Marx como Lutero

13 de junio, 2021

Cuando el monje Martín Lutero clavó en una puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg El Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias -mejor conocido como las 95 tesis– corría el año 1517. Con ese evento procuraba el agustino, quien además era profesor de teología de la Universidad de Wittenberg, producir un debate académico para la revisión de la iglesia Católica y su desempeño al inicio de la Era Moderna, porque era ostensible que se iba imponiendo en el mundo occidental, luego de la caída del Imperio de Oriente, una corriente de pensamiento antropocéntrico que descansa en el poder de la razón humana para acceder al conocimiento del mundo, a través de la actividad intelectual y de la experiencia, en contraposición de la conducta humana decidida por unas verdades, reveladas solo para algunos, desde la cúspide del poder religioso. El racionalismo y el empirismo comenzaban a ser contraparte del oscurantismo medieval, y el conocimiento pasó de los libros sagrados manuscritos por copistas religiosos a la divulgación de ideas masivas de carácter seglar. Se vencía el oscurantismo y se iniciaba el Renacimiento.

Para ese momento la iglesia Católica, resentía en su poder terrenal los nuevos aires que recorrían Europa y veía en peligro su supremacía de control, nacida de ser los portadores de la verdad “absoluta” que les permitía controlar toda área de acción humana espiritual e intelectual. Sumado a esto la iglesia occidental veía una oportunidad para recuperar influencia en el oriente pues había caído el imperio bizantino y la iglesia desde Roma intentaba recuperar el terreno perdido desde el Cisma de Oriente, pero todo esto en medio de escandalosas muestras de su poder terrenal a través del boato, el fasto, el lujo y los excesos que fue conduciendo –para su financiamiento- a validar la simonía como modo de obtención de recursos: se vendía la remisión de la culpa a quien pudiera pagarla.

Es ante esa situación que Martin Lutero, lanza al mundo sus tesis desde el ámbito académico teológico, consciente de la crisis en la iglesia y proponiendo un debate para reencauzar su misión y su conducta en el mundo, sin embargo, no fue escuchado, sino que fue desestimado en sus argumentos. La iglesia Católica se cerró violentamente ante su propia realidad, que, en la pluma de Lutero, pedía una revisión del sistema religioso, de su gobierno eclesiástico, de la separación del poder espiritual del poder civil y que la salvación no era exclusiva para los fieles bajo la autoridad papal. Como respuesta se excomulgó a Lutero, se lo trató como hereje y apostata, y se le convirtió en un prófugo del poder civil. Ese cerramiento de la iglesia Católica a revisarse y a redefinir su misión la fracturó de manera irremisible.

Pues bien, parece que hoy la iglesia Católica enfrenta de nueva cuenta otra crisis de proporciones similares a la luterana y podría encarar el cuarto cisma de su historia. Como si de un ritornelo se tratase, esta escisión se estaría gestando en Alemania donde el cardenal y arzobispo de Múnich Reinhard Marx, le ha presentado su renuncia al papa Francisco aun cuando todavía no cumple los años reglamentarios, pero alegando que las investigaciones sobre abusos sexuales han mostrado mucho fracaso personal y errores administrativos aun cuando él esté exento de acusación alguna, ni por acción ni por omisión. Marx dice sentirse corresponsable como miembro de la iglesia de la catástrofe de los abusos sexuales en las últimas décadas, y sostiene que la resolución de abandonar el cargo tiene como fin dejar «un signo personal« para que se produzca «un nuevo comienzo« en una iglesia que ha llegado a «un punto muerto«; y es que la iglesia en general, y en particular la alemana, están conmocionadas: los escándalos de abusos sexuales se parean en intensidad y desprestigio con la venta de las indulgencias que denunciaba Lutero.

La Iglesia alemana parece estar desarrollando sus propias “tesis”.  Desde al año 2019 con el cardenal Marx como responsable de la conferencia episcopal se dio inicio a lo que se llama el “camino sinodal” que reúne a los obispos y a muchos otros actores de la sociedad civil en discusiones periódicas y continuas para disertar sobre los temas que aquejan a la sociedad moderna y a la iglesia Católica, tales como el sacerdocio, el clericalismo, la moral sexual y la mujer. Un signo de la innovación es que, entre las 4 personas que forman su directiva, hay dos obispos y dos seglares, uno de ellos mujer.

Francisco, consciente de los nuevos tiempos que corren y de la crisis en el seno de la iglesia, ha rechazado la renuncia, y no por solidaridad automática, sino que intenta conjurar el cisma. El papa comulga con la necesidad de revisar la misión de la religión católica, pero sabe que vistos los resultados de la intransigencia frente a Lutero no es inteligente apartar a los reformadores, sino que quiere darles cabida e ir teniendo la posibilidad de morigerar los desvíos que pudiesen darse en el proceso de mudanza. No puede permitirse Francisco el lujo de convertir a este Marx en otro Lutero; y está tan consciente de las semejanzas que usa la palabra “reforma” seis veces en su carta de rechazo a la renuncia del obispo teutón, a quién le dice que el abandono de la responsabilidad no es la solución porque ninguno de los dos puede “esconder la cabeza” como el avestruz;  aprovechado también para recordarle  que “de una crisis se sale o mejor o peor, pero nunca igual”, y que de las mismas solo se emerge juntos, “comunitariamente”.

Finalmente, el Obispo de Roma lo invita fraternalmente (“hermano tuyo que te quiere”) a que juntos afronten la realidad, pues sabe que mucha sangre y dolor se hubiese evitado si Lutero hubiera transitado su camino de reforma con una iglesia dispuesta a revisarse. Francisco está consciente -y la experiencia así lo indica- que la mejor manera de afrontar la reforma y hacer los cambios es oyendo al otro, y teniendo ojos y oídos atentos a esa realidad.  Para concluir Francisco le aconseja: “pensá en lo que sintió Pedro delante del Señor cuando, a su modo, le presentó la renuncia: “apártate de mí que soy un pecador”, y escuchá la respuesta: “pastorea a mis ovejas”” renovándole a Marx la invitación a seguir juntos en el camino de reforma de la iglesia poniendo en “juego la propia carne” y no como “ideólogos de reformas”

 

@rodolfogodoyp

 

 

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