La experiencia y legado que el “Grupo de Contadora” nos dejó (Parte I)

  • admin
  • 16 junio, 2021
  • Comentarios desactivados en La experiencia y legado que el “Grupo de Contadora” nos dejó (Parte I)

16 de junio, 2021

Por: José Ríos Lugo

Es fundamental la revisión constante de la experiencia que El Grupo de Contadora, nos dejó. Sin duda alguna un hito, un triunfo sin precedentes de la diplomacia latinoamericana, en el cual Venezuela fue parte esencial, dentro de un esfuerzo conjunto con otros tres países: Colombia, México y Panamá (país en donde se inició este largo proceso de negociación)

El Grupo de Contadora

Para referirse al Grupo de Contadora es preciso señalar uno de los puntos centrales de los esfuerzos de negociación regional que se produjeron durante lo que se llamó la crisis centroamericana. A partir de 1979, con el triunfo de la Revolución sandinista en Nicaragua y la activación de procesos revolucionarios concomitantes, tanto en Guatemala como en El Salvador, se produjeron cambios muy importantes, especialmente en el ámbito político, con la redefinición del poder dentro de los grupos gubernamentales lo mismo que en las fuerzas de oposición. El golpe de Estado de octubre de 1979 en El Salvador, la creciente organización guerrillera, tanto en este país como en Guatemala, así como la creación de fuerzas contrarrevolucionarias en Nicaragua conformaron un escenario de profundos cambios políticos y de conflictos bélicos entre los gobiernos de estos tres países y sus respectivas oposiciones, armadas y civiles.

Fueron 10 años de cambios en Centroamérica, pues los acontecimientos también alcanzaron a Honduras y a Costa Rica, países que acogieron a grupos armados de la oposición nicaragüense, lo que hizo de toda la región un escenario complejo de guerra y de confrontación. Dentro de este panorama, los cancilleres de Colombia, México, Panamá y Venezuela iniciaron el proceso negociador en la isla panameña de Contadora, en enero de 1983. La existencia de complejos procesos políticos en Centroamérica y la preocupación por la injerencia extranjera al interior de los mismos obligaron a eliminar estos factores externos a la región centroamericana para, sobre todo propósito, excluir el recurso a las amenazas y al uso de la fuerza en la solución de la crisis.

Estos planteamientos, aparentemente simples, guiaron el complejo proceso de la negociación. Sólo en apariencia, puesto que los factores externos a la región, a los que se referían los cancilleres, eran nada menos que las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, así como diferentes países más o menos alineados con ellas, tanto dentro como fuera de la región centroamericana. Pero este paso inicial supo conjuntar coordenadas de profundo realismo, con el ejercicio de cierta visión utópica latinoamericana, durante todo el proceso. En suma y como ya se mencionó, el núcleo que dio inicio a Contadora fue la fuerte crisis en el istmo centroamericano, agravada por la presencia de elementos foráneos que posibilitaban la inscripción del conflicto en el marco geopolítico bipolar, cuyos efectos podrían extenderse peligrosamente, lo que en particular afectaría la seguridad de los países que bordean el área centroamericana.

El Grupo de Contadora, en su corta existencia, unos cuatro años, llevó a cabo uno de los esfuerzos de negociación de conflictos más importante y exitoso, a pesar de no haber logrado que se firmara el Acta de Contadora. Los tiempos y el espacio de Contadora El periodo culminante del proceso de Contadora abarcó desde su nacimiento en 1983 hasta los inicios del Proceso de Esquipulas en 1987, que llevó a la firma, por los presidentes centroamericanos, del procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica.

Fue un tiempo “corto”, pero denso en acontecimientos y en imaginarios sociales. Al principio, la convicción de que un tiempo de cambios revolucionarios seguiría a la revolución triunfante en Nicaragua hizo inevitables, o casi, los procesos revolucionarios en El Salvador y Guatemala. En una versión de la teoría del dominó, en sus dos sentidos, fascinación y horror, la revolución fue considerada como algo que se extendería inevitablemente o, en otro sentido, como algo que había que detener a toda costa. Contadora debió lidiar con esta división ideológica, a lo largo de toda esa década, haciendo un difícil equilibrio en consideración, sobre todo, a los “factores externos” a la región.

Dentro de este imaginario figuró siempre la amenaza de un peligro de intervención militar proveniente de fuera de la región. Eran tiempos de la confrontación Este-Oeste y la intervención militar en Granada, en octubre de 1983, dejó en claro la determinación que Estados Unidos podría tomar en caso de una intromisión que juzgara intolerable, de parte de agentes del otro polo estratégico de confrontación, en los terrenos de su propia área de influencia. El apoyo que Contadora recibió de una variopinta cantidad de actores, tanto fuera como dentro de la región, fue impresionante: la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de los Estados Americanos (OEA), la entonces Comunidad Económica Europea, las internacionales de partidos políticos, las iglesias, los actores múltiples de la sociedad civil.

No hubo entonces ningún organismo internacional, ni instancia relevante alguna al interior de los países involucrados, que se opusiera a las acciones y medidas de este grupo negociador. Entre todos ellos, destacó el formado por Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, países recién salidos de regímenes militares, que formaron el Grupo de Apoyo a Contadora y dieron al proceso negociador una dimensión latinoamericana innovadora, que no existía hasta ese momento con respecto a este tipo de acciones diplomáticas. No se podía adivinar entonces que con esta colaboración se sembraba la semilla de un proceso de integración tan importante como el que se formaría en la década siguiente, el Grupo de Río, a partir de la creación del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, en octubre de 1987.

La negociación de Contadora

En el comienzo de la negociación de Contadora, en los cinco países centroamericanos había diferentes tipos de regímenes políticos: tres gobiernos militares, o fuertemente influidos por el estamento militar (Guatemala, Honduras, El Salvador), un gobierno proveniente de una revolución (Nicaragua) y un régimen democrático existente desde, por lo menos, 1948 (Costa Rica). El proceso de Contadora partió de considerar que por primera vez durante el curso de la crisis regional, los cancilleres de los cinco países centroamericanos coincidían en un empeño común de diálogo. A partir de ahí, los integrantes de Contadora definieron los principales temas de controversia: la carrera armamentista, el tráfico de armas, la presencia de asesores militares extranjeros, los intentos de desestabilizar el orden interno de otros Estados, los incidentes bélicos y las tensiones fronterizas, además de la violación de los derechos humanos y los graves problemas en el orden económico y social.

El telón de fondo era considerar la crisis centroamericana no solamente como la que revelaba la existencia de la violencia revolucionaria, ni la correspondiente violencia contrarrevolucionaria, sino como el resultado de la permanente conflictividad de países políticamente inestables, con enormes rezagos en el campo económico y social, gobernados, la mayor parte del tiempo, por gobiernos no democráticos. Dentro de ese marco, Contadora se propuso cuidar el entorno regional, prevenir que la violencia se extendiera fuera de esas fronteras, impedir la intervención de elementos y factores externos a las mismas, todo esto por medio de una negociación que resolviera tanto las causas como los efectos del conflicto, la coyuntura presente, así como los problemas heredados desde mucho tiempo atrás.

La negociación de Contadora se centró en algunos puntos esenciales: debían negociar todos los países centroamericanos, sin exclusiones, se debían aceptar las diferencias de los regímenes políticos existentes, se debía iniciar el diálogo con la insurgencia interna, en los países en donde ésta operaba. El Documento de Objetivos (documento de 21 puntos básicos para la pacificación en Centroamérica) trazó el camino al señalar los puntos que había que negociar en materia política, económica y social, particularmente, de seguridad. Entre ellos estaban: reconocer el pluralismo en sus diversas manifestaciones; la plena vigencia de las instituciones democráticas; el compromiso de “crear”, fomentar y vigorizar sistemas democráticos representativos, e incluso recuperar el anhelo de reconstruir la patria centroamericana.

Con el fin de no desatender los asuntos económicos y sociales se creó el Comité de Acción de Apoyo al Desarrollo Económico y Social de Centroamérica (Cadesca), a finales de 1983. Todos los aspectos debían ser incluidos en este esfuerzo de negociación. A medida que el proceso avanzaba, se redactó un documento “final” que recogería los diferentes acuerdos para todas las áreas. Este documento debería ser firmado por los cinco presidentes centroamericanos y ratificado por los respectivos congresos nacionales: el Acta de Contadora para la Paz y la Cooperación en Centroamérica se entregó a los cinco gobiernos centroamericanos en junio de 1986.

Este texto, además de recoger muchos de los elementos ya plasmados en el Documento de Objetivos y otros escritos similares, se centró en señalar tres fundamentales de compromiso: la no utilización del territorio nacional en contra de otros Estados, la no participación en alianzas militares o políticas amenazantes, el no apoyo de potencias a fuerzas irregulares o grupos subversivos. El Acta constituye un entramado análisis de las situaciones que se desarrollaban dentro del contexto internacional y de las problemáticas internas en los cinco países, lo que produjo, de manera sistematizada, un manual de manejo y arreglo de los conflictos, un compendio de negociación y una obra de arte de la diplomacia latinoamericana. De manera particular reconocía la necesidad de construir una democracia pluralista en los cinco países, que incluyera, con base en una confianza política mutua, la aceptación de diferentes regímenes políticos en el área y la reconciliación en las sociedades en las que había profundas divisiones.

Al documento se agregó una serie de anexos sobre la definición de términos militares, condiciones de colaboración entre los gobiernos, obligaciones para los países que decidieran colaborar con los mecanismos de ejecución y seguimiento de todos los acuerdos, etcétera, así como las condiciones para establecer una verdadera amnistía. Sin embargo, el Acta de Contadora nunca se firmó.

Continuará…

 

A %d blogueros les gusta esto: