Los unos contra los otros

27 de junio, 2021

Por: Simón García

Después de veinte años de gobiernos chavistas, que pesan como un siglo de atrasos, la destrucción acumulada no tiene comparación. Mayor que la guerra de independencia, que al costo de la devastación de la economía y la población, rompió la subordinación imperial y comenzó la fundación de nuestra nación.

En nuestro catálogo de calamidades, nunca habitó una dislocación tan enorme de prácticamente todas las estructuras fundamentales del país ni tanto extravío de cosas y actores.
La pérdida o el déficit del sentido país separa a las tribus políticas y a un mundo intelectual entretenido en sus pompas. En la población, unos se marchan y otros sobreviven a fuerza de asirse a los recuerdos o a la ilusión en desenlaces heroicos.

Desarmados de ideas y proyectos de futuro; metidos en la trampa de que el fiat democrático sólo puede existir después de Maduro; cediendo deberes ciudadanos, nos hemos ido desgranando en tantas fracciones como ambiciones o satisfacciones de rebaño nos queden. En la hilera de las tentaciones nos acecha el pensamiento único, cada vez que permitimos que a nuestras ideas las interfieran los moldes conceptuales hechos por el poder que combatimos. Para rebanarnos en más parcelistas, la autocracia usa los insultos, descalificaciones, necesidades y discriminaciones que disparamos contra los otros. Porque en la fortaleza que dispone el juego, saben que Nos y otros somos los mismos.

A los millennials venezolanos no supimos transmitirles una cultura democrática, ni ofrecerles una práctica cívica. Sin liderazgo político y cultural inspirador sus ideales y su coraje se debilitaron. Dieron un paso al costado ante la nube de improperios que a ras del suelo se intercambiaban unos dirigentes, en los que costaba distinguir, como en las antiguas películas de vaqueros, a los muchachos de los bandidos. Es como lo veo, a riesgo de ser blanco de nuestros previsibles hooligans criollos, empeñados en volver migajas dudas y argumentos distintos a los suyos.
Mientras con disimulada tranquilidad, el aparato oficialista pasea sus garrotes por el barrio, para intimidar. Y nos dejan distribuir frustración puerta a puerta.

Necesitamos cambiar, comprender que el otro opositor no es un enemigo. O mejor dicho, asumir que el otro es un competidor de influencias y tomar como carta de desafío una mejor propuesta, un organizado compromiso con el prójimo social que se ahoga ante la indiferencia de los que observamos desde la orilla. Y poniendo sobre la mesa, logros.

Ningún equipo sin unión con otros, podrá unificar a los venezolanos o reconstruir la institucionalidad, la justa convivencia o el bienestar. Para llenar el hueco necesitamos cinco ingredientes: 1) Actuar como una comunidad de ciudadanos imperfectos y diferentes, 2) Aportar a un mismo pote de intereses comunes, 3) Salir de la burbuja de la política como fin de si misma y ser consecuentes con la gente, 4) Atender a los náufragos, sean del barco que sea, 5). Apoyarse en las instituciones que dan esperanza como la Iglesia y los nuevos sujetos de la producción y el trabajo.

A las almas que aún rechazan la negociación y la participación en las elecciones, recordarles la fábula de Antístenes que menciona Aristóteles en el Libro III de La política. Para ubicar a los alzados conejos, bastó una pregunta de los leones: “¿Donde están vuestras garras y colmillos?”.

A la autocracia, aunque perdiendo colmillos, le quedan garras. Si trasladamos a los votos, el uno contra los otros, será solo suerte para un demócrata robarse la tercera y llegar a home. Unos y otros volveremos a perder.

 

@GarciaSim

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

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