EC / Negociaciones en México: una primera aproximación

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  • 11 agosto, 2021
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10 de agosto, 2021

Por: Ricardo Sucre Heredia

El Cooperante

Noto optimismo por lo que parece será el comienzo de una nueva etapa de negociaciones entre el gobierno y la oposición. Solo está confirmado el lugar que es México de acuerdo a lo dicho por AMLO el día 5-8-21, pero no el comienzo, aunque se asegura será el 13-8-21.

También, algunos vaticinan que la oposición logrará la famosa “coordinación estratégica” para noviembre. Tengo mis reservas, aunque puedo estar equivocado porque hay muchos rumores, pero no información. Si me atengo a la “campaña fake” y “campaña sucia” que aparece en tuiter, lo veo difícil. Lo que creo puede suceder es una disputa por la “hegemonía narrativa” del 21 de noviembre. El G4 planteará las regionales para “organizar y movilizar el descontento”. La Alianza Democrática como un momento para acumular fuerzas. Pero esto no es el tema del artículo, sino México. Foco.

Hay que ser prudente en un conflicto político como el venezolano. Concentrarse en los hechos y no en las expectativas o el “wishful thinking” a los que somos muy dados. No porque apueste al fracaso o no crea en el proceso de negociaciones. Más bien la discreción es lo contrario. Apuesto al éxito. Sin embargo, en un contexto autoritario tener expectativas no dice o ayuda mucho. Es con aplomo y no con verbo fácil como se enfrenta. Lo que se dice o deja de decir, tiene consecuencias. No es practicar la censura o a la auto censura, porque más bien, hay que desafiarlo pero con contenido, que no es el estilo de arenga que encanta a cierta oposición que brama en redes sociales que “no coexiste sino resiste”, pero que pone en riesgo a terceros.

Por ejemplo, el video de la miliciana maracucha quien con hambre y registrando en la basura, se descargó a Maduro. Grabó otro video en donde se disculpa por lo que dijo, pero se nota que fue obligada. Lo grabó en una instalación militar. Quien grabó el video inicial de la mujer escarbando en la basura y quien lo subió, estarán tranquilos, aunque le dieron casquillo a la señora para que dijera lo que dijo. Seguramente, luego de grabarlo y subirlo, se comieron una hamburguesa de tres pisos, “con todo, full salsa y patacón”. Con conciencia o no, pusieron en riesgo a una persona vulnerable. En vez de provocarla y grabarla, pudieron invitarla a comer o llevarla a hacer un mercado. Pero la miliciana es de los “expendables” de la lucha por el poder entre elites y sus públicos que están muy bien y no jorungarán basura. Me disculpan la “equivalencia moral” entre el gobierno y la oposición que tanto molesta a los que les gusta el estilo de arenga y son de verbo fácil, pero nunca se responsabilizan.

Por lo anterior, tomo distancia con el anuncio de las negociaciones. Ojalá comiencen en la fecha comunicada por varios medios y especialmente, tengan los resultados esperados. De todas formas, hago un análisis inicial de lo que puede ser novedoso en esta nueva ronda de conversaciones entre la oposición y el ejecutivo.

Aunque no hay informaciones oficiales sino notas de análisis o que buscan ser informativas, el Nuevo Herald de Miami publicó una sobre cómo la oposición se prepara para ir a México. La nota fue firmada por Michael Wilner y Antonio María Delgado y publicada el día 2-8-21. El artículo dejó ver dos cosas interesantes para esta negociación, que son novedades frente a los intentos del pasado.

La primera, que los EUA serán los “coach” de la oposición. Esto puede responder a lo que es una realidad en la región. Maduro no tiene endosos explícitos, pero la oposición no tiene la fuerza internacional de 2019 o 2020. Los países dejan la lógica Grupo de Lima y se mueven a una tipo Grupo Internacional de Contacto (GIC) promovido por la UE, el cual plantea una solución diplomática sin enfatizar “la presión”. Si bien los EUA de Biden asumen esta línea, es el país que mantiene una política “de presión”, quizás ahora más elegante y es la nación que tiene la autoridad política sobre la oposición G4. En la nota del Herald, Juan González reconoció que el apoyo real, concreto, del grupo Guaidó son los EUA.

Lo segundo es que la nota dejó ver que la oposición G4 flexibiliza su postura en el tema de las sanciones. Ya no es tanto un “todo o nada” sino un “dando y dando”. Es decir, el cambio de posición -que luce impulsado por los EUA- es que a medida que se avance en las conversaciones, se revisan las sanciones.

La nueva lógica no es tanto que ocurra un “quiebre en la coalición dominante” por o como resultado de las sanciones, que fue la estrategia seguida durante 2019-2020, sino que sea la propia “coalición dominante” la que marque el ritmo para revisar o quitar los suplicios diplomáticos. Algo como “sea usted mismo el que maneje la política de sanciones con su apertura política”. Este manejo de los castigos dependerá de las concesiones que el gobierno haga en México. La lógica detrás no es nueva. Es la formulada por la administración Biden: una lógica incremental, de pasos que se refuercen entre sí, para de lo incremental llegar a lo global.

El tema de revisar las sanciones de forma incremental se configura como la gran oferta de la oposición al gobierno para ir México. Algo como, “podemos ayudar a superar la escasez de gasolina, pero eso supone discutir las condiciones de una elección presidencial”, por ejemplo. Si el gobierno acepta, se revisa esta sanción. Si se acuerda algo en este sentido, se modera o se levanta la restricción. Así es la lógica que parece llevará la oposición G4 a México. Por supuesto, la palabra final la tendrán los EUA y no el G4. Este ni siquiera puede disponer de los recursos que asegura “protege”. Tiene que solicitar la autorización de la OFAC. De manera que las sanciones son un instrumento de política de los EUA y no del G4. Claro que una declaración de este grupo pesa. Es una condición necesaria, pero no suficiente.

También parece, por la nota del Herald de Miami, que las negociaciones no serán con “las oposiciones” como planteó el gobierno sino con el G4. Si hay otras fuerzas de la oposición, no parece tendrán la misma fuerza o presencia que la oposición Guaidó. Será una lógica de fuerzas como la de Barbados -gobierno y oposición G4- pero las notas de prensa dejan ver que habrá cambios en la composición de las delegaciones, al menos en la de la oposición.

La del gobierno se mantiene intacta, al menos en las figuras de Jorge Rodríguez y Héctor Rodríguez. En cambio, parece que en la de la oposición se incorporarán mujeres y actores no necesariamente partidistas. Si esta información es cierta, la explicación puede ser que el grupo Guaidó busca un “fine tunning” en las negociaciones para que sean viables y no atarlas a políticos que tienen otras motivaciones, y que pueden asociarse al fracaso de las conversaciones en el pasado. Estarán los partidos del G4, por supuesto, pero se buscaría darle un carácter variado, que no es nuevo para la oposición. Se recuerda la diversidad de su delegación para las conversaciones en República Dominicana durante los años 2017-2018. Hoy parece que la oposición buscará una delegación diversa, con capacidades para llevar una negociación con el gobierno de Maduro.

La nota del impreso de Miami no tiene mayores datos con respecto a la lógica del gobierno. Este está silencioso luego de unos meses en donde llevaba la voz cantante, con sus “condiciones” para sentarse con la oposición. Hay varias hipótesis para el silencio.

El silencio puede significar que también tiene interés en conversar con el G4, pero se construye -con el apoyo de Noruega- el marco o las reglas que regirán estas negociaciones, principalmente en la “letra chiquita” que evite que alguno de los dos quiera sacar ventaja al buscar empujar las negociaciones a su lado o abandonarlas si no le va bien o dejan de interesarles.

Otra hipótesis es que el gobierno se siente muy seguro en el poder. Aunque sancionado, tiene el control político y la capacidad para hacer concesiones importantes.

Por lo dicho por Maduro y Héctor Rodríguez, el gobierno siente que ir a México es un éxito de su parte. Desde hace semanas, Maduro afirma con respecto a la oposición que “los trajimos al terreno de la política”. Para el mundo oficial, que la oposición asista a una negociación política es señal del éxito porque “la trajo al terreno de la política”. El silencio, entonces, desde la visión del gobierno, es para construir una reglas que garanticen que la oposición se “mantenga en el terreno de la política” que son las negociaciones hasta que haya un acuerdo. Para la versión del ejecutivo, el fracaso de las negociaciones en República Dominicana durante 2016-17 es que la oposición se retiró cuando habían construido un acuerdo que estaba para la firma de las dos partes.

Finalmente, el silencio del gobierno puede ser porque espera que en “las oposiciones” se enreden. En esta posibilidad entran unas declaraciones de Timoteo Zambrano del día 6-8-21 en la que cae en algo que noto en la opinión opositora, que es como un “estilo soviético para las culpas”. La moda ahora es que “pedir disculpas” en público da prestigio y te hace humano. En mi análisis, el fracaso de la oposición es responsabilidad del G4 y su estrategia, pero pedir que diga que va a noviembre antes de ir a México, cae más en el terreno del gobierno que en el de la oposición. Pudo decirlo en privado al G4 o afirmarlo con la elegancia y modales que encantan a las elites venezolanas. Decirlo así, es como ponerle una condición ex ante o “peaje” al G4 que por supuesto no aceptará. No es que la negociación no se dará, pero es ruido dentro de la propia oposición. Una cosa es el G4 y las líneas de sus públicos que lo adulan y de su periodismo, pero hay que construir una identidad política autónoma y valiente frente al gobierno de Maduro.

Aunque puede ser parte de su estrategia para no mostrarse interesado aunque lo está, por lo dicho por Jorge Rodríguez luego de votar en las primarias del PSUV el día 8-8-21, el gobierno no pone muchas expectativas en estas negociaciones. Para Rodríguez, México será una negociación más, no “la” negociación. El presidente de la AN afirmó que las negociaciones ya existen, y que en México hablarán con “los restos del guadocismo”. Agregó que “veremos qué sale de allí”. Salvo que sea una puesta en escena del gobierno para no darle importancia a lo que realmente es importante, el ejecutivo no pone mayores expectativas en México y la ve como una negociación más con un grupo de la oposición. Se toma su tiempo igualmente “sin sufrir”.

Para las fuerzas de la oposición el gobierno tampoco es confiable. No solo porque dilata un proceso para negociar, sino porque busca controlar la agenda y evitar discutir temas sustantivos y primordiales como la alternancia en la presidencia. También la oposición pudiera decir que si el gobierno acepta discutir temas importantes como la alternancia en el poder, “lo llevamos a la política”.

El gobierno quiere una negociación para normalizar y tener una gestión. Por eso es central el tema de las sanciones. No obstante, hay que verlo en contexto a la luz de lo afirmado por Maduro el día 8-8-21 luego de votar en las primarias del PSUV. Ya lo había dicho en la entrevista a Bloomberg el 14-6-21: su gobierno no tiene comunicación con el de Biden. Con Trump sí había canales de comunicación. Posiblemente para el gobierno de Maduro, hablar con el G4 importa no solo por las sanciones, sino hoy más porque este grupo es el canal para enviar mensajes a los EUA. Es lo que este gobierno busca como expresó hace unos meses Juan González, “con nosotros no hay nada de qué hablar, es con el G4 con el que hay que hablar”.

La oposición quiere conversar para acordar un mecanismo para la alternancia en el poder, vía elecciones. Este continuo con sus dos extremos definirá la famosa ZAP –“Zona de Acuerdo Posible”- que será la tarea de los equipos negociadores que asistirán a México.

Todavía no hemos llegado a este punto. En mi olfato, falta muchísimo y el pronóstico es incierto. Hoy se está en la etapa para construir las instituciones para negociar. Quizás por esto el silencio, la tardanza, porque es una tarea ardua. Es discutir algo como las reglas de las reglas. Es un tema delicado porque esta etapa es la que define el compromiso real entre las partes. Si se acuerdan las reglas de las reglas, es probable que las partes se mantengan en la mesa y las posibilidades para desertar serán más pequeñas.

Mi primera aproximación no es tan eufórica como siento en cierta opinión pública. Percibo que los dos sectores quieren conversar, pero existen los agravios acumulados de las negociaciones pasadas, que comienzan con la de 2002, y el peso del status quo que es muy grande. Los jerarcas del gobierno y de la oposición junto a sus felicitadores están muy, pero muy bien. Si lo pienso en frío, es irracional salir de ese status quo para entrar en algo incierto que lo arriesgue como es una negociación. Las elites del chavismo y de la oposición junto a sus aduladores no son “expendables”, el resto sí lo somos. Por eso el status quo es centrípeto y sabroso en el caso venezolano.

Lo positivo del silencio entre las partes es que hay conciencia que no pueden repetirse los fracasos de antes, aunque no puede augurarse si este nuevo esfuerzo dará resultados. Me atrevo a asegurar que la mayoría del país espera que las pláticas en México tengan resultados favorables.

 

@rsucre

 

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