El balance de Raimundo

17 de abril,2021

Los hechos impusieron la reflexión sobre las políticas opositoras en los últimos dos años. De ese túnel todos los actores salen magullados. Y convencidos, militantes de los partidos y activistas independientes por la democracia, de la urgencia de reformular o dar un giro completo a una estrategia con inocultables saldos desfavorables.

También el ciudadano común en su balance intuitivo, pasó de sentir que el gobierno estaba tembleque en enero de 2019 a reconocer que ahora, quien parece contra las cuerdas es el polo opositor. Es cierto que ambos contendores lucen agotados y que la aparente fortaleza del gobierno ocurre mientras su nivel de apoyo toca lona. Pero lo que preocupa en esta esquina del ring es que el vigor y el entusiasmo de nuestro retador se están extinguiendo. Sus golpes se desvanecen en el vacío o carecen de contundencia. Las evidencias están ante los ojos de todos, aun de los que se niegan a verlas: si seguimos así, ya descartado el nocaut a Maduro,vamos directo a perder la pelea. Esperemos que por decisión.

Ya no se trata de repetirnos consignas sobre el gobierno malo y dar vueltas en torno a quejas y denuncias sobre su incapacidad, su corrupción o su naturaleza dictatorial. La acción de la oposición tiene que sumar y darle un propósito a todo ciudadano descontento con el régimen, al margen del partido, el bloque de opinión o el dirigente con el cual aún se identifique.

Si queremos ganar la reconquista de la democracia hay que repartir pañuelos y abandonar la creencia que todo el grano está en nuestro saco y los otros son pura paja.

El balance que hace todo el mundo invoca y convoca el desánimo, conduce al “¿por qué no nos vamos todos?” que se atribuye a Estanislao Figueras, presidente de la primera República española de 1873, antes de pegar, sin aviso, su carrera nocturna a Francia.

Pero Raimundo presiente que el que no haya esperanza en las armas no es el fin de toda esperanza. Mira adelante y se niega a aumentar el montón de los que se desvinculan del destino del país, como estatuas de nada que se esconden en una suicida coartada individualista.

Frente al aumento de la capacidad destructiva por kilómetro cuadrado del gobierno, el único camino que aún no logran tapiar los extremistas gubernamentales y de la oposición es el de la negociación.

Para hacerla creíble, todas las partes tienen que demostrarse y demostrarle al país que, por encima de las escaramuzas para sumarse un tanto o mantener el dedo sobre el botón de la desconfianza, piensan ganar algo que no tienen. Este es el papel que juega el acuerdo en torno a un nuevo CNE y otras condiciones planteadas por el G4. Si Henry Ramos y el dúo Capriles/Borges logran condiciones satisfactorias la clase media y los aliados internacionales se inclinarán a la participación electoral como la prueba rápida para explorar un entendimiento nacional de más alcance y duración.

Nadie sobra, pero pretender negociar sin abrir puertas a un ganar/ganar es no querer la negociación sin decirlo.

La tarea es amarga y difícil para la oposición. Los partidos del G4 tienen que seguir el camino que ya recorrió la mesita con su retorno al voto y ambas alianzas opositoras acometer juntas una negociación en el filo de la navaja entre cohabitación con el poder autocrático y una nueva forma de lucha y defensa de la democracia desde adentro del sistema.

La oportunidad para salidas pacíficas y negociadas aún existe, aunque esté por cerrarse de nuevo en pocas semanas.

 

@GarciaSim

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

 

A %d blogueros les gusta esto: