Las condiciones

21 de marzo, 2021

En la primera línea del segundo, de los nueve ensayos que integran el libro El alma común de las Américas, el maestro José Manuel Briceño Guerrero, dice: “el lenguaje ejerce un poderoso influjo sobre el pensamiento”.

Parece ratificarlo el vigor con el que hablan contra si mismas las fracciones de nuestra oposición que se piensan distintas y el encono con el que se dispersan sus partes. Se puede intuir, más allá de la relación lenguaje/pensamiento, que el fracaso es el big bang de esta realidad.

La caótica separación opositora está llegando al límite en el cual el abismo nos impele a lanzarnos hasta su fondo o dejar de mirarlo. La división es la derrota inevitable de una oposición cuya eficacia conjunta tiende a cero.

Si nos mantenemos, hundidos y estúpidamente complacidos, en nuestras diferencias jamás saldremos del hoyo. Cuesta abajo en la rodada, tardaremos en comprender que, separados, todos comenzamos a operar como soportes de la perpetuación del régimen. Podemos ignorarlo, pero la descomunal reyerta sobre por qué denominar régimen a lo que otros proponen que designemos como dictadura, evidencia nuestra genética predisposición a evitar estar unidos.

Tenemos años despreciando la unidad, habilitando argumentos para enfrentar a los que quieren votar con los que quieren elegir; a los que dicen luchar contra la dictadura con los que dicen luchar contra la autocracia; a los que colaboran con Maduro por acción con los que lo ayudan a que obtenga victorias por omisión. En fin, demócratas puros contra impuros, reduciendo a juicios morales una contienda que se basa en la terca relación de fuerzas.

Es imposible continuar lacerando la unidad. La comunidad internacional nos manda a parar este debilitamiento y pide que nos concentremos en negociar con Maduro una transición. Nos llama a generar la presión interna necesaria para acordar un proceso de elecciones que concluya en una presidencial libre, justa y con resultados verificables. Es obvio que no podemos repetir el error estratégico de comenzar por el final, sencillamente porque la parte que tiene la sartén por el mango no aceptaría el acuerdo.

Hay que bajar la lucha por la palabra condiciones de su pedestal abstracto, desmenuzarla con pensamiento concreto sobre lo que significa y aplicar abiertamente el regreso al voto.
Buscar las mayores garantías posibles para el ejercicio de ese derecho es la circunstancia indispensable para que haya acuerdo.Pero las condiciones no pueden ser enarboladas como un pretexto para escenificar una retirada ni, como me dijera una vez Henry Ramosen su oficina del CEN de AD, elaborarse como una lista de mercado.

Existen dos clases de condiciones. Las que hay que negociar entre gobierno y oposición para participar en las elecciones de gobernadores y Alcaldes, en cuyo resultado es decisivo lo que al régimen le convenga ceder. Y las que hay que negociar, entre las fracciones de la oposición, para compartir objetivos, rehacer la credibilidad en el voto, fortalecer la conciencia democrática, reunir fuerzas y proponer soluciones a las crisis y problemas que están acabando con la gente.

Ambas negociaciones requieren un cambio de estrategia y dos consensos internos: compartir la estrategia y lograr un mecanismo de dirección colectiva para ejecutarla eficazmente.
El tiempo obliga a resolver el dilema entre la política hablada como lo ideal maravilloso y la política pensada como arte para abrir rutas viables al cambio.

Hay cuatro condiciones inevitables a presentar:

1) Existencia de un árbitro confiable para todos,

2) Solución democrática a las decisiones judiciales sobre cambios de directiva y despojos de tarjetas en los partidos,

3) Observación imparcial,

4) Compromisos y facilitación internacional del proceso.

Esta podría ser una agenda para crear una mesa de decisiones, en la que la oposición se siente junta a concertar con la representación del gobierno. ¿Qué dicen?

 

 

@garciasim

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

 

 

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