Idealismo internacional

6 de mayo, 2021

En estos tiempos de Pandemia, filósofos y teóricos de la política como el italiano Luigi Ferrajoli han planteado la necesidad de superar el concepto del Estado nacional y los órdenes jurídicos internos hacia un nuevo orden mundial, incluyendo la posibilidad de una “Constitución para la Tierra”. Fundamenta su criterio en que hay numerosos problemas de carácter universal que no son considerados en las políticas de las naciones, con situaciones tan graves como el Covid-19 y otras amenazas como el calentamiento global y el desafío nuclear donde la solución está vinculada al futuro de la especie humana. Ante estos desafíos globales debe existir una razón jurídica y política de carácter supranacional, porque las políticas nacionales sólo consideran situaciones parciales y a corto plazo.

Frente a la concepción realista del poder del Estado y de la confrontación permanente en el ámbito internacional, los teóricos de las relaciones internacionales reafirman la concepción idealista, denominada también transnacional o solidaria; fundamentándose en la interdependencia e institucionalización de la vida internacional. Dos corrientes son fundamentales: la federalista y la funcionalista, las cuales planean la supranacionalidad de la soberanía de los Estados por los múltiples vínculos tanto a nivel regional como mundial bajo la solidaridad económica, técnica y política entre Estados y entre las organizaciones internacionales que desde la creación de las Naciones Unidas desde 1945 y de la Comunidad Económica Europea en 1957 se han multiplicado. Los Estados transfieren competencias y soberanías dentro del criterio de que el Derecho Internacional debe expresar la solidaridad entre individuos y naciones y donde la persona humana es fundamental para su pleno desarrollo. Esta cooperación y solidaridad se manifiesta en normas e instituciones supraestatales. Las organizaciones internacionales convierten los intereses de los Estados miembros en mandatos colectivos, perfeccionando las políticas nacionales. En el caso de la Unión Europea de los intereses económicos de los Estados, la integración se complementó en lo político y social; hoy es el modelo de integración donde incluso en el 2004 se propuso un proyecto de Constitución para toda Europa el cual en gran parte fue recogido en el Tratado de Lisboa del 2009.
En esta dirección, se inscribe la corriente sistémica de David Easton y Carl Deutsch quienes propusieron la unión global de instituciones y sistemas en lo nacional e internacional. Cuando alguna de las partes se altera, el conjunto también recibe los cambios. Esta teoría toma elementos de la biología y la cibernética. En las relaciones internacionales todos los componentes culturales, económicos, políticos y religiosos interactúan respondiendo a las nuevas exigencias. En esta interacción hay actores públicos y privados, nacionales, regionales y mundiales, simples y complejos.
Desde 1990, James Rosenau desarrolló la teoría de la “Gobernanza Global” bajo el concepto de autoridad en donde no se presupone una jerarquía específica de poder, sino la relación racional entre los actores. La mundialización y la regionalización producen un proceso de integración y de fragmentación que contribuyen a disminuir la autoridad entre el nivel mundial, nacional y local, ese gobierno que actuaría en lo complejo y dinámico de la realidad de los actores.
En su libro El Fin de la Historia, Francis Fukuyama concluyó que la democracia se impondría a nivel global y culminaría con la evolución ideológica de la humanidad perfeccionando los sistemas políticos con libertad económica y defensa de los Derechos Humanos. En su pensamiento está subyacente la universalidad de valores en la filosofía liberal, con las criticas al realismo político y al poder del Estado.
Después de la Segunda Guerra Mundial en la Constitución de las Naciones Unidas o Carta de San Francisco aparece en el derecho positivo un nuevo Derecho Constitucional Internacional donde se establecen valores de carácter universal como la solución pacífica de las controversias internacionales, el principio de la paz y la seguridad mundial, la condena a la guerra, el imperativo del binomio desarrollo y democracia, la lucha contra la pobreza, los principios de la soberanía de los Estados y la libre determinación de los pueblos. A partir de la ONU se estableció un sistema de organizaciones especializadas donde los estados ceden soberanía en distintas áreas de la actividad humana, así la OIT para el mundo del trabajo, la FAO para la alimentación y la agricultura, la Unesco para la educación y la cultura, y sistemas regionales como la OEA, la Liga Árabe y la Unión Africana. Igualmente, se hizo derecho positivo el imperativo de los Derecho Humanos con la declaración Universal de 1948 y sus posteriores pactos en 1966. En 1949, los Convenios de Ginebra le dieron carácter universal y obligatorio al nuevo Derecho Internacional Humanitario que se perfeccionó con los Protocolos de Ginebra de 1997. Todo esto indica que el Nuevo Orden Mundial estaría orientado más hacia el idealismo con los imperativos de la persona humana y el bien común. En América Latina, deberíamos trabajar en esta dirección bajo el paradigma de la Unión Europea.
Jcpineda01@gmail.com

 

El Universal

 

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