La necesaria paz

12 de mayo, 2022

Por: Julio César Pineda

La pasada semana dentro del programa del Centro Cultural Altamira Village, donde funciona la Academia Diplomática Euroamericana, me tocó desarrollar a quien esto escribe y al doctor Ignacio Sánchez experto en finanzas y comercio internacional, los diferentes aspectos del conflicto entre Rusia y Ucrania. Para Ucrania y para la comunidad internacional es una guerra injustificada, y para Rusia una operación militar especial.

Más allá de las consecuencias económicas y financieras lo preocupante es la prolongación de la guerra y la incapacidad del Sistema Internacional tanto de las Naciones Unidas como de las Organizaciones Internacionales y la Diplomacia de los Estados para una negociación inmediata. El Consejo de Seguridad de la ONU por el derecho a Veto de Rusia y el acompañamiento de China no ha podido encontrar una salida. La Asamblea General de la ONU por mayoría absoluta (con 141 votos) condenó la invasión, pero Moscú ha continuado el conflicto exponiéndose a sanciones internacionales y a un posible juicio por crímenes de guerra. Es la ley del más fuerte lo que se ha impuesto y progresivamente ha subido el tono de la potencia rusa frente a la respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con la posible utilización del último recurso del arma nuclear, lo que significaría un apocalipsis para toda la humanidad, porque el poder nuclear de Moscú y Washington puede destruir varias veces el planeta.
Se abolió en la comunidad mundial el Derecho a la Guerra (Jus ad Bellum), pero sigue vigente el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario (Jus in Bello). Precisamente es el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja la que ha impulsado la nueva Diplomacia Humanitaria y la necesidad de juzgar los crímenes de guerra y de lesa humanidad.
Pensamos que se hubiese podido cerrar este conflicto, el pasado 9 de mayo con la intervención del Presidente Vladimir Putin, en la Plaza Roja con motivo al aniversario número 77 de la derrota del nazismo por los aliados. Pero pudimos observar a un Jefe de Estado en un laberinto del cual difícilmente podrá salir. Son inmensos los daños económicos para su país y es visible el cuestionamiento para su propio liderazgo con el aislamiento internacional para Rusia.
Rusia no podrá ser lo que fue la Unión Soviética (1917-1991), ni tampoco el poderoso Imperio Ruso de las Zares que finalizo en 1917 con la Revolución Bolchevique. Sería suicida recurrir al arma nuclear para cerrar la guerra en Ucrania, porque estaría obligando la respuesta Occidental con misiles atómicos, que concretarían la metáfora de la Destrucción Mutua Asegurada.
La reciente guerra de Afganistán, además de demostrarnos la imposibilidad de aplicar modelos políticos y económicos con invasiones y agresiones como fue la soviética de 1979-1989 y la estadounidense 2001-2021; también afirmó el nuevo cuadro geopolítico mundial donde junto a Estados Unidos y Rusia hoy son fundamentales China y la Unión Europea. Estamos en la era de la multipolaridad y de la condena a todas las agresiones, como ocurrió en la Unión Soviética con Hungría, Polonia, La Antigua Checoslovaquia y ahora Ucrania o como las intervenciones estadounidenses en Guatemala, Panamá, Republica Dominicana, Sudan y Libia. No se repetirá casos como el de la República separatista de Transnistria (un mini territorio arrebatado por Rusia a Moldavia, como lo ha pretendido con Georgia y con Ucrania).
En este conversatorio que se repite cada primer martes del mes bajo el paragua de Encuentros Geopolíticos señalamos la importancia de una nueva relación de Occidente con Rusia y la posibilidad del dialogo con China para un Nuevo Orden Mundial que pueda superar las consecuencias terribles de la Pandemia del Covid-19 y los efectos devastadores de la presente guerra.
Rusia sigue siendo un factor fundamental en ese Nuevo Orden Mundial, su geografía, su demografía, su poder militar y su historia nos obliga a una consideración especial; allí está el 15% de las tierras emergidas, el 3.5% de la población mundial, el 4.5% del PIB y el 4% de sus exportaciones. En ese país de 17 millones de km2 siempre ha existido la doble pertenencia ya sea hacia el Occidente como lo quiso Pedro El Grande y la afirmación de su propia identidad con su proyección hacia Asia que previeron Lenin y el Marxismo. El comunismo como ideología mantuvo la vieja política de los zares bajo el lema de la unión del proletariado y del campesinado y la reunificación de la cultura y civilización rusa, incluyendo siempre a Ucrania y con el interés del control de los estrechos para salir a los mares cálidos tanto por el frente danés hacia el Atlántico y por Crimea hacia el mar negro y el mediterráneo.
El presidente Putin con sus 20 años de gobierno con un parlamento sumiso y el sector judicial controlado, quiere resucitar el poderío de Rusia particularmente en la frontera oeste y reagrupar a las Repúblicas Soviéticas y las bálticas muchas de las cuales ahora son miembros de la OTAN. Hoy Rusia ya no es un imperio, pero es una referencia obligada en la multipolaridad y en la dinámica de las metrópolis y sus periferias; así lo debe ver occidente y los dirigentes de ese país. Rusia es un Estado Nacional más en esta nueva era, donde la geopolítica supera el concepto del estado nacional hacia los estados regionales con conjuntos de estados coherentes, en el plano cultural política y económico, y con cierta homogeneidad en lo social y cultural, sin olvidar la nueva realidad del Ciberespacio y los conflictos cibernéticos.
Rusia además es un factor fundamental en el mundo de la energía con el petróleo y el gas y ahora forma parte del grupo de Shanghái con la India y China en la unión Euroasiática.

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