¿Dónde está el centro?

4 de julio, 2021

Por: Simón García

La polarización ha invadido la política. Bajo gobernabilidad autoritaria, la alta polarización privilegia las posiciones extremistas y dificulta las moderadas. El espacio político se llena con los dos polos que monopolizan el enfrentamiento por el poder, aun en detrimento de sus efectos sociales. La mayoría, desafiliada emocional y políticamente de esas dos minorías, tiene la cantidad; pero sin una política que exprese su punto de vista.

La llamada confrontación existencial no puede convertirse en convivencia competitiva sin la presencia de políticas de centro que vayan más allá de ser un ambiguo punto de equilibrio. No una orientación amorfa y pantanosa, sino claramente definida respecto al país que desea, a los intereses concretos que defiende y a las soluciones que considera prioritarias.

Un centro que se ocupe de la gente y que permita incorporar nuevos actores y temáticas a un proyecto de reconstrucción de la institucionalidad, la economía y la calidad de vida. La oposición tradicional que ya tiene décadas padeciendo los rigores del régimen más que enfrentándolo, no sale de su visión de túnel. Parte importante de sus desaciertos deriva de no haber sabido diferenciar las cúpulas del gobierno del pueblo que las ha seguido; apreciar los roles peculiares entre los integrantes de esas cúpulas; identificar potenciales contradicciones en su seno o entender lo que desde Tzun Tzu para acá es lugar común: el contendor más débil no debe caer en la violencia porque su ejercicio ilegal y arbitrario es lo que hace poderosa a la corte de los autócratas.

Estamos viviendo una situación como la que describe Maquiavelo en el capítulo 44 de sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio: sobran razones para realizar un cambio de estrategia, pero quienes lo admiten, no lo impulsan con determinación. En criollo, falta de jefes, ante lo que el florentino, como un cualquiera del barrio, sentencia: “una multitud sin jefes es inútil”.
También está a la vista que el régimen ha soltado concesiones sin renunciar a su naturaleza. Los personeros del gobierno, practican sin citarlo, que pueden “doblarse sin quebrarse”. La fórmula china subraya que una tormenta podría arrancar al junco de raíz, pero que si éste se mueve dentro de la tempestad, recuperaría su firmeza cuando ella cese.

Se ha producido una seguidilla de evidencias de una nueva actitud oficialista en respuesta a planteamientos opositores y de otro orden. Todas contribuyen a hacer más transparente el proceso electoral y promueven un desempeño más equitativo a los participantes. Pero los dirigentes opositores más emblemáticos exageran la cautela ante unos gestos que deben ser reforzados. Una omisión que no crea confianza en la nueva ruta.

Es cierto que en el CNE quedan pendientes medidas que permitan recobrar mayor espacio a su institucionalización, pero los primeros pasos son un avance importante.
La oposición puede fortalecer esta inclinación del régimen o puede refugiarse en una sospecha que continúe nutriendo el desinterés por defender la democracia votando.

Esta pérdida de iniciativa, que forma parte de la crisis de ausencia opositora, aumenta la incidencia de factores geoestratégicos y el papel de gobiernos amigos que presionan para un entendimiento que conduzca al retorno de la democracia. Revela también la incertidumbre interna sobre si el rumbo es hacia la abstención o la participación.

Necesitamos la unión electoral de todas las expresiones políticas que quieren sacar a la gente de la crisis y al país de su disolución, con una concepción distinta a la del régimen. Para reunirlas hacen falta políticas y dirigentes de centro.

El tiempo de los extremismos pasó. No hay que reeditarlo.

 

@GarciaSim

 

 

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