Maduro solitario. Jean Maninat

12 de enero, 2019

“El gobierno está solo internamente, y cada vez más aislado internacionalmente”.

El 10 de enero, en la estricta intimidad de los suyos –unos de civil, otros de uniforme–, ante la mermada presencia de los náufragos del ALBA y los siempre atentos acreedores chinos, rusos y ahora turcos, el régimen celebró, a puertas cerradas y afuera del hemiciclo parlamentario donde le correspondía, la continuación del gobierno más nefasto que ha conocido la historia republicana de Venezuela.

¿Dónde estaban celebrando los votantes del oficialismo el día de la toma de posesión de Nicolás Maduro? ¿Por qué la ciudad lucía muerta en un día de supuesto festejo para quienes votaron por él? El menos avezado de los enviados especiales de la prensa internacional habrá recordado los baños de masas que acompañaban al difunto comandante galáctico en cada una de sus presentaciones de calle, el fervor inducido a punta de carisma asistencialista. No queda ni siquiera para el remedo.

El proyecto del socialismo del siglo XXI se redujo a consignas que se desvanecen descoloridas en los muros de los míseros barrios del país. Sus habitantes, los supuestos depositarios de los logros del “proyecto”, son quienes más sufren los efectos de sus alocadas políticas económicas y su falta de pericia para medianamente gobernar el país. No hay nada que celebrar, salvo el milagro de que los productos prometidos por la nomenclatura gobernante aparezcan en los mercados para gratificar las interminables horas de espera que marcan la vida de millones de venezolanos.

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