La ruta es electoral

21 de enero, 2020

Volver al voto

Una nueva etapa de la lucha democrática ha comenzado en Venezuela. No tuvo éxito la oferta de concretar un cambio político de corto plazo, que suponía la salida del poder del régimen antidemocrático, como paso previo a cualquier otra acción.

La Asamblea Nacional electa en 2015 desde un comienzo fue declarada en desacato y asediada. Muchos diputados fueron forzados a tomar el camino del exilio.

Las principales organizaciones partidistas enfrentadas al autoritarismo sufrieron el garrote de la judicialización.
Se creó un ambiente hostil para ejercer la política que, junto a los errores, condujeron al peor de los caminos: la abstención.

La percepción general es que hoy estamos más lejos del cambio que hace cinco años. La realidad es que vivimos en un país más hambriento, empobrecido, saqueado y destruido por quienes lo gobiernan, con seis millones de compatriotas en la diáspora.
La situación exige un balance por parte de la oposición democrática venezolana.
A los venezolanos hay que hablarles con la verdad. No se desconocen los esfuerzos hechos, pero se necesita una explicación por parte de sus dirigentes de las razones por las cuales no se pudo hacer realidad el cambio político. No con la idea de destruirnos mutuamente, sino para superar los errores cometidos.

Es imprescindible dar ese debate, sin embargo, no podemos dejar de lado lo medular: nuestra obligación de continuar la lucha democrática en nuestro país.

Más allá de los señalamientos y recriminaciones que ya circulan, podemos adelantar una serie de conclusiones que se desprenden del proceso político de los últimos cinco años y que pueden contribuir no sólo al análisis sino a la construcción de rutas eficaces para el cambio político, eslabón indispensable para ir abatiendo la crisis generalizada que sufre el país, cuyo causante es el gobierno actual, autoritario e ineficiente:

1) El cambio político en Venezuela no será producto de un milagro sino de un trabajo organizativo permanente, tesonero, responsable y consistente dentro del país, con base en una estrategia unitaria y de acumulación de fuerza.

2) El apoyo de la comunidad democrática internacional es y seguirá siendo importante para la causa democrática venezolana, pero nuestra lucha no puede estar dirigida o condicionada por factores externos al país. Por otra parte, aliados internacionales muy importantes han dejado claro que la estrategia seguida en los últimos dos años no ha dado los frutos esperados, y se requiere una nueva hoja de ruta para canalizar efectivamente esos apoyos y lograr la vuelta a la democracia en Venezuela.

3) El voto es el principal instrumento de lucha ciudadana para manifestar el descontento. Ese es el recurso ciudadano que, junto a la protesta cívica, nos ha permitido obtener logros en lucha democrática. No podemos renunciar a su ejercicio, aún en las circunstancias más difíciles. Se impone rescatar su valor ciudadano, en oposición al uso distorsionado y perverso que el autoritarismo hace del mismo.

4) Las elecciones son un proceso, no se reducen al acto de votar. En un régimen antidemocrático son jornadas de luchas cívicas, es hacer política, es un llamado a luchar dejando de lado la fantasía. Supone volcarse a realizar el trabajo organizativo necesario para recuperar y activar a fondo el tejido de la sociedad democrática. El regreso a la lucha electoral
Los venezolanos debemos tomar una decisión impostergable: asumir la lucha electoral con todas las dificultades que deriven de la acción del régimen autoritario e, inclusive, de un sector de la propia oposición. Hay que seguir demandando elecciones libres, justas y transparentes, sin convertir esa demanda, a priori, en un pretexto para no participar.

El régimen de Maduro pondrá todos los obstáculos posibles – como lo ha hecho hasta ahora – para apartarnos de ese camino o para lograr que lleguemos al mismo completamente divididos.
Nuestra tarea será recordar esto y combatirlo, sorteando todas las trampas que intenten quebrantar la unidad y el propósito de la misma, de manera tal que podamos llegar al final, el voto, en las mejores condiciones.
Es fundamental desechar los caminos violentos y las conductas extremistas. Los demócratas venezolanos debemos insistir en la ruta unitaria, democrática y pacífica, en la que participen todos los sectores de la sociedad favorables al cambio.

Para ello resulta imperativo una estrategia que comience por un balance de todo lo andado, corrigiendo los errores cometidos, entre otros, el de someter nuestra decisión de tomar la ruta electoral a la voluntad o al interés particular de un líder u organización.
Recuperar la ruta electoral exige dotarnos de un plan de trabajo y organización, sin la camisa de fuerza de objetivos de cambio inmediato, ni que se frustre ante la falta de voluntad del régimen para satisfacer todas las condiciones electorales legítimas y constitucionales.
El desarrollo de ese plan supone un esfuerzo a lo largo de un tiempo cuya extensión puede ir más allá de nuestros deseos.

Las “vías rápidas” ya han demostrado que son ilusorias y nos devuelven al mismo punto, pero aún más maltrechos. Esas vías sólo retrasan lo inevitable: lograr una transición sustentable en el tiempo por medio de un gran acuerdo nacional.
Esta conclusión es tan dura como inevitable. Para que la misma nos acerque a nuestros objetivos hay que ir al encuentro del descontento, con planes de organizar y construir la fuerza necesaria que retome la movilización de las mayorías. Y para ello hay que utilizar todos los recursos cívicos que nos da la política.

Es fundamental la unidad de propósito en beneficio del avance de la sociedad democrática. Es una unidad orientada a potenciar y darle coherencia a la presión social,que ofrezca una dirección eficaz a la impostergable e ineludible necesidad de cambio y al universo de descontentos que se encuentran desagregados y desorganizados a lo largo y ancho de toda Venezuela.
Alcanzar el logro de esa condición unitaria exige que las decisiones se tomen con una transparencia que genere confianza mutua en los distintos actores claves de este proceso.

La estrategia debe estar dirigida a sumar voluntades y definir claramente quienes son nuestros aliados. Rescatar el voto como bandera política de los demócratas debe ser visto como un proceso dinámico en la activación de las capacidades de todos los que se enfrentan al autoritarismo hegemónico y debe activar el ejercicio de las capacidades de movilización de cada uno en su específico sector de la vida social y de la opinión pública. Esta es nuestra fortaleza real.

¡El poder del voto para cambiar!

José Luis Farías, Pedro Benítez, Joaquín Marta Sosa, María Carolina Uzcátegui, Manuel Narváez, Jairo Cubas, Alfredo Padilla, León Arismendi, Jorge Botti, Fredy Rincón, Mibelis Acevedo, Simón García, Frank Payares, Ysrrael Camero, Jorge Roig, Adalberto Pérez, Juan Carlos Fernández, Edgar Blanco, Oswaldo Muñoz, Luis Bravo Jauregui, Tulio Ramírez, Marco Tulio Páez, Antonio Bastidas, Carlos Texeira, Gregorio Salazar, Alonso Medina Roa, Francisco Suniaga, Ángel Lombardi, Víctor Márquez, Jacqueline Richter y Pablo Zambrano.

 

Por: Simón García

 

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