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Es urgente subir los salarios

28 de julio, 2022

Por: José Antonio Gil Yepes

No sé qué esperamos para declararnos en emergencia nacional para subir los salarios. Después de haber tenido por varios años la inflación más alta de mundo, la destrucción del poder adquisitivo del venezolano ha sido devastadora. La figura del salario mínimo se creó en 1974, por Decreto Ley de CAP I y se fijó en Bs.15 diarios o 450 mensuales; US $ 104, los cuales, actualizados por inflación, equivalen hoy a US $ 660. Actualmente, el salario mínimo, incluyendo cestaticket, es de Bs. 175, unos US $ 30, o sea, 22 veces menos que cuando se creó.

En ningún país del mundo bajo proceso inflacionario, se ha dado el caso de que los salarios puedan crecer más que la inflación. Por lo que, una condición necesaria para subir los salarios es abatir el alza de precios. La otra condición necesaria para elevar el empleo y pagar mejores salarios es elevar la inversión privada, la producción y la productividad; por lo que se requiere eliminar las políticas que frenen estos factores.

Estamos frente a los retos que presentan los dos circuitos económicos: el monetario y el circuito real. Los libros de economía dicen que hay que equilibrar los tamaños de ambos circuitos. Por ejemplo, si tenemos 10 caramelos y 10 bolívares, cada caramelo vale un bolívar. Pero si subimos la cantidad de bolívares circulando a 100 y mantenemos la oferta de caramelos en 10, cada caramelo valdría 10 veces más, 10 bolívares. De lo que surge la pregunta: ¿Qué hacemos para bajar la inflación, bajamos la liquidez o subimos la producción de caramelos?

Desde 2019, el gobierno ha estado tratando de hacer las dos cosas. Por una parte, estimulando la economía real, desregulando precios y la circulación de divisas, bajando aranceles, devolviendo empresas expropiadas, privatizando, estimulando las exportaciones privadas a través de Bancoex. Y, por otra parte, frenando el crecimiento monetario, reduciendo el gasto público, elevando el encaje legal al extremo de la minimización del crédito bancario y sobrevaluando el bolívar. Esto último abarata las importaciones pero promueve el desempleo. Bajo esta fórmula, el gobierno logró bajar la inflación de 1.680.000% en 2017 a 686% en 2021; un éxito. Pero, ¿por qué los salarios siguen tan por debajo de la inflación; seguimos siendo el país más inflacionario del mundo, y, peor, por qué, cada vez que el gobierno decreta un aumento salarial, el 82% de los venezolanos espera que suban los precios y se pierda la mejora, como en efecto ocurre?

Esta contradicción se puede explicar señalando que la política económica es bipolar. Por una parte, las políticas de “dejar hacer” explican que el empresariado haya financiado casi toda la recuperación de la economía real, cosa que nunca había ocurrido en 500 años de historia. Pero ese mismo gobierno mantiene políticas monetarias contraproducentes a la reactivación limitando el crédito y sobre estimulando las importaciones en contra de la producción y el empleo nacional.

En conclusión, si bien el gobierno tuvo éxitos bajo una fórmula ambivalente, parece que el momento es propicio para revisar las políticas que frenan la inversión, producción, el empleo nacional y los salarios: Bajar el encaje legal para aumentar el crédito bancario; elevar el porcentaje de los depósitos en divisas en las cuentas en custodia que se pueden prestar; permitir transferencias entre dichas cuentas; no insistir en rescatar la vigencia del bolívar (que el bolívar se rescate por crecimiento real y no por manipulaciones monetarias); sustituir el IGTF por un incremento del IVA; normalizar los aranceles y la aplicación del IVA a las importaciones; reducir progresivamente la sobrevaluación del bolívar (en vez de “quemar reservas internacionales, utilizarlas para recuperar los servicios públicos). Todas estas políticas, a estas alturas, más que frenar la inflación, la fomentan porque frenan la producción y oferta de “caramelos” nacionales, y, con ello, inducen las importaciones, desincentivan el ahorro nacional, incentivan la fuga de divisas y desestimulan la inversión, las exportaciones y el turismo, todo lo cual frena el empleo y el aumento de salarios. Por eso el crecimiento del 6,7% de 2021 fue tan modesto, sobre todo considerando que, habiendo caído 80 puntos del PIB, debería ser mayor el rebote. Testigo: si en 2003 el PIB cayó en 15%, el rebote en 2004 fue del 18,5%.

Si el gobierno logra corregir las 10 políticas arriba enumeradas, estaría bajándole peso a las políticas monetaristas-fiscalistas para bajar la inflación a favor del enfoque de producción, aumentando la oferta y, con ello, el empleo y los salarios reales.

Si bien se tuvo éxito en bajar la inflación con una política bipolar, ahora parece que, para terminar de bajarla, se necesita una política coherente que privilegie la oferta. Sólo así podremos terminar de llegar a una inflación de un dígito anual, como la de la mayoría de los países del mundo, y a volver a tener un salario real digno.

@joseagilyepes

 

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