¿Dónde está la brecha?

26 de julio, 2020

El país continúa el descenso hacia su anulación. El régimen, ante la situación de destrucción y su creciente aislamiento internacional, debería presentar y codirigir una fórmula viable de entendimiento nacional.

Si se niega a buscar un acuerdo, aunque flote por algún tiempo en una ilusión de permanencia que dañará su propio proyecto, llegará a un punto de inviabilidad en el que sus fracasos terminarán de bajarlo de esa nube.

El poder está en una fase de estancamiento crónico, cuyas consecuencias las sufrirán, peor que hoy, los venezolanos que ya no tienen como sobrevivir al choque entre el precio de la canasta básica y el ingreso mínimo mensual. El informe Encovi refleja dramáticamente la aceleración de todas las crisis, un vendaval de problemas sociales que arrasará con el residual apoyo popular que aún tiene Maduro.

Los diversos componentes de la macolla de poder están frente al dilema de dar un viraje o sentarse sobre las bayonetas para dar otra vuelta de tuerca hacia una dominación semi-totalitaria. Esa contradicción está operando invisiblemente, además de las desavenencias de reparto.

En esta acera, el desempeño de las fuerzas democráticas no va bien. Hay un sector de la oposición que mantiene la estrategia que se quedó en el pasado y otro que no se atreve a encabezar el retorno firme a una vía pacífica y electoral, no solo para no entregar posiciones y espacios al régimen, sino para elevar la capacidad de presión interna, restablecer el vínculo de la política con las necesidades de vida de la gente y construir condiciones para una gran coalición nacional que permita formar un gobierno estable y capaz de acometer, junto a todos los actores, la reconstrucción del país.

Las preguntas que se hace la gente que aún tiene tiempo de ocuparse de los asuntos públicos, son precisas: ¿Dónde está la brecha para abrir el muro de la minoría dominante?; ¿Cómo llegar hasta sectores que hoy están detrás de ese muro y unirlos en una visión compartida con la oposición democrática, no insurreccional?, ¿Qué líderes van a orientar la acción organizativa y las políticas para luchar mejor y en otras condiciones el 6 de diciembre y el día después?

La ruta está clara: mejor organización, más conciencia de cambio, volver a la gente, acuerdos en función de soluciones concretas a problemas de la población y para los cambios democráticos, un gran entendimiento para constituir un gobierno de unidad e integración y elecciones presidenciales con árbitro independiente, contención del ventajismo, voto sin coacciones, contar con auditoría social, protección a los testigos, observación internacional y un Plan República imparcial.

El primer tramo de esa ruta implica dar la pelea en las parlamentarias y poner todo en conseguir una derrota de Maduro. Hay que exigir, hasta el mismo día de las elecciones, el respeto a las leyes y a la voluntad del ciudadano. Todo lo que se logre en diciembre, abona para triunfos en las elecciones de Gobernadores y Alcaldes el 2021. El voto es el medio de movilizar y acumular el rechazo democrático a Maduro y obligar a un referendo revocatorio que el régimen no pueda evitar ni sabotear.

En 1954, W.H. Auden, escribió un poema cuyo primer verso decía: “No hace falta saber lo que alguien hace/ para saber si es su vocación/ basta observarle los ojos”. El momento actual es oportuno para mirar a los ojos a un liderazgo que no puede sumirse en la confusión de los ciudadanos, desmotivados con razón a ir a votar sólo para cumplir un rito. Esos líderes tienen que romper la incertidumbre y arriesgarse a señalar y golpear con seguridad el punto en el que se le puede ensanchar la brecha al régimen. Hay que desplazar la confrontación de la vía violenta a la electoral, que es la única que nos permite ganar.

Si esto no ocurre, la defensa real de la democracia quedará en los partidos cuya participación ha sido objeto de repudio como una forma de atacar toda salida negociada y validada por una elección. El uso indiscriminado e inapropiado del término leal oposición, creado por Linz para otro marco conceptual, ataca a todas las mesas que sostengan una estrategia electoral, acertada o errónea. Puede apurar también el surgimiento de una opción diferente al bloque oficialista y al atacado polo opositor de la MDN.

La aparición de nuevos actores políticos no partidistas, podría darle un vuelco inesperado a la participación. Paradójicamente, podría facilitar alianzas ganadoras entre sectores de la sociedad civil, dirigentes de los partidos despojados de tarjeta y algunos de los partidos integrantes de la mesita. Una unidad, nunca completa, para proteger y multiplicar la eficacia de fuerzas de cambio confiables para sostener el empeño de vivir en un país mejor.

Simón García

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