Mercosur: ¿se desvanece?

2 de agosto, 2022

Por: Félix Arellano

La LX Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, ha tenido lugar en La Asunción Paraguay, el pasado 21 de julio; del evento apreciamos algunos resultados, varias contradicciones, importantes ausencias y una crisis estructural que se complica; el bloque se estanca y pierde credibilidad; empero, en sus 31 años de existencia, ha demostrado resiliencia, seguramente superará la grave tensión que ha dejado abierta el gobierno uruguayo, con su potencial negociación individual de un acuerdo de libre comercio con China.

Entre los resultados destaca la revisión de las actuales tarifas del Arancel Externo Común (AEC), inicialmente adoptado mediante la Decisión 22/94, conformado por 11 niveles, que oscilan entre 0 al 35%. Según los acuerdos alcanzados en la cumbre, la tarifa de 2% se reducen a 0 y las demás tarifas tendrán una reducción del 10%; por ejemplo, la tarifa del 4% se reduce a 3.6%.

La reducción de los niveles de protección ha sido una de las propuestas del gobierno de Brasil, desde que Jair Bolsonaro asumió la presidencia y a pesar de su ausencia en la reunión –por sus diferencias con el presidente Alberto Fernández de Argentina y el rechazo a la propuesta uruguaya de la negociación individual con China– se podría calificar como un éxito para su gestión; empero, la propuesta original de reducción que proponía Brasil era de 50%.

El tema del AEC es complejo y tiene historia, veamos algún detalle fundamental que ilustra contradicciones. Han pasado un buen tiempo discutiendo la reducción del arancel, que los críticos califican como «poco común», pues varios sectores no han sido incluidos en el AEC, es el caso del ámbito automotriz, los bienes de capital, la informática, el azúcar y parte del sector textil; además, se mantienen las listas nacionales de excepción al AEC, de cada país miembro.

En ese contexto, se podría asumir que en el fondo avanza la tendencia de eliminar el AEC; empero, tampoco logran consolidar la zona de libre comercio, pues no abordan a profundidad los problemas de acceso al mercado, en particular las medidas para arancelarias y no arancelarias, que limitan la liberación comercial.

Otro resultado interesante ha sido la conclusión de las negociaciones del acuerdo de libre comercio con Singapur, proceso que inició en el 2019, y queda pendiente la fase de ratificación en cada uno de los países. Pero el acto resultó opacado, pues al formar parte de la agenda de las negociaciones internacionales, la información del gobierno uruguayo, de haber concluido las consultas técnicas informales con el gobierno chino, para iniciar, de forma individual, la negociación de un acuerdo de libre comercio con ese país, acaparó la atención y agravó la crisis del bloque.

Los otros tres países, particularmente el gobierno de Argentina, rechazan la posición uruguaya, pues rompe con la dinámica de la unión aduanera, ya que las negociaciones con terceros países se deben efectuar en bloque, tal como lo establece la Decisión 32/00 y ha sido la práctica hasta el presente. Pareciera que el gobierno uruguayo actúa según el criterio: «el que informa, no traiciona», pero confirma el deterioro de Mercosur, como pivote de un proyecto estratégico para lograr una inserción más eficiente en la economía global.

Conviene recordar que el presidente Alberto Fernández de Argentina, ha cuestionado en varias oportunidades la amplia y ambiciosa agenda de negociaciones internacionales de Mercosur que incluye a: Canadá, Corea del Sur, Singapur, EFTA (Islandia, Liechtenstein, Noruega, Suiza). En el marco de este tema, también debemos recordar que el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE), firmado en el 2019, luego de varios años de negociación, aún está pendiente de ratificación por las instancias europeas; empero, los críticos están creciendo con el paso del tiempo.

En rechazo al planteamiento uruguayo, el presidente Bolsonaro, en campaña electoral para su reelección, no asistió a la cumbre, ausencia significativa por la relevancia de Brasil desde la creación de Mercosur y, complicó la situación que se sumaron las ausencias de los presidentes de Chile y Bolivia, países asociados al bloque.

Pudiera el presidente Bolsonaro estar reeditando su campaña electoral anterior, en la que inicialmente calificó tan negativamente al Mercosur, que dejo la incertidumbre del potencial retiro del bloque, la situación fue calmando en el ejercicio del gobierno, pero con un permanente desinterés, para algunos, menosprecio por el bloque.

El presidente argentino pareciera asumir una posición opuesta a Brasil, con un discurso integracionista, pero cargado de retórica. Un discurso repetitivo en la región, cargado de emotividad, pero con poca o ninguna aplicación práctica. Adicionalmente, el gobierno argentino rechaza la agenda de inserción internacional y básicamente promueve el proteccionismo de mercado, con una política macroeconómica discrecional y errática, que no está beneficiando a su país, ni al Mercosur.

Otro resultado sorprendente de la cumbre, ha sido el rechazo a la participación electrónica del presidente Volodimirr Zelensky de Ucrania. Obviamente no se logró la unanimidad, requisito en la toma de decisiones del bloque. Una situación lamentable, pues ante la irracional invasión rusa de Ucrania, que violenta la normativa internacional, no se puede ser imparcial.

No rechazar categóricamente la invasión, representa un precedente peligroso para los países en desarrollo, pues favorece la ley de la fuerza en el ámbito internacional, un escenario en el que nuestros países no tiene nada que ganar.

No resulta tan difícil imaginar los votos negativos, solo tenemos que recordar que el Presidente Fernández, en su visita relámpago a Moscú, camino a China, en febrero de este año, le planteó al presidente Putin, que Argentina «sea la puerta de entrada» de Rusia en la región y, el presidente Bolsonaro visitó Rusia, también en febrero del presente año. En ambos casos ya iniciada la invasión a Ucrania.

La cumbre deja otra tensión abierta con Uruguay. Conviene recordar que en la cumbre anterior el presidente Fernández le planteó al presidente Luis Lacalle Pou de Uruguay, que evaluará la pertinencia de su participación en el bloque.

Desde hace varios años el Mercosur entró en un proceso ideológico que lo ha estancado, desplazando sus objetivos fundamentales, no ha logrado consolidar: la zona de libre comercio, la unión aduanera y el mercado común

En el fondo subyacen visiones disimiles sobre la estrategia económica, la inserción en el proceso de la globalización, el papel del bloque en el contexto de la geopolítica mundial, incluso sobre el escabroso tema de la soberanía. Los discursos integracionistas se mantienen y se multiplican en las cumbres, pero la realidad se presenta paradójica y la desintegración se impone.

La crisis del Mercosur exacerba la fragmentación de la región, en un momento que las amenazas externas –tan diversas, complejas e intensas– exigen de una mayor y más eficiente integración. El creciente cuestionamiento a las cadenas globales de valor, le abre espacio a lo regional, empero, nos encuentra en permanentes contradicciones, que se han exacerbado con los proyectos populistas y autoritarios que se están imponiendo en la región.

 

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