¿Me permiten un par de objeciones?

25 de agosto, 2019

A la revista digital POLIS – censurada por Facebook por incomprensibles razones – llegaron recientemente sendos artículos de autores a quienes por su ponderación y capacidad de análisis guardo personal estimación. Me refiero a Trino Márquez y a Simón García.

Dos artículos coincidentes en diversos puntos con los cuales el autor de esta páginas en muchas de sus líneas también coincide. Entre ellas: a) La necesidad de poner en forma un centro político frente a dos extremos, uno representado por el régimen y el otro por una fracción descentrada de la oposición (golpista e invasionista) b) La necesidad de restablecer una relación entre objetivos y rutas c) La necesidad de incentivar el diálogo como medio de comunicación política y d) La defensa del liderazgo frente a los brutales ataques que Guaidó recibe de ambos extremos.

En diversos textos me he expresado sobre esos puntos. Con respecto a la formación de un centro político he señalado que hay que diferenciar entre un centro geométrico formado espontáneamente por la aparición de dos extremos, de un centro partidario formado por partidos o iniciativas que se dicen de centro, y una centralidad hegemónica que surge del reconocimiento de las vías más adecuadas al momento político en que se vive.

Con respecto a la relación objetivo-ruta, he planteado que el mejor camino para destruir una alternativa es trazar objetivos sin ruta. Que proponer una triada en donde la celebración de elecciones aparece en último lugar mientras en primer lugar es propuesta una insurrección (cese de la usurpación) ante la que no existen medios para llevarla a cabo, linda con la irresponsabilidad política tal como fue demostrado en ese funesto y aventurero 30-A.

Con respecto al diálogo político, he planteado su imperiosa necesidad, siempre y cuando ese diálogo involucre al único tema sobre el cual se puede dialogar, a saber, el de la fecha y tipo de la agenda electoral. He agregado además que un diálogo puede ser en su contenido, secreto, no así en su temario. Y he enfatizado que cualquier diálogo no debe paralizar las iniciativas ciudadanas orientadas a apoyar justamente a las posiciones de los representantes que dialogan.

En esos tres puntos las coincidencias con los autores García y Marquez (no confundir con García Márquez) han sido más que las diferencias. Sobre el cuarto punto, el de la la defensa del liderazgo, creo, sin embargo, que debo hacer un par de objeciones.

Debo antes manifestar mi pleno acuerdo con Simón García cuando escribe que Guaidó y lo conseguido durante su era oposicionista representa un gran capital político que no se debe dilapidar. El renacimiento de las esperanza después de la anomia política aparecida como consecuencia de la abstrusa abstención del 20-M, la identificación de Guaidó con la AN, elegida electoralmente por el pueblo, la solidaridad internacional anti-Maduro, son hechos inocultables. De ahí que el problema hay que plantearlo de otro modo: ¿cómo impedir que ese capital político sea dilapidado?

Del mismo modo no se puede sino estar de acuerdo con la necesidad de proteger a Guaidó de las sectas rabiosas que lo acosan las que, pese a ser minoritarias, ocupan espacios que ocupó el centro político hasta el 20-M. Pero ahí también hay que plantear el problema de otro modo ¿qué política levantar frente a una fracción que ha hecho de la agresión a Guaidó su programa y su doctrina?Tengo la impresión de que ambas preguntas están entrecruzadas. Para responderlas será necesario, por lo mismo, responder a otra pregunta previa: ¿qué significa el liderazgo de Guaidó?

Imitando el estilo de Max Weber, podemos distinguir dos tipos de liderazgos: uno de tipo arcaico o mesiánico y otro de tipo moderno o político. De acuerdo al primero, un líder lo es porque porta un carisma que le viene de la tradición, líder al que se supone poseedor de poderes sobrenaturales (es el caso de los líderes religiosos). De acuerdo al segundo, el liderazgo de tipo político es ejercido cuando el líder representa a intereses, a veces contrarios entre sí, pero que el líder está en condiciones de conciliar gracias a su capacidad de mediación. Ahora, independientemente a que vastos sectores de la población vean en Guaidó un líder arcaico al que hay que seguir simplemente porque el destino lo puso ahí, su liderazgo es moderno, vale decir, de tipo representativo. Y aquí se plantea el problema serio: ¿Qué hacer si ese líder deja en algún momento de representar los intereses e ideas de la mayoría de sus seguidores? Márquez no da respuesta a esa pregunta: afirma simplemente que hay que apoyar al líder sin cuestionar su política. García en cambio ofrece una alternativa: la de intentar presionar o convencer al líder para que, en lugar de representar posiciones extremistas que provienen de su propio partido, represente a las del conjunto de la oposición. Evidentemente, aquí podemos entrar en un círculo vicioso.

Por una parte, los partidos de la oposición que no creen en salidas extremistas no se oponen ni critican al líder para que este no vea lesionado su liderazgo, hecho que explica por qué los dirigentes de la mayoría de los partidos de la oposición han guardado hasta ahora un silencio estridente frente a los principales dilemas políticos de la nación. Por otra, al no proclamar abiertamente sus propias alternativas políticas, despolitizan, no solo a la oposición sino al propio líder. Y de este modo dejan desprotegido políticamente a Guaidó frente a los ataques de la oposición rabiosa que concentra toda su agresión no en la política sino en la persona del líder. La pugna entonces se transforma en un infructuoso “abajo Guaidó/viva Guaidó”. Con esto queremos decir que la mejor alternativa para proteger a Guaidó de sus enemigos de ambos lados es la de re-politizar a la oposición levantando un debate político en contra de los dos extremos.

Al fin y al cabo no hay mejor modo de desarticular a la oposición rabiosa que convertir los debates personales en debates políticos. El debate debe ser: o seguir en la política de las aventuras que convierten a institutos armados y a gobiernos extranjeros en sujetos políticos (y al pueblo en objeto) o convocar a la ciudadanía hacia la reconquista de su principal derecho: el de elegir a sus representantes. Todo lo demás es paja.

Al fin y al cabo puede haber política sin líderes. Lo que no puede haber es líderes sin política.

La oposición venezolana alcanzó sus mayores victorias (2007, 2015) en momentos en los que careció de liderazgo personalizado. Naturalmente, la situación ideal sería la de un movimiento político representado por un líder dispuesto a recorrer las rutas más reales y no las más imaginarias. Entre ellas la más real de todas, la de liderar las luchas por elecciones libres no solo para conseguirlas, sino como un medio que es un fin a la vez: el de organizar políticamente a la ciudadanía sin cuya participación todo liderazgo está destinado a desaparecer. Pero para que eso ocurra no hay que esperar a que Guaidó lo decida, sino todo lo contrario: hay que crear las condiciones para que Guaidó pueda, incluso deba, decidir.

  1. En medio de ese clima nublado que inunda a la oposición venezolana me parece advertir una luz. Veo a Mercedes Malavé, dirigente del histórico COPEI, caminar por las provincias, barrios y pueblos de su patria. Ella intenta recuperar la impronta de inspiración cristiana que fuera identidad de su partido, traduciendo las grandes ideas del social cristianismo en un lenguaje sencillo y perceptible, sin caer en beaterías, ni rezando, ni asistiendo a procesiones a la virgen de no sé cuanto. Para ella el nombre del liderazgo dista de ser el tema central. Habla y actúa con plena independencia, como debe hacer un líder de toda organización política. No se pronuncia ni a favor ni en contra de Guaidó. No es su tema. Simplemente escucha y habla sin apartarse un solo centímetro de la realidad que la rodea pero siempre pensando a nivel nacional. Es una luz. Diminuta, frágil como es ella. Pero brilla.

Referencias. 
Simón García – BARBADOS CON CORAZÓN 
https://polisfmires.blogspot.com/2019/08/simon-garcia-barbados-con-corazon.html
Trino Márquez – ENTRE EL CENTRO POLÍTICO Y LA FIRMEZA    https://polisfmires.blogspot.com/2019/08/trino-marquez-entre-el-centro-politico.html

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