Largo camino por recorrer y el carro sin encender aún

16 de febrero, 2021

Hay un arduo trabajo por hacer y un largo camino lleno de obstáculos que recorrer para poder lograr un cambio de los que detentan el poder en Venezuela, pero ya casi finaliza el mes de febrero y los dirigentes y partidos políticos siguen como jugando “la eres paralizada”. Parece que no hay nada, ni nadie que pueda hacerlos reaccionar. Ellos saben bien que hacer, pero simplemente no tienen la voluntad para hacerlo. Siguen pensando primero en sus pequeños, mezquinos intereses personales y partidistas por sobre los del país.

Mientras más nos tardemos en empezar el trabajo más tardaremos en lograr los objetivos. ¡Hay que arrancar ya! y no se observa que los dirigentes y partidos políticos trabajen en la reorganización y/o reconstrucción de sus organizaciones, al empezar a practicar la democracia interna y atender así el justo clamor de sus militantes de base. Sin organizaciones políticas bien organizadas, cohesionadas y sólidas será imposible lograr una transición a la democracia por la vía constitucional, pacífica y electoral en Venezuela.

Mucho menos se observa que las organizaciones políticas estén haciendo el trabajo “de hormiguita”, de salir a patear las calles de cada caserío, pueblo, barrio y ciudad del país, de punta a punta, como saben que deben hacerlo (y que no pongan de excusa la pandemia, pues cumpliendo normas de bioseguridad es posible realizarlo) para poder reconectar con ese pueblo que hoy no quiere saber nada ni de la política, ni de los políticos. Un pueblo que con sobradas razones no confía en políticos mediocres (con sus honrosas excepciones) que les fallaron, que le abandonaron a su suerte mientras solo se dedicaron a pelearse entre sí por el poder y aún hoy lo siguen haciendo.

Muchos dirigentes, respondiendo al típico razonamiento político, el cual se caracteriza por ser siempre distinto al del resto del pueblo, parecen no entender o lo que es peor aún “hacerse los suecos” respecto a que hay que empezar de cero. Y de que “al elefante hay que comérselo por partes”. Hay que ir quitándole poder al gobierno, poco a poco, a través de conquistar los espacios mediante el voto. Procurando ganar la mayor cantidad de consejos legislativos, gobernaciones, concejos municipales y alcaldías como sea posible, para así ir cercando al chavimadurismo enquistado en el poder y en 2024 disputarle la presidencia de la república con la fuerza necesaria para organizar al pueblo y motivarles al voto.

La ilusión del Revocatorio

Sobre el referendo del 2022, tengo mis reservas razonables que ya he explicado ampliamente en otros escritos y en las redes. Un año es muy poco tiempo para reorganizar a los partidos, reconectar con el pueblo, construir nuevos liderazgos regionales y rescatar la fe del pueblo en el voto como real instrumento de cambio. Habría que recoger más de 4 millones de firmas, que estas sean validadas por el CNE y luego de ello, tendríamos que sacar por lo menos un voto más que los 6 millones y pico que sacó Maduro en 2018 para poder revocarle. De hecho, muchos, muchos más para que sea imposible que desconozcan los resultados. Tarea que luce casi imposible frente a la desorganización de los partidos, la falta de consensos y la abstención posicionada en el venezolano.

En resumidas cuentas, ni los dirigentes, ni los partidos políticos están haciendo la tarea, lo que impostergablemente saben que deben hacer. Reconectar con el pueblo, ganarse nuevamente su confianza acompañándoles, escuchándoles, comprometiéndose a buscar y encontrar soluciones concretas a sus principales problemas cotidianos, así como convencerles de que la única vía para poder salir de esta pesadilla es utilizar esa fuerza en potencia que es el hecho de que por lo menos el 80% de los venezolanos rechaza al gobierno y quiere un cambio. Aprovecharla de la mejor manera posible, con el voto.

Tampoco los dirigentes y partidos políticos se han puesto de acuerdo en uno o varios planes, con sus respectivas estrategias, a desarrollar en el corto, mediano y largo plazo para desplazar del poder al chavimadurismo por la vía democrática. Y más distantes aún están de conformar con el pueblo un verdadero proyecto del país que queremos, alternativo al chavimadurismo. El pueblo debe ser protagonista con su participación en la construcción de ese proyecto para que lo sienta suyo y esté dispuesto a impulsarlo y defenderlo. Pero, de eso nada aún.

Mientras, eso que llaman la sociedad civil

La sociedad civil, que no es otra cosa que la ciudadanía organizada. Tímidamente, pero con gran decisión avanza hacia la conformación de una plataforma (prefiero llamarle convergencia de organizaciones de la sociedad civil) de: gremios profesionales, empresarios, organizaciones populares, sindicatos, iglesias, universidades, académicos, intelectuales, profesores, individualidades con influencia en el país y otros. Que pueden cumplir un papel clave ejerciendo presión sobre los actores políticos y las instituciones del Estado para impulsar cambios y solucionar problemas. Hacer valer en todo momento la voz del ciudadano. Eso sí, JUNTOS, PERO NO REVUELTOS, trabajar en alianza, en cooperación con los partidos políticos, pero cada quien en su espacio y cumpliendo su rol respectivo.

El Foro Cívico Nacional, es un buen punto de partida para lograr conformar esa convergencia de organizaciones de la sociedad civil que pueda coadyuvar a lograr encaminarnos hacia un cambio. Pero, ¡CUIDADO!, la sociedad civil no puede, ni debe sustituir el trabajo propio de los partidos políticos, que es la conquista de los espacios de poder para transformar realidades adversas, para impulsar y conducir el desarrollo de la nación desde dichos espacios de poder. Y la sociedad civil proponer, presionar y permanecer vigilantes (contraloría social) de que no se desvíe ese desarrollo social, el proyecto de país.

Mucho por hacer, largo camino por recorrer y el carro sin encender aún.

 

@joserioslugo

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

 

 

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