La nueva estrategia

6 de junio, 2021

La renuncia a la estrategia insurreccional es la condición para salir del debilitamiento de la oposición. El problema hoy no es debatir si aquella fue un error o plantear el cambio de dirigentes, sino asumir que esa estrategia ya no se corresponde con la distribución de fuerzas, ni con los recursos internos de lucha o la reorientación de los factores internacionales. La lealtad con ella no puede privar sobre ser coherentes con los cambios en la realidad.

Todas las opciones que requerían un poder dual desaparecieron de la mesa a medida que fallaron los intentos para ejecutarlas. Frente a estas evidencias, resultaría insensato atrincherarse en las fantasías de un golpe o una invasión. El cambio de situación obliga a volver a la vía electoral y a negociar con Maduro. Este retorno, aunque aún sea una media vuelta, abre posibilidades para rehacer una alternativa al régimen.

La oportuna propuesta de Salvación Nacional de Guaidó, punta del iceberg de la rectificación, se irá concretando al compás de acuerdos indispensables para dirimir el conflicto de poder mediante el voto y la práctica cotidiana de la democracia.

Los retardos en expresar la decisión de participar, como el que se le señala a Capriles, no obedecen a vacilación o duda, sino a no aflojar la cuerda ni cantar el envite antes de tiempo.

Maduro desciende al papel de provocador infantil porque entra a la negociación sin una de sus cartas. Ya no puede presentar a la oposición como violentista ni arremeter contra los que luchan por la democracia usando como justificación la prédica extremista. Su discurso es el que oscila entre aceptar la negociación que le urge o frenar al núcleo duro de los señores de la autocracia, que le laten en la cueva.

La incertidumbre resquebraja al bloque dominante, aunque la hendidura parezca superficial.

Tras su aparente fortaleza, el régimen anda mal. Acudió a las primarias porque no pudo cuajar consensos. La intensidad del rechazo a los que gobiernan se manifiesta dentro del PSUV, junto a la irrupción de una anticipada disputa por la sucesión, carrera que se hará más ruda mientras más se compruebe que la oposición está cambiando la errónea amenaza de exterminación del chavismo por una oferta de transición con garantías de respeto a la minoría, cuando se arribe a un gobierno plural conducido por un líder opositor.

Al PSUV le corresponde, por necesidad de gobernanza y compromiso de país, ensayar una confrontación pacifica y evitar el deslave que provocaría la perduración autoritaria de las políticas de destrucción. El bloque de poder necesita dejar de ser el tapón para el avance de la sociedad o saltará irremediablemente.

A su vez, la oposición debe triunfar sobre su prédica que des-democratizó la lucha y desvalorizó el voto. Cada agresión al voto es una agresión al cambio. Y no habrá desbloqueo de éste, sin trabajar para que la mayoría que rechaza al gobierno recupere su credibilidad en la oposición.

Un paso imprescindible es presentar formulas que movilicen el respaldo de todos los descontentos. O se competirá para perder.

El cambio no avanzará sin restablecer fuerzas y unidad. Y ninguna de ellas se alcanzará si se mantienen las exclusiones por decreto o se abandona la voluntad de escoger a los mejores, sean independientes o dirigentes de partido.

La recomposición de la oposición es un peldaño para la unificación del país. Ningún liderazgo podrá, aislada y sectariamente, actuar como motor suficiente para re-institucionalizar el Estado, relanzar sobre nuevas bases nuestras capacidades productivas y asegurar indicadores de convivencia y desarrollo humano de la gente.

 

 

@garciasim

 

 

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