El abismo de la indiferencia

14 de marzo, 2020

Existe un abismo insondable entre la vida y la muerte. Pero el Evangelio nos recuerda que la muerte es el paso a la otra vida, con lo cual tal abismo no existiría. Sin embargo, el mismo texto evangélico se refiere al abismo que separaba al hombre rico del pobre Lázaro. Del rico no sabemos ni el nombre, sólo el adjetivo que hace referencia no a lo que era sino a lo que tenía. En cambio, del pobre Lázaro sabemos que descansaba en el seno de Abraham, y que el rico tenía mucho interés en comunicarse con el pobre Lázaro para enviar un mensaje a los ricos de la tierra. El abismo no existía para Lázaro, sí para el hombre rico de quien solo sabemos que era rico y fue sepultado.

El Papa Francisco ha recordado recientemente que ese abismo comienza en esta tierra. No se trata de la distancia infinita que separa a ricos y pobres únicamente por sus posesiones materiales, sino a tantas personas que viven ajenas, indiferentes, a los problemas de su alrededor. Existe en nuestro mundo un progresivo abismo entre los problemas y quienes pueden ayudar solidariamente a resolverlos; una especie de desmovilización moral de la sociedad porque el fin de la moral es el amor al prójimo. Miles de ciudadanos permanecen indiferentes ante los padecimientos humanos: niños pasando hambre, personas sin medicinas, migrantes que huyen de la guerra y se topan con un muro. Son realidades que no pasan ocultas ni ante los ojos de los más pequeños, que observan –y aprenden– de la indiferencia de sus padres. Realidades dolorosas que a diario aparecen reportadas por grandes o pequeñas cadenas de información. Así como existe un abismo insondable entre la vida y la muerte, así de grande es el abismo que separa a las personas por la indiferencia.

“El drama de estar muy muy informado pero con el corazón cerrado –alerta el Papa Francisco–. La información no llega al corazón, no conmueve el drama de los demás”. El drama de la información que no llega al corazón, luego los problemas no se resuelven, aumenta la responsabilidad de los gobiernos y por ende, los ciudadanos se vuelven más dependientes. El estado crece pero es ineficaz porque no hay sistema que pueda con toda la iniciativa que deberían tener las personas para remediar situaciones de su entorno. El drama de la indiferencia aumenta el abismo entre ricos y pobres y no hay estado ni buen gobierno que pueda resolver este divorcio entre la información y las posibilidades de remediar situaciones. Estamos frente a la globalización de la indiferencia como la llama Francisco.

El abismo entre los políticos y la gente

En Venezuela pareciera que el abismo de la indiferencia no se da entre ricos y pobres, entre favorecidos y desposeídos sin más, sino entre el liderazgo político y la sociedad civil. Cada día llegan más y más noticias acerca de nuevas iniciativas, ong´s, fundaciones, operativos, cooperativas, movimientos, asociaciones, que intentan contribuir a paliar el drama alimentario, canalizar situaciones de emergencia, sembrar valores y cultura democrática, subsanar el déficit educativo, la falta de medicinas, de vivienda, de ropa, de transporte.

Mientras tanto, sentimos un liderazgo político absolutamente divorciado tanto de los padecimientos de las personas como de las soluciones emergentes de la misma ciudadanía organizada. Las movilizaciones de calle hoy deberían ser de otro tenor. Deberían mover a la solución, o al conflicto; estimular, difundir y promover diversas iniciativas de solidaridad, antes que incitar el odio entre los venezolanos. Utilizar esos laboratorios de redes sociales para difundir la buena noticia: aquí hay venezolanos haciendo cosas por los demás, mientras los gobernantes sólo piensan en sus corruptelas y en cómo desangran más a la nación. Y la mejor noticia de todas: el bien siempre vence al mal. Ojalá que haya muchos políticos de bien que se decidan a ser la voz y la conducción de esa gran red de ciudadanos haciendo cosas buenas por Venezuela.

mmmalave@gmail.com

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