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Guerra nuclear o la negociación para la paz

16 de junio, 2022

Por Julio César Pineda

El mundo está en plena confrontación militar, cuyo centro es la República de Ucrania, donde los rusos ahora bajo el mandato de Vladimir Putin, anexaron gran parte del territorio ucraniano por la fuerza, creando dos Repúblicas artifíciales; bajo la excusa de proteger a la población que ahí se encuentra, y a la cual hay que defender. La decisión tomada por el presidente ruso de reconocer Donestky y Lugansk como independientes, con un parlamento sumiso y la invasión militar que se está desarrollando, ha concentrado la atención del mundo por la escalada del conflicto y por los actores implicados; donde incluso se habla de una posible tercera Guerra Mundial, por la solidaridad total de los países miembros de la OTAN y la Unión Europea, con el pueblo y gobierno de Ucrania.

El Presidente Joe Biden al pronunciar su primer discurso sobre el Estado de la Nación, en su mensaje al Congreso de Estados Unidos ratificó su total apoyo al pueblo ucraniano. En la reciente finalizada Cumbre de las Américas que se realizó en Los Ángeles, el presidente estadounidense ante los jefes de Estado y de gobierno presentes, ratificó esta preocupación ante la amenaza de una posible guerra nuclear. Todo esto desde que el presidente ruso Vladimir Putin ordenó a sus estados mayores poner en práctica las doctrinas de la disuasión atómica, como sucedió durante la Guerra Fría.

La paz nuclear ha sido posible por la certeza de los dos actores fundamentales Moscú y Washington de la aniquilación mutua asegurada. No se excluyen golpes nucleares tácticos de parte de Rusia en Ucrania, lo cual conduciría a un conflicto global; por ahora la Alianza Atlántica se ha limitado a la ayuda militar y los combates están localizados en una parte geoestratégica fundamental para los rusos, como es el Mar Negro y la Región del Donbass.
El presidente Putin ha reafirmado “De tener una amenaza para nuestro país y nuestro pueblo, ellos deben saber que Rusia responderá inmediatamente, y las consecuencias serían algo que nunca han imaginado y visto en su historia”. Esta situación nos recuerda la Crisis de los Misiles en Cuba en 1962 y la invasión a Kuwait por parte de Irak en 1990.
Es importante recordar que al referirse a la doctrina nuclear de su país, el ministro de relaciones exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, hace cuatro años señalaba que utilizaría el arma nuclear solo en dos escenarios defensivo: en respuesta a una agresión contra Rusia y a sus aliados, con armas nucleares o de destrucción masiva; o en respuesta a una agresión no nuclear que amenace la supervivencia de Rusia.
Rusia se niega a que Ucrania forme parte de la OTAN porque temen la cercanía de este bloque militar creado en 1949, precisamente para confrontar a la antigua Unión Soviética, encabezada por Moscú y con el poderío militar y atómico del Pacto de Varsovia, que concentraba las Fuerzas Militares de todos los Estados comunistas de la época, y que dejó de existir con la caída del Muro de Berlín en 1991 y el desmembramiento de la URSS.
Estados Unidos y Europa están aplicando las más fuertes sanciones económicas a Moscú y piden el retiro de las tropas rusas de Ucrania. Igualmente, los europeos han suspendió el ingreso del petróleo y gas ruso, que es una fuente de ingresos importantes y un golpe económico para Rusia. Tanto en la Asamblea General de Las Naciones Unidas en New York, como en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el Gobierno Ruso ha estado totalmente aislado. La mayor parte de los Estados independientes y las democracias del mundo han condenado esta injerencia en un país soberano de la Europa Oriental que desde 1996 cuenta con su propia Constitución, es miembro de la ONU y tiene relaciones diplomáticas con todos los países del mundo incluyendo Venezuela.
El presidente Putin es injusto cuando acusa al gobierno ucraniano de Nazista, porque él conoce que el presidente ucraniano es de origen judío y su familia falleció en los campos de exterminio creados por órdenes de Hitler. Precisamente cuando Rusia comenzó la invasión el 24 de febrero del 2022, una de las primeras declaraciones vía Twitter del presidente Zelensky evocaba “Como hizo la Alemania Nazi en los años de la segunda Guerra Mundial, por la mañana Rusia ha atacado a traición nuestro Estado. Hoy en día, nuestros países están en distintas partes de la historia. Rusia ha emprendido el camino del mal, pero Ucrania se está defendiendo y no renunciara a su libertad, no importa lo que piense Moscú”.
El profesor Oliver Zajec en Le Monde Diplomatique el pasado abril, plantea la gravedad de la amenaza de una guerra nuclear en Europa y señala que es el telón de fondo de los aspectos estructurales del presente conflicto y la necesidad de ofrecer opciones entre un Armagedón y una derrota sin guerra. Para él, Ucrania no recuperará Crimea ni Donbass y por ahora no será miembro de la OTAN. Rusia no renunciará a sus conquistas internacionales, sin lograr el levantamiento al menos parcial de las sanciones que la golpean. Estas concesiones pueden parecer enormes o injustas para las victimas ucranianas, pero es solamente regresar a la situación que precedió a la invasión rusa y de ofrecerse al presidente Putin una puerta de salida para permitirle camuflar su derrota estratégica. Ucrania seguirá existiendo, pero depende de la inteligencia y sabiduría de las grandes potencias para evitar una experiencia trágica como las de Hiroshima y Nagasaki.

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