El sucesor

6 de junio, 2021

Por: Rodolfo Godoy Peña

Uno de los temas más álgidos y problemáticos para los líderes políticos es la designación o selección de un sucesor, es decir, ese proceso de escogencia de aquella persona llamada a sustituirlo en el proyecto que se ejecuta y que deberá ser garantía de fidelidad a los principios que motivan y sostienen la idea.

En las monarquías esto no reviste mayor gravedad, a menos que no hubiese descendencia directa, porque en todo caso el monarca se ocupará de adecuar y optimizar las condiciones naturales de su sucesor, con muy poco éxito en la mayoría de los casos; en cambio, en los demás sistemas esto no viene determinado por la herencia sino que le supone al líder un dilema sobre la selección del llamado a sustituirle y, mientras el proyecto sea más ambicioso, es más complicada la escogencia del relevo.

Es limitado pensar, analizar y estudiar al Libertador y su proyecto únicamente desde la loable pero primera tarea de lograr la independencia de las colonias porque esto no hace honor a su grandeza y es un análisis parcial de su titánica labor. En esa primera fase podemos enumerar a próceres como el general San Martin, o al general Iturbide, quienes habiendo logrado la independencia, al final uno se exila y el otro, sin entender la “Nueva Sociedad” de la que habla el Libertador en Angostura, cayó sustituyendo a la persona del rey pero sin intentar variar el nuevo orden de las cosas.

Caso distinto es el de la independencia de las colonias norteamericanas en la cual una serie de hombres ilustres se dividieron las tareas de la acción bélica con la creación de una nueva sociedad, y así es como el general Washington sumó esfuerzos con Hamilton, Franklin, Jay, Jefferson, Madison y Adams logrando dar una nueva fisonomía a los Estados Unidos.

En el caso de Bolívar este no solamente lidera el proceso bélico de la independencia sino que, además, penetrado de esa aguda inteligencia que solo poseen los genios y con talento previsor se percató desde temprano que España dejaría de ser un problema para América, y por lo cual era indispensable preparase para el futuro que se barruntaba.  Analizar al Libertador solo en su faceta militar es restarle méritos e importancia a su iluminado análisis de lo que significaba otorgar la libertad a nuestros pueblos quienes debían pasar a la fase de conducir su propio destino después de siglos de vasallaje.  Es, precisamente, esa visión global de la América libre lo que lo diferencia a Bolívar de otros destacados próceres americanos.

No advirtieron los demás, como si lo hizo Bolívar, que en América había nacido una nueva sociedad y que por ello el modelo político, social, jurídico y económico tendría que ser reemplazado, adecuando su estructura a la naciente realidad; y es ante esa realidad no comprendida por la mayoría de los líderes de la independencia que el doctor Tomás Polanco Alcántara nos precisa: “…muchos pensaron que el régimen social, que por trescientos años había imperado continuaba rigiendo y que, al marcharse los peninsulares y quedar los republicanos, solo habían cambiado las personas dirigentes de la sociedad”.

En consecuencia de esa realidad el sucesor del Libertador debía ser un sujeto imbuido por las ideas constructivas de una nueva sociedad, pues para tener “república” era indispensable formar republicanos y la persona elegida debía sumar cualidades de mando, liderazgo, ecuanimidad, justicia y honradez; en resumen, un líder que exhibiera las virtudes que adornan a un buen republicano toda vez que el hombre llamado a suceder a Bolívar tendría en sus manos la tarea de transitar de la acción bélica a la acción pedagógica.

La doctrina político-social del Libertador era una revolución más profunda que la de la independencia, ya que si bien la independencia se alcanzó a través de la revolución armada, la revolución posterior resultaba un proceso más complejo y dificultoso en el que no bastaba la imposición de las armas sin riesgo de caer en la tiranía; y fue para esa altísima misión que Bolívar seleccionó y preparó, entre muchos probos hombres de su época, al joven Antonio José de Sucre. Este cumanés era el convocado a continuar la revolución por métodos pacíficos, pero que además sumaba en sí la experiencia armada, así como la acción de gobierno al concedérsele el honor de fundar una república.

Sucre sumaba entre sus muchos méritos el haber negociado con éxito la paz militar entre las facciones republicanas en el oriente venezolano; fue él quien diseñó, redactó y negoció el armisticio que precedió a Carabobo siendo el primer acuerdo integral de respeto de los derechos humanos en tiempos de guerra; obtuvo un éxito formidable en la campaña que llegó a su culmen en Pichincha; controló la situación política que se suscitó en el levantisco Perú; triunfó en Ayacucho; manejó y dirigió la creación de la república de Bolivia bajo los ideales bolivarianos; en fin, el Gran Mariscal estaba destinado a ser el sucesor natural del Libertador porque no solamente era respetado por los argentinos, los peruanos, los chilenos, los bolivianos y los ecuatorianos sino que no tenía enemigos en la Nueva Granada. Pero tal vez la fase más formidable y de mejor entendimiento del pensamiento bolivariano sobre la “Nueva Sociedad” es su intensa y enjundiosa labor en pro de la educación: siendo presidente de Bolivia dictó 36 decretos supremos en esa materia en el corto periodo de dos años.

Sucre es sin duda alguna un hombre adelantado a su tiempo y eso lo demuestra cuando implementa la educación de las mujeres a las que se refiere como “…la hermosa mitad el género humano, consuelo de los hombres y sobre todo madres … / … Una mujer que no sabe leer y escribir, es como una planta parásita. La lectura, la escritura, la aritmética, la música, todo debía enseñársele esmeradamente a las mujeres. No hacerlo sería criminal

Advierte, también, acerca de la selección de rectores y profesores de los colegios pues estos deben ser hombres de reconocida probidad y conocimiento quiénes no solo sirvan para dirigir y administrar los centros educativos  sino que su labor primordial deberá ser inculcar la virtud y la moral, sin perder de vista que “…la virtud más bien se inspira que se manda

No es aventurado afirmar que Bolívar y su doctrina -y por ende Sucre- se convirtieron, como bien lo explica el doctor Polanco “…en un peligro para quienes se beneficiaron de la independencia…/…si las teorías de Bolívar triunfaban, aparecería en América una nueva sociedad a la cual no podrían dominar. El problema político no era entonces Bolívar sino evitar que su ideología continuara a través de un sucesor”.

El 3 de junio de 1830 cae asesinado en Berruecos el Gran Mariscal de Ayacucho. El asesinato de Antonio José de Sucre es el “tiro de gracia” al proyecto grancolombiano del Libertador porque asesinaron la esperanza y  la continuación del proyecto bolivariano. Cuando se cumplen 191 del vil asesinato hay que rescatar la figura del Gran Mariscal, al gran hombre forjador de republicanos.

 

@rodolfogodoyp

 

 

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