Los sádicos actuando

14 de abril, 2021

Nunca habíamos sentido con tanta intensidad la amenaza de muerte que se cierne constantemente sobre nosotros. No es nueva la noticia de la precariedad en la que se encuentra todo nuestro sistema de salud. Los hospitales que otrora fueron hasta referencia internacional, como lo fue El Algodonal para las enfermedades del pulmón, se encuentra en cierre técnico. Las clínicas privadas abarrotadas y sumamente costosas, no todos tenemos acceso para cubrir esos gastos. En mi edificio varias familias se contagiaron. Entre ellas un señor mayor y la persona que lo cuida. Ella fue llevada al hipódromo donde parece que colocaron unas carpas y él a una clínica donde está siendo atendido. Es terrible observar estos destinos con una misma afección de salud en un gobierno que se vendió como socialista.

Nuestras vidas en sus manos y ellos jugando a ser dioses. Nosotros rogando para que acaben de traer las vacunas, que no se avizoran por ninguno de las fronteras que no sirven de prisión. Venezuela es un gran campo de concentración solo falta la construcción de muros físicos que hagan mas visible la impotencia para remediar la hambruna y la enfermedad. Estamos separados de toda posibilidad y trascender esas fronteras que nos unirían a la vida nuevamente requeriría de un gesto heroico. Un gesto como el que nos ilustra la tragedia de Sófocles, Antígona. No se implora, al poder asesino se emplaza a riesgo de igualmente morir. Nunca tan evidente el carácter gansteril de los usurpadores.

Freud vio con claridad los mecanismos de la psique humana para poder preservar la vida y no terminar matándonos. Observar la ley, única vía para poder vivir en sociedad y organizarnos. La ley que fijan los convenios colectivos acordados, pero también las leyes éticas. Unas leyes que nos son impuestas desde afuera y las otras que introyectamos como guías de nuestras conductas. Quedar atravesado por las leyes provoca un vacío existencial con el cual tenemos que vivir siempre y que nos condena a la tragedia. Pero cuando no aceptamos el monto de malestar intrínseco e inevitable, taponeamos ese agujero y nos creemos completos, nos creemos dioses. Dioses para decidir quien vive y quien no y dioses para sentirnos superhéroes con capas y estrellarnos en la primera barrera atravesada.

Este horror que hoy vivenciamos en toda su crueldad es nada menos que el “goce” que teorizó Lacan. Pero la salida que estamos viendo con mayor claridad es el escape a través de las creencias sin ninguna evidencia en realidades: “ten fe” claro deténgase ahí y no esté preguntando ¿fe en qué? porque será catalogado como pájaro del mal agüero. Estas creencias poseen la función de taponear el tremendo agujero del que padecemos y aminorar el malestar hasta que su vecino se enferma junto a la señora que lo cuida porque su familia está fuera del país. Taponeamos el malestar y corremos a las falsas iglesias a rogar con rezos susurrantes. Recuerdo cuando chiquita acompañaba a mi mamá a la iglesia y escuchaba el susurro de los rezos de mujeres arrodilladas y vestidas de negro. Causaban una especie de fascinación malsana en mí, no podía dejar de contemplarlas y hacerme toda clase de cuentos en mi cabeza. Así veo hoy a mi país, de luto y susurrando oraciones por nuestras vidas.

Me decía si tanto perdón tienen que pedir es porque han pecado y me hacía todo tipo de cuentos. Saben que imaginar no es pecado o si, ya no sé. Si hay que poner límites, si hay que sancionar es porque el crimen existe. Ser irreverente, saltar las leyes, burlarlas que ha sido uno de nuestros hobbies predilectos, es haber vivido siempre retando el peligro hasta que se hace evidente y asalta. Es impensable concebir una vida en sociedad sin leyes que se respeten y sin valores. Estamos sin ley y sin Dios como una vez escribí. El Goce lacaniano es sufrimiento. No hay leyes absolutas sino la ley del exceso, la imposición de lo inaceptable, la propia ley que trasgrede la condición humana como queda tan bien ilustrado en Antígona. Esas tragedias griegas, primeras reveladoras del infierno inconsciente. El sádico actuando en el sacrificio colectivo a su goce. Nos falta esa voz clara, firme, sin titubeos ni retrocesos que tuvo Antígona para oponerse al poder déspota de Creonte.

 

@MarinaAyala10

 

Blog de Marina Ayala, Marinando Ideas: http://marinandoid.blogspot.com/

 

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