, 2021

El acuerdo que condujo a la designación de un nuevo CNE, con participación de sectores del G4, la mesita y el oficialismo disparó los impulsos hacia un nuevo escenario. Atrás quedó el cese de la usurpación y el “con Maduro no se negocia”.
Todos los contrincantes buscan entrar en un nuevo aparato de partida hacia las elecciones.
Juan Guaidó y VP se sumaron, con la prisa necesaria para descontar su retardo, a una tendencia que comienza a presagiar una nueva mayoría.
 El plan de Salvación Nacional, al margen de reparos que tendrán su momento para procesarlos, debe apoyarse con fuerza porque es la integración de estos actores a un camino, accidentado y contradictorio, de entendimiento.
Todos los contendores partidistas, institucionales y sociales ajustan sus expectativas a la posibilidad de abrir soluciones políticas, pacíficas y negociadas. El ensayo para verificar las intenciones reales de cada participante son las elecciones regionales y locales. Su diseño pondrá a prueba la disposición del grupo dominante para modificar su propósito de perpetuarse en el poder a la fuerza y el de la oposición para sustituir la fracasada estrategia de derrocar al gobierno por la violencia.
No es aun el cisne negro, pero un fuerte deseo colectivo lo espera. Arribamos sorpresivamente al punto de mayor aproximación en: 1) Las fracciones de la oposición, con excepción de MCM, que se concentran en luchar por las mejores condiciones posibles para elecciones transparentes y voto libre. La diferencia ya no está en votar o no votar, sino en por cual elección comenzar. 2) La importancia del retorno a la diplomacia y la expectativa de flexibilización de sanciones ante acciones de liberalización del gobierno. 3) La significativa propensión de la población a considerar su retorno al voto. .4) Los esfuerzos por mantener la unidad del G4 ante la insostenibilidad de un poder dual simbólico, al borde de quedar fuera de servicio en materia de relación con la sociedad. 5) El aumento de los ciudadanos que se convencen de que la abstención no paga.
La descomposición gubernamental, su aislamiento y  el agravamiento de la crisis esta acabando con la sociedad, con el Estado, con el mercado, el gobierno y la oposición. Para salir del túnel autoritario, poner fin a la destrucción de país y crear puentes al futuro es necesario que las dos minorías que pugnan por el poder, metan el hombro para cambiar rivalidad generalizada por segmentos de cooperación para empujar allí en una misma dirección. Ninguno de estos dos campos, ambos divorciados de las necesidades de las mayorías, asegura por si solo, la reconstrucción del país con estabilidad.
Todos los actores están moviéndose de la defensa de sus posiciones a la defensa de sus intereses y de los esquemas rígidos a la mejor adaptación posible para detener el deterioro de sus bases de apoyo y resolver sus contradicciones internas. Se están delineando, aún vagamente, factores reformadores en la oposición y en el gobierno.
El éxito del país exige que la oposición recomponga con la mayor unidad posible su estrategia, una dirección más colectiva y su retorno a la relación con la gente. Dejar de lado la ilusión de que participar asegura un triunfo electoral y la idea vanguardista que excluyendo  a partes de la oposición se puede avanzar más.
Nadie sobra cuando el país nos necesita a todos.

@GarciaSim

 

 

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