Actualidad

Fantasía y realidades

16 octubre, 2022

Por: Simón García

La oposición se mueve de la fantasía a la realidad. La abstención no la defiende abiertamente nadie y los promotores del interinato argumentan que es un recurso para contener la pérdida de activos de la nación en el exterior.

Arribamos al fin del ilusorio desconocimiento de Maduro y a la admisión de que aun si la política se disminuye a lo testimonial, requiere un mínimo de fuerzas para sustentarse.

El desafío actual es avanzar entre las complicaciones, limitaciones y obstáculos en la realidad y cómo recobrar dentro del país a los frustrados por la seguidilla de falsas expectativas. Ahora políticos y partidos opositores de toda clase y tamaño deben mostrar comprensión del momento y flexibilidad para ceder en sus propias metas ante los objetivos que la población les pide. Si desoyen este clamor e insisten en su propia destrucción pueden terminar por lograrla.

Tenemos que retornar a dos sencillas verdades y encontrar nuestros modos de entenderlas: una es que  los partidos son una parte pequeña de la sociedad y la otra es que con un régimen autocrático y condiciones de extrema debilidad, la unidad de las fuerzas de cambio, y no solo de oposición, es fundamental. Es el comienzo de la coordinación estratégica para abrir espacios de transición del autoritarismo a la democracia posible: la personificación de este tránsito es un resultado del proceso, no su causa.

La voluntad de entenderse con quienes piensan diferente en la oposición y aun con el adversario en el campo oficialista es una necesidad política y una exigencia ética.

Si esta conducta solo prospera en el interés y en la pasión de unos cuantos políticos, hay que apoyarlos y buscar formas para articularlos con independientes, personalidades de instituciones y dirigentes sociales. Hay que movilizar un activo empeño cívico para construir voluntad de cambio en regiones y municipios. No hay por qué ni por quién esperar.

Unidad, no unanimidad, es conformidad coyuntural con una ruta para lograr una prioridad. Partidos y políticos serán útiles en la medida que combinen métodos y entendimientos cada vez más incluyentes de quienes desean votar contra la reelección de Maduro. Ningún método que organice una exclusión es bueno.

La unidad electoral es condición indispensable para que la oposición no se mantenga como un actor sin capacidad de poder. Unidad centrada en obtener votos y primeros lugares, no en buscar plenas coincidencias en la estrategia.

Necesitamos una alianza unida a unas soluciones concretas a los problemas concretos que más afectan a la gente y a una oferta de cambio para gobernar en una transición plural, no para cobrar contra el gobierno. Necesitamos abandonar la óptica autoritaria que el poder irradia sobre la sociedad.

Es una buena noticia la aprobación de un reglamento por parte de la Plataforma Unitaria. Asegura un precandidato presidencial de ese importante sector, pero falta una parte del mandado: llegar a un candidato presidencial que entusiasme, que logre respaldos en otras oposiciones y tenga un discurso de entendimientos y soluciones.

 

 

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