El paquetazo de CAP y el de sus seguidores actuales

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  • 14 marzo, 2021
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12 de marzo, 2020

Es imposible que por mi mente no pasen en este momento sucesos políticos y económicos de los años ochenta y siguientes del siglo pasado. Ya yo estaba muy incorporado a la lucha política entonces, principalmente la universitaria, que era una de las fundamentales expresiones de los combates sociales de entonces.

El viernes negro, 18 de febrero de 1983, se rompió la vitrina de ilusiones y de tranquilidad que vivimos los venezolanos por varias décadas. Comenzamos a conocer y a sentir la inflación, la devaluación de nuestra moneda, el deterioro del poder adquisitivo de nuestros sueldos y salarios, la escasez de alimentos, el crecimiento de las protestas ciudadanas, los conflictos huelgarios y los desafíos callejeros, encabezados por las capas medias radicalizadas de las grandes ciudades. Médicos, profesores y estudiantes, devinieron en los protagonistas de las luchas sociales venezolanas.

La caída de los precios petroleros en un país que vivía del rentismo de ese hidrocarburo, la inexistencia de ahorro nacional para enfrentar la contingencia, la ausencia de una diversificación productiva, la fuga de capitales estimulada por el cambio múltiple y los subsidios indirectos, las quiebras fraudulentas de bancos, el gran endeudamiento externo, llevaron a la implosión del modelo económico que legitimaba las estructuras sociales y políticas de la Venezuela democrática representativa.

El quiebre socio político tardó seis años en expresarse y lo hizo en forma violenta el 27 de febrero de 1989, cuando Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato, quiso instrumentar un modelo de ajustes de carácter neoliberal para enfrentar la crisis existente. La población respondió al inicio de su instrumentación con una explosión social violenta en Caracas y otras ciudades, que generó muertes, heridos, detenidos y torturados.

Las medidas negociadas con el FMI fueron informadas públicamente a las dos semanas de su toma de posesión por el mismo CAP, para entrar en vigencia a finales de ese mes de febrero. Elevación inmediata de 100 por ciento de los precios de la gasolina, aumentos sucesivos durante 3 años de estos precios junto con los de todos los derivados del petróleo, alza gradual de las tarifas de los servicios públicos (electricidad, agua, transporte, telefonía y gas), cese del control de cambios, unificación cambiaria, aumento de los precios de los alimentos y mercancías de uso común, con excepción de 18 rubros de la cesta básica; liberación de las tasas de interés, eliminación de aranceles de importación, reducción drástica del gasto público y congelación de cargos en el sector oficial. Como compensación un aumento del salario mínimo y entre un 5 y 30 por ciento de incremento de los sueldos en la administración pública.

Hoy nos encontramos en situación más grave que la crisis desatada a partir del viernes negro, con la diferencia de la gran migración habida y del control social y la represión política existentes, muchísimo más intensas que las ejercidas por los gobiernos de la “IV República”. Hoy, el salario no existe. No lo podemos ni siquiera comparar con el que incrementó CAP. La inflación del 100 por ciento, generada el primer año de los ajustes de CAP, es incomparable con la hiperinflación que vivimos desde hace años.

Los aumentos de la gasolina de entonces, no llegaron a acercarse a los precios existentes en los países desarrollados no productores de petróleo. Aquellos incrementos son ridículos ante los aumentos ya habidos y los que nos promete el gobierno “popular revolucionario” actual. Jamás imaginamos precios de las medicinas como los que hoy sufrimos quienes las necesitamos. Del país de las medicinas más baratas y abundantes pasamos al de medicinas escasas y muy costosas.

No existe el dinero físico. Las monedas pasaron a ser historia. El bolívar es una entelequia que no vale nada, pero los cínicos que nos gobiernan siguen hablando del bolívar fuerte y del bolívar soberano; lo anclan al petro, pero éste aumenta su valor y el bolívar no lo hace. Se burlan de nosotros. En momentos de la mayor crisis del pasado, había hospitales donde ir, con médicos y equipos y quirófanos funcionando. Había escuelas, liceos y universidades, con serios problemas, pero existían.

Existían las prestaciones sociales y los intereses sobre las mismas, que ayudaban enormemente a jubilados y pensionados. Una parte de la población tenía un seguro HCM, que les permitía atenderse y hospitalizarse en clínicas privadas, liberando al Estado de esa responsabilidad. Nada de esto existe hoy. Todo lo destruyeron y lo acabaron quienes prometieron salvarnos de la miseria y destrucción de AD y Copei. Si no fuera tan trágico, hasta risa daría.

Destruyeron Pdvsa y CVG y todas sus empresas integrantes. Acabaron con Edelca, Cantv, el Metro, las empresas hídricas, para hoy proponernos sin sonrojarse su privatización como si fuera algo lógico que tenía que venir. Y lo hacen quienes hasta ahora han sido estatizadores obsesivo-compulsivos: recordemos el “exprópiese” del Comandante eterno.

Bancos, seguros, empresas productoras de alimentos, ensambladoras, supermercados, centrales azucareros, distribuidoras, fábricas de papel, haciendas y hatos, centros comerciales, hoteles y edificios urbanos. Y todo para quebrarlas como producto de la ignorancia, el clientelismo, la burocracia y la corrupción de que las hicieron víctimas. Y toda esa destrucción hoy se presenta como causa de su necesaria privatización. Lo que no pudieron hacer los gobernantes de la “cuarta” durante 40 años, los “revolucionarios” lo harán en la mitad de ese tiempo. ¡Vaya eficacia!

Asistimos a la aplicación de un súper paquete. CAP aparecerá como un niño de pecho ante las ejecutorias actuales. Haussman, Miguel Rodríguez y Naím, serán unos aprendices ante los genios económicos del régimen. Es insólito, triste y condenable, que quienes se vienen presentando por décadas como contrarios a las prácticas neoliberales intentadas en el pasado, hayan destruido la economía en tal forma y grado, que hoy se permitan justificar la instrumentación de políticas económicas salvajes del capitalismo neoliberal.

@LFuenmayorToro

El autor es médico-cirujano, Ph. D., profesor titular y exrector de la UCV, investigador en neuroquímica, neurofisiología, educación universitaria, ciencia y tecnología. Luchador político

 

 

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