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El juego debe parar

1 de agosto, 2021

Por: Simón García

Los dirigentes opositores parecen divertirse y entretenerse jugando a la política. Todos declaran su disposición a negociar con Maduro en México, hasta viajaron en comisión para explicarla a gobiernos y parlamentarios en EE. UU. y Europa, pero desinforman a los venezolanos con sus marchas y contramarchas retóricas.

Las encuestas retratan la respuesta del país a las inconsistencias, omisiones y errores de toda la oposición: indiferencia y rechazo. La política ha sufrido una descomposición similar a la del país y también se encuentra en ruinas. Pero, a diferencia de la destrucción económica y social provocada por el régimen autocrático, la oposición ha sido puesta fuera de servicio por los dirigentes opositores.

Los ciudadanos, independientes o militantes, aguas abajo de los dueños de los partidos, tenemos una responsabilidad indirecta. No hemos debatido las decisiones, hemos callado en vez de pedir explicaciones y nos hemos convertido en rebaños, cada uno pastando en sus preferencias y actuando con espíritu agresivo y descalificador contra los otros potreros. Podemos advertirlo o no, pero si nos miráramos limpiamente, veríamos en el espejo indicios de fanatismo. Todos estamos tentados de formar parte de la disolución de la política y obligados a iniciar un cambio, personal y colectivo, para devolverle a la política su misión.

No tiene sentido seguir etiquetando a los opositores como buenos y malos, sino pasar urgentemente a desmontar alcabalas y cercas de alambre con las que se pretende detener la circulación de nuevas ideas, tácticas y estrategias.

Hay que abordar su reunificación como primer paso hacia la unidad que requiere la nación para intentar salir del hoyo donde reposamos como la sociedad más atrasada, pobre y desigual del mundo.

Las encuestas indican una tendencia insegura y tímida de recuperación de confianza en la democracia y el voto. Pero esta recuperación se resiente por la indolencia de dirigentes y partidos que están compitiendo para ir a una negociación con el régimen, pero nada dicen acerca del voto como medio para aumentar fuerza y capacidad de presión interna.

Dos espacios de reflexión sobre el país y sus destinos, La tertulia de los martes de Mérida y Lazos Guayana de Bolívar propusieron conformar un equipo unitario para reconstruir a la oposición, elaborar políticas de superación de las crisis y favorecer la concertación de un amplio acuerdo nacional. El título del documento anticipó una idea polémica: Si no hay unidad no hay voto, incurriendo en una de las enfermedades de la democracia criolla, renunciar al derecho, constitucionalmente consagrado, de hacer realidad la democracia y regalarle sin resistencia, victorias al régimen.

Hoy el voto es la única opción para contener la transición del autoritarismo al totalitarismo y para mejorar la capacidad de resistencia cívica y pacífica a la colosal superioridad de recursos de vigilancia, control, represión y dominio de los amos del poder en Venezuela.

Si cuaja el intento de repetir en la oposición el modelo de poder hegemónico que impone el régimen contra la sociedad, entonces hay que convertir el voto en herramienta para rechazar la destrucción de país que impone el gobierno y para protestar por la división de las fuerzas de cambio que imponen las direcciones de la oposición. Votar para apoyar a todos los opositores con mayores posibilidades de ganar una alcaldía o gobernación. Elegir a los mejores como concejales y legisladores, al margen de la fracción opositora que lo postule. Unidad a lo Fuenteovejuna.

No hay ninguna garantía de que lograr buenos resultados el 21n. A san Cono, patrono de los juegos de azar, se le reza para ganar la lotería, pero no hay oración para triunfar en unas elecciones. Hay que cambiarle las reglas del juego al régimen y trabajar, todos juntos, para quitarle poder local.

 

@garciasim

 

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