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Esa noble y humana persistencia

21 de julio, 2021

Por: Marina Ayala

No podemos hablar de la “naturaleza” del ser humano como hablamos de los animales. Al haber trastocado lo instintivo el ser humano puede ser cambiado hasta extremos irreconocibles. Al tener la facultad de pensar actuamos por decisiones tomadas y no por actos programados instintivamente. Conservamos necesidades que resultan irrenunciables, por mas asépticos que nos propongamos ser. Tenemos que comer y poseemos la necesidad sexual que reclama satisfacción. Sin embargo, los actos que emprendemos en la satisfacción de estas dos funciones señaladas también son satisfechas de diferentes formas. No comemos de cualquier manera, o por lo menos no deberíamos, solemos preparar ricos platos y presentar la comida visualmente apetecible. La sexualidad también adquiere disímiles rasgos y presentaciones según sean las inclinaciones y fantasías individuales. No hay nada humano que no este atravesado por el lenguaje.

Estos proyectos de las tiranías de querer amoldar al ser humano a un esquema preconcebido por el tirano, cambiar la manera de ser, los deseos y fantasías según una programación escrita siempre termina mal. Tarde o temprano el malestar que van generando salta y la rabia acumulada arrasa. Apoderarse por la fuerza de la voluntad de los individuos jamás será un proyecto con un éxito total. Esas sociedades en las que uno observa a la gente uniformada y todos representando una coreografía perfecta (mismo movimientos y expresiones), son destinadas a producir, más tarde, un gran desorden. Estallidos que cuando suceden alegran porque se avizora el principio del fin de un gran sufrimiento. El tirano usurpa un poder sobre los otros que no le pertenece, solo lo ocupa por la fuerza. Hoy presenciamos el comienzo de la liberación de los cubanos con emoción, tomará tiempo, pero allí están las fuerzas humanas en todo su vigor cuando la creíamos doblegada. Algo debe decirnos.

La caída de las tiranías suele también ser violentas, insurrecciones masivas, rebeliones militares, huelgas o diferentes presiones sociales. Se reclama violentamente la recuperación de las libertades individuales. Se quiere a cualquier precio volver a recuperar la capacidad de decidir porque la de pensar nunca puede ser arrebatada, mientras tanto se disimula, o se obliga a callar. A veces el precio que se paga es muy alto porque siempre el tirano se asegura de ser protegido con armas y no le tiembla el pulso para disparar en aras de conservar el poder que no quiere perder. Pero una vez vencidos todo el tinglado montado comienza a derrumbarse. No hay ningún “nuevo tipo de hombre colectivo” eso no existe, cada individuo es un “nuevo tipo de hombre”. Un hombre abstracto concebido solo por mentes perversas no reemplaza al hombre concreto nunca. No hay razas superiores sino en la mente delirante de un Hitler. El totalitarismo es una pretensión de unidad universal realizada a cuenta del aniquilamiento de la singularidad, proyecto fracasado que no cesa de repetirse.

Toda sociedad posee grupos fuertemente adoctrinados, fanatizados que tienden a pensar igual, actuar igual y vestirse o tener rasgos uniformados. Todos con barbas, boinas o insignias guindando. Los mismos gestos y emociones aplanadas. Fueron arrebatadas sus almas y quedan solo esas apariencias robotizadas. No son nunca mayoría, los otros aguardan. Han sido sesenta largos años, tres generaciones de seres adoctrinados y sometidos y cuando surge el grito “Patria y vida” irrumpe en toda su integridad ese cubano alegre y firme. Emociona encontrarlos nuevamente y poderlos seguir en esta noble y humana lucha por la recuperación de su libertad.

 

@MarinaAyala10

 

Blog de Marina Ayala, «Marinando Ideas»: http://marinandoid.blogspot.com/

 

 

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