Los hombres duros no bailan

28 de marzo, 2021

 

El documento Estratregia general de seguridad (2017), del anterior gobierno norteamericano, trata a Rusia y China como un bloque (las llama “poderes revisionistas”), lo que debe haber hecho saltar a Kissinger. Arroja luz sobre la óptica norteamericana y las alianzas globales. La lucha antiterrorista deja de ser prioridad, en una transición mundial conflictiva y difícil que exige frialdad en el análisis. La multipolaridad de los nacionalismos fenece con la Segunda Guerra.

Nace la bipolaridad de la Guerra Fría, entre dos bloques ideológicos antagónicos, dos modelos de sociedad que querían destruirse recíprocamente. Al desastre del comunismo, adviene el mundo unipolar que analizó Fukuyama, y que se tomó por el triunfo de la democracia y la economía abierta. Hoy regresa la multipolaridad con dos superpotencias, EEUU y China, unas secundarias, Europa, Rusia, Japón, India y poderes regionales influyentes.
Varios polemólogos, estudian la tendencia histórica a que las potencias emergentes desafíen las dominantes, como el auge de Atenas confluye en la guerra del Peloponeso con Esparta. Vladimir Padrino publicó La Escalada de Tucídides (2020) que es como el sabio griego llamó al fenómeno. Se teme un choque militar EEUU y China, aunque la guerra convencional mutó en guerras económica o informática, pero incontables casos en la historia confirman la teoría de Tucídides.
Relaciones peligrosas
Aun así, variables actuales tienden a evitar desenlace tan siniestro. Ninguna de las dos potencias buscaría racionalmente colapsar la otra porque caerían ambas y la economía planetaria, el aparato productivo global. Además, los arsenales atómicos son disuasivos con demasiados megatones para ignorarlos. La URSS y China estuvieron durante comienzos de los sesentas al borde de la guerra y Kissinger entendió que occidente debía estar más cerca de cada una, que ellas entre sí.
Por eso insertó a EEUU en esa brecha. Fortaleció la “detente” con la primera y dio el salto inesperado y espectacular de establecer relaciones entre la democracia norteamericana y el maoísmo, el mayor genocida de la historia. Eso previno una alianza entre las dos potencias comunistas y ralentizó la virulencia de la Guerra Fría. URSS y China rabiaban mutuas afrentas históricas, ahora atenuadas por acciones de Occidente.
Rusia es uno de los mayores espacios territoriales sub poblados del planeta, y ha sufrido de temor demográfico a su vecino. Mientras en los límites con Manchuria hay unos 15 millones de habitantes, China tiene 100 millones. Hoy arrebató a Rusia (también a EEUU) la tradicional influencia en Asia Central con el tratado de libre comercio RCEP (dic.2020)
Lo firmaron Japón, Surcorea, Myanmar, Laos, Cambodia, Indonesia, Singapur, Filipinas, Malasia, Brunei, Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Vietnam, la zona de crecimiento económico más rápido en el planeta y hasta hace poco, sede de la mitad de la pobreza planetaria. La Ruta de la Seda erradica la influencia de Rusia también del Ártico, y ésta transfiere desde hace unos años su alta tecnología militar a China en prueba de confianza y admisión del liderazgo.
El rostro impenetrable
Luego de tener amigos íntimos en Gorbachev y Yeltsin, la llegada de un ex agente de la KGV, arrogante, de rostro duro y mirada de hielo, una especie de Clint Eastwood, occidente podía temer una resovietización. Vladimir Putin triunfa en 2000 con la idea de recuperar el orgullo ruso del desastre de la URSS y eso debió despertar reticencias y antipatías de EEUU y Europa. Pero su estrategia era correcta y después de veinte años tiene amplio respaldo electoral y más de 70% de apoyo.
Dio señales de aproximación a EEUU y Europa, y tal vez esperaba una recepción distinta. En 2001, Putin apoya la invasión a Afganistán, con una sonrisa socarrona de “te lo dije” para recordar que la CIA entrenó, asistió y armó a los afganos cuando Rusia los invade, e incluso Stallone les hizo un Rocky. En 2004 Putin presta sus bases militares en Asia central para la invasión a Irak. Pero las revoluciones de colores en 2002-2005, promovidas por EEUU, deben haberlo preocupado.
El dominó derrocaba gobiernos y podía llegar a Rusia. Pero el golpe decisivo a las relaciones entre occidente y Putin, fue la explosiva incorporación de Ucrania-Crimea y Georgia a la Unión Europea. Sebastopol era una ciudad autónoma dentro de Crimea, pero administrada por Rusia bajo litigio internacional, y uno de los cuatro puertos rusos estratégicos, donde surta nada menos que la Flota del Mar Negro.
Era demasiado simple pensar que podían “quitársela” según las quinielas del Euromaidán y Víctor Yanúcovich. Ese traspiés de 2014 condujo al contragolpe obvio: Rusia anexa Crimea, posiblemente el episodio final para entregarse en brazos de China y amachimbrar sus intereses. Tal vez influido por Kissinger, Trump suavizó el trato con Putin pero lo hizo tan mal que mejor no lo hubiera hecho. Y luego de la declaración de Biden y la respuesta de Putin, no hay de que alegrarse.

@CarlosRaulHer

El Universal

 

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