El “negro” Piñero no murió cantando como muchos creen

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  • 11 enero, 2021
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Universo musical (Crónicas para el recuerdo) Héctor J. García

Son varias las versiones echadas a rodar en torno a la muerte del guarachero venezolano Víctor Piñero ocurrida la madrugada del 5 de enero de 1975 en el hotel Tamanaco. Algunos sostienen que mientras interpretaba el sabroso porro Las Pilanderas, de José Benito Barros, acompañado de la orquesta Los Melódicos de Renato Capriles, le sobrevino un infarto fulminante. Otros señalan que mientras se acercaba al escenario no le dio tiempo de llegar y sucumbió. Ni lo uno ni lo otro.

De acuerdo con una declaración ofrecida a la prensa por la cantante Verónica Rey, integrante al igual que Manolo Monterrey de dicha agrupación capitalina, la orquesta había dejado de tocar por cuanto empezaba la cena de la fiesta y es entonces “cuando Piñero se apartó a un lado,  jugando con las maracas y tarareando algo, sorpresivamente, soltó las maracas y cayó pesadamente al piso”.

Una versión más exacta del hecho es la referida por el director de la banda Renato Capriles, quien relató en una entrevista radial que su orquesta había comenzado a tocar su set a la una de la mañana y luego que Piñero interpretara Las Pilanderas –el cuarto tema- “él se retira y se recuesta a un lado del escenario con las maracas que había cogido del atril de uno de los músicos y empieza a hacer como un juego y el músico Luis Cortés se dio cuenta y lo atajó antes de que cayera al suelo. Sus compañeros lo cargan y lo ponen a un lado en un sillón. En ese momento me asomé al escenario y me dirigí al público pidiendo a un médico para atender a un compañero indispuesto. Subió uno y lo examinó. Al terminar le pregunté por su estado y el doctor solo me contesto: No hay regreso. Piñero está muerto”, recordó Renato.

De ahí fue trasladado de inmediato a la Policlínica Las Mercedes en el propio vehículo de Capriles, pero ya no había nada que hacer. De esta forma, se apagaba una de las voces más emblemáticas de la música popular de todo el Caribe.

Sus orígenes

Difícil resulta resumir la vida y trayectoria artística de este insigne guarachero en unas pocas cuartillas. A grandes rasgos diremos y de acuerdo con quienes le conocieron de cerca y de nuestras investigaciones que Víctor Piñero nació el 10 de mayo de 1923 en el barrio El Guarataro, parroquia San Juan, de nuestra capital. Fue el segundo vástago del hogar Piñero-Borges integrado, además, por seis hermanos más.

En cuanto a su iniciación en la música, a los 12 años había conformado un pequeño grupo musical con otros jovencitos de la barriada para posteriormente, ya con más edad, debutar en algunos rústicos escenarios de La Guaira. Ahí empieza a ser conocido como “El marañón”, nombre de una guaracha cubana que a él le gustaba cantar mucho.

No es sino hasta los primeros años de la década de los 40 cuando su nombre comienza a cotizarse entre las orquestas de esa época, al punto de trabajar con casi todas  y entra a formar parte de la agrupación de Manuel Espinoza, “Mañito”, en 1944. Luego se incorpora a la Leonard Melody, del trompetista Leonardo Pedroza; los Hermanos Belisario, Los Peniques, Chucho Sanoja, La Sonora Caracas, Los Melódicos –fue uno de sus fundadores en 1958- y el Combo de Emilita Dago.

También perteneció, a finales de esa década, a la orquesta del trompetista colombiano Francisco “Pacho” Galán, quien había creado un ritmo, producto de la mezcla entre el merengue dominicano y la cumbia, al cual llamó “merecumbé”. Piñero grabó con la agrupación de Galán varios temas de dicho género musical, ritmo que se había convertido en todo un furor para esos años. Por su jacarandosa interpretación particular fue llamado “El rey del merecumbé”.

Asimismo actuó por poco tiempo con la legendaria Sonora Matancera, hasta formar su propia agrupación Víctor Piñero y sus Caribes.

Único venezolano en grabar con la Sonora Matancera

En una entrevista radial ofrecida por Piñero al recordado locutor Henríquez Bolívar Navas, éste cuenta cómo fue a parar y a grabar con esta legendaria agrupación cubana. “Para esa época yo estaba con P.J. Belisario (año 56) y venía mucho a trabajar en Caracas la Sonora Matancera. En una oportunidad, el maestro Rogelio Martínez me oyó cantar y me propuso que si algún día iba a Cuba estaba a la orden para trabajar con ellos. Posteriormente les escribí una carta manifestándole mi interés por la propuesta. Por ahí comenzó todo y me contrataron”, refirió Piñero.

Inclusive, fue tanta la aceptación que tuvo este venezolano en Cuba que uno de los temas grabados con la Sonora fue sugerido por él. Se trata de Río Manzanares, cuya autoría pertenece a José Antonio López. Las otras piezas fueron Maquinolandera, de Margarita Rivera García –madre de Ismael Rivera-, Puente sobre el lago, de Antonio Rubí, y No quiero nada con su mujer, de Porfi Jiménez. Estos números fueron grabados en enero de 1958. También hizo presentaciones en radio y televisión en La Habana.

Como diría, posteriormente, Piñero, “Cuba me abrió las puertas, el camino”. Y estaba en lo cierto. De allí en adelante fue a mostrar su arte a Puerto Rico, Quito, Santo Domingo, Aruba, Curazao, Colombia, Nueva York y Panamá.

Es importante destacar, que ese mismo año del 58, “el negro” Piñero también grabó algunas canciones con el maestro Billo, quien se encontraba en La Habana exiliado por cuanto en Venezuela se le había vetado por la Asociación Musical y se le impedía que actuara con su orquesta en el país.

Dentro de dichas grabaciones vale mencionar la guaracha Por un dedo compuesta por Billo con motivo de la elecciones presidenciales del 7 de diciembre de 1958 en Venezuela.

A su regreso de La Habana y luego de disolver su orquesta, Víctor y sus Caribes, Piñero ingresa a Los Megatones de Lucho y el Combo Gigante de Emilita. En plena época del furor de la balada, de los grupos de rock en español-inglés y de la salsa -hablamos de 1968- Piñero regresa finalmente a Los Melódicos, el cual fue uno de sus fundadores una década atrás, en 1958. Ahí se quedó hasta su muerte en El Tamanaco.

 

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