Actualidad

El desastre

1 de octubre, 2021

Por: Román Ibarra

A pesar de múltiples advertencias, y los ruegos para evitar que se cometieran errores políticos graves, que desfiguraran la potencialidad de la fuerza opositora, no hubo manera; se perdió la racionalidad.

Fue más grande la prepotencia de la dirigencia encerrada en un grupo despótico, y autodenominado G4, que la sensatez que sugería el sentido común. Los partidos AD; Primero Justicia; Voluntad Popular, y Un Nuevo Tiempo, decidieron encabezar la dirección de toda la oposición de manera abusiva imponiendo su voluntad.

Primero las locuras de 2002, la plaza Altamira; la huelga petrolera; la huelga indefinida; el Carmonazo; la derrota del revocatorio de 2004; la abstención en las parlamentarias de 2005. Luego, el acierto de buscar la unidad tras la participación en las elecciones presidenciales de 2006, porque pesar de la derrota con la candidatura de Manuel Rosales, se trataba de la vuelta a la ruta electoral dentro de la constitución.

Eso nos llevó acertadamente a seguir la lucha democrática, esta vez, para derrotar el proyecto de reforma constitucional de Chávez de 2007; la participación unida en las elecciones presidenciales de 2012, y 2013, y finalmente el triunfo clamoroso en las parlamentarias de 2015.

Ahí volvió la locura, y todos creyeron que la derrota y destrucción del chavismo se había alcanzado. Tanto así, que uno de los voceros del gobierno norteamericano declaró impresionado, que había descubierto en el seno de la oposición hasta cuarenta precandidatos presidenciales; absolutamente demencial.

No habían aprendido nada frente a un gobierno inescrupuloso, e irrespetuoso de todo orden, capaz de burlar cualquier regla con tal de someter, no a un adversario, sino a un enemigo en esa visión extremista de Chávez primero, y luego de Maduro para conservar el poder a cualquier precio.

El Gobierno entró en su juego de provocar; agredir; encarcelar; atropellar, con intención de dividir y someter a la oposición, y esta cayó en todas las provocaciones hasta atomizarse.

La oposición no se dio cuenta de que para el gobierno, las reglas de la democracia solo sirven para aprovecharse de ellas e intentar someter al resto, y en vez de seguir su propio guión: cívico; pacífico; constitucional, y electoral, cayeron en el juego del oficialismo hasta desdibujarse.

Luego vino la autojuramentación inconstitucional de un presidente interino, que se ha hecho perpetuo; un TSJ en el exilio; el nombramiento de embajadores en países aliados, y OEA, guerras ridículas como la Operación Libertad, y Gedeón, y con la ayuda de los aliados internacionales pasaron a controlar empresas de la República, sin rendir cuentas.

Hoy asistimos al estallido de la presunta corrupción en el uso de las empresas Citgo, y Monómeros, bajo el concurso de los mismos partidos del llamado G4. Un torneo de mutuas acusaciones que evidencian la vileza de sus protagonistas, con el lamentable saldo de la destrucción y quiebra de ambas, precisamente en medio de la campaña electoral para escoger gobernadores y alcaldes, en un marco de división, imposición abusiva de candidaturas, y discriminación de otros sectores de la oposición.

En resumen, se ha hecho todo lo contrario de lo que indica la sensatez y el interés nacional, destruyendo con ello la esperanza y la fe de la ciudadanía que asiste atónita a este espectáculo bochornoso de estupidez y presunta corrupción.

Han utilizado sin rendir cuentas de la multimillonaria ayuda internacional; los recursos de las empresas hoy a la deriva, como Citgo, y Monómeros, y han continuado la estafa de un gobierno interino (eterno) que no gobierna, ni resuelve nada. Solo ha servido para alimentar el odio y la división entre quienes han debido mantenerse unidos y decentes en el manejo de la cosa pública para ser distintos de lo que critican en el oficialismo.

Este 21 de noviembre se nos viene encima un desastre de proporciones incalculables. ¡Vergüenza absoluta!

@romanibarra

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.