¿El día después?

7 de junio, 2020

Sumidos en la crisis más severa de nuestra historia desde el “annus horribilis” de 1814, es natural que el 92,5% de la población venezolana evalúe como mal o muy mal la situación actual del país. Con este panorama, resulta obvio que la jerarquía de problemas y expectativas de la gente cambie y ahora estén mucho más preocupados por sobrevivir, ser trasladados y atendidos adecuadamente en un hospital en caso de necesitarlo, tener acceso a bienes y servicios básicos, poder mantener a sus familias y sostener sus empleos, que por los discursos políticos de cambio de gobierno y salida de Maduro del poder, independientemente de que ese deseo siga vivito y coleando en la mente de la población.

Mientras la esperanza de que la oposición sea capaz de sacar al gobierno del poder en los próximos tres a seis meses bajó de 63% en febrero de 2019 a 21% en la actualidad, se hace evidentemente insostenible un discurso político que ofrezca soluciones al drama de la gente para “el día después” de que Maduro salga del poder (o mejor dicho que lo saquen), puesto que la gente tiene la necesidad de sobrevivir hoy, de comer hoy, de moverse a un hospital hoy, de tener electricidad hoy, de ser atendido en una terapia intensiva hoy, de que recojan a sus difuntos hoy, de recibir un apoyo monetario para enfrentar el confinamiento hoy y, mientras tanto, la expectativa que tienen sobre el “día después” esta ubicada en el… infinito y mas allá.
En un marco donde la gente incrementa exponencialmente sus necesidades y baja al subsuelo las esperanzas reales de cambio político, es evidente, obvio y racional que aprueben cualquier acuerdo entre las partes en conflicto, incluso negociar con el demonio, si eso representa una oportunidad de atención del Covid-19 y la posibilidad de subsistir el drama que hoy vive y que un político serio acompañaría antes de cualquier otro cálculo personal.
A nadie racional puede sorprender que casi dos tercios de los venezolanos aprobara, ya en mayo pasado, los acuerdos entre la oposición y el gobierno para atender la emergencia causada por la pandemia, mientras mantienen su lucha política en paralelo. Ese es el ambiente favorable en el que la oposición anuncia los acuerdos políticos para la ayuda humanitaria. No se trata en realidad de ninguna negociación cara a cara, ni acuerdos sofisticados o específicos. Por ahora se refiere únicamente a un acuerdo muy general, firmado por ambas partes con un intermediario, que se refiere a un tema de salud focalizado. Pero es obvio que las circunstancias del país y la población han debilitado, con esto, la posición intransigente que propone no hacer nada por la gente hasta que Maduro esté afuera (aunque la mayoría quiere que se vaya), pues de continuar esa ruta, el cortocircuito chamuscaría a la dirigencia opositora indefectiblemente. Estos primeros acercamientos abren la oportunidad para seguir explorando acuerdos de otro tipo en el futuro. Creo firmemente que la realidad, explotando en la cara del sector político, está abriendo posibilidades de que su estrategia (hasta ahora evidentemente fallida) sea revisada, reestructurada y racionalizada, lo cual puede abrir un nuevo capítulo en la lucha política por el cambio. Si tuviera que hacer una hipótesis de impacto de la propuesta de acuerdos humanitarios entre oposición y gobierno para atender el drama de la población, diría que más allá de algunos aullidos clásicos en redes sociales, la población mayoritaria los ve con esperanza y aprobación, aunque más allá de este ámbito específico, debamos seguir siendo escépticos sobre los acuerdos políticos que nos lleven a rescatar los equilibrios en Venezuela.
luisvleon@gmail.com
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