Actualidad

El espejo que no nos permite ver

28 de julio, 2021

Por: Marina Ayala

Al igual que Edipo el hombre quedó fascinado con su propio reflejo en un espejo, fue aumentando tanto su éxtasis que llegó un momento que todo a su alrededor se desenfocó. Como en la película de Woody Allen, “Desestructurando a Harry”. En ese mundo borroso y despreciado y ajeno fuimos quedando solos y desorientados. El otro también comenzó a despreciarnos. Esta característica, podríamos decir, define lo que hemos llegado a ser. No entendimos, ni nos importó cooperar con el otro para tener capacidad de construir bienestar. Perdimos el que tuvimos para entregarnos en manos de humanos que no llegaron a ser humanos, que nos desprecian como nosotros los despreciamos a ellos, la otredad. Permanecimos desde una trinchera viendo por encima del hombro.

De tanto pasar penurias se nos ha bajado un poco los niveles de arrogancia sin embargo persisten conductas abominables. Muestra de ello es el maltrato cruel a los animales y la insultadera a todo el que se atreva a emitir su opinión. No importa sobre lo que sea, aunque sea en el terreno de su especialidad, en el que ha dejado las pestañas. No, eso no es respetado, siempre contad con el sabihondo con su tesis leída en un manual de autoayuda o en cualquier revista de venta en quioscos. La seriedad y el respeto permanecen desenfocadas, pero estamos prestos para indicarle al otro como debe comportarse, que debe decir, a quien debe admirar, que creencias acoger. El otro debe ser guiado como un niño porque estimamos de antemano su falta de capacidad.

Nuca habíamos sentido con tanta intensidad nuestra precariedad e indefensión. Un virus hasta ahora indomable nos ha mantenido en casa muertos de miedo. No queremos morir de esa espantosa manera bocabajo e intubados, por lo tanto, nos llaman a cuidarnos, vacunarnos y estar atentos a las medidas preventivas recomendadas. Nos hablan médicos informados que son los que debemos escuchar. Enseguida salen legiones de neófitos postulando que todo eso son solo medidas coercitivas para mantenernos dominados y con su desfachatez afirmar que las vacunas son venenos que introducen en nuestro cuerpo con la finalidad de debilitarnos. Los seres más vulnerables tienen que permanecer en colas interminables bajo un inclemente sol o devueltos a su casa porque ese día no se vacuna como fueron convocados.  Reinó la impiedad, por lo tanto, podemos afirmar que este mundo comparte rasgos psicopáticos muy marcados. Hombres desdibujados que ya no se distinguen si son humanos. Está todo borroso, muy borroso.

Comencemos por reconocer que tenemos en común entre nosotros, comencemos a reconocer nuestra propia impiedad. Como indicó Víctor Krebs en una muy interesante charla sobre Derrida, “comencemos a entender y a reconocer al otro con respeto y conmiseración”. Veámonos en un espejo que nos devuelva la imagen del mundo que hemos destruido. Destruimos la naturaleza, los animales y estamos ávidos ahora de ir a una guerra para destruir a los otros seres humanos y a nosotros mismos. Hablar para entendernos no es una consideración contemplada. Mas bien nos estamos ingeniando para destrozar el leguaje y hacernos imposible la comunicación. Salgamos de ese espejo distorsionando que nos está reflejando una imagen que no somos, no somos los reyes del Universo. Observémonos detenidamente y veamos con qué poco tino, elegancia y decoro acompañamos nuestros gestos.

Con este breve texto me despido hasta setiembre. Me tomo un pequeño descanso, nos volvemos a ver pronto.

 

@MarinaAyala10

 

Blog de Marina Ayala. Marinando Ideas: http://marinandoid.blogspot.com/

 

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