Don Nicanor Ochoa, el “brujo de Nirgua o el asclepio criollo”

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  • 1 junio, 2021
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1 de junio, 2021

Exclusivo El Reporte Global

Por: Ramón A. Aular

Comenzaré por aclarar que no se trata de un personaje ficticio.

Don Nicanor Ochoa, conocido también como el “Brujo de Nirgua, nació el 19 de febrero de 1868, fue un pariente cercano de mi bisabuelo, Maximiliano Ochoa y contrario a lo que muchos creen, no nació en Yaracuy, ni tampoco en el Edo. Miranda, sino en la población de Miranda, Edo. Carabobo.

Tradicionalmente es considerado “El Brujo Mayor de todos los Brujos”. Se cuenta que este gozaba de facultades sobrenaturales, entre ellas la videncia, también que tenía un bolso donde guardaba todos sus secretos, el cual siempre llevaba consigo, porque en cualquier momento podía verse en la necesidad de ayudar a alguien. Esto hizo que se ganara el calificativo de: “Nicanor, mata y cura las 24 horas” (el término “mata” refiere a matar lo malo). Para mí, el verdadero contenido de su bolso era, por un lado, una vasta información sobre las propiedades medicinales de las hierbas y por el otro, un profundo conocimiento de la naturaleza humana, de sus anhelos, temores, debilidades y fortalezas.

Don Nicanor Ochoa

Tal vez, su relación con las serpientes, haya sido uno de los rasgos más fantásticos de su vida. Se dice que el día de su nacimiento, la humilde casa de campo donde nació, se vio de pronto rodeada por culebras que salían de todas partes del monte, como si quisieran venir a darle la bienvenida al recién nacido curandero. Lo acompañaron durante toda su vida y él parecía poder comunicarse con ellas. Aparecían y desaparecían según su voluntad.

En este punto, y para aclarar malos entendidos, ya que en la imaginería cristiana encontramos pasajes que relacionan a las serpientes con el demonio, es necesario puntualizar que esta noción no siempre aplica. Más que un signo del demonio, la serpiente históricamente ha sido un símbolo de protección, sobre todo en el área de la salud y la curación. “El bastón de Moisés”, por ejemplo, fue convertido por Dios en una serpiente gigante para proteger al pueblo hebreo de los egipcios.

A su vez, Asclepio, el dios griego de la medicina, tenía el don de la curación y conocía muy bien la vegetación y en particular las plantas medicinales. Sus atributos curativos se representan con una serpiente enrollada en un bastón, un antiguo símbolo que se conoce como “La Vara de Asclepio”. De hecho, si observan bien, notarán que es el símbolo que adoptó la Organización Mundial de la Salud.

Según señala el Diccionario de los Símbolos de Jean Chavelier y Alain Gheertbrant, esta vara también está ligada al “Árbol de la Vida” y si hurgamos más aún, conseguiremos que en las prácticas y en las religiones orientales, la vara y la serpiente son la representación de nuestra energía vital fluyendo a través de la médula espinal.

La serpiente también es símbolo de la vanidad que ha sido dominada, pues el veneno se transforma en remedio. Aquí nos topamos con otro paralelismo: Nicanor conocía métodos que, en diversas culturas y en diferentes épocas, han sido empleados para preparar pócimas curativas usando el veneno de las culebras para ello, convirtiendo de este modo, lo mortal en curación, una curación no solo del cuerpo, sino también del alma.

Como sucede con muchos otros personajes venezolanos y latinoamericanos, la figura de Don Nicanor se desliza con fluidez de lo real a lo maravilloso. Así es que no solo fue un extraordinario partero y brujo curandero, una especie de Asclepio criollo, sino también un hombre trabajador y exitoso. Era ducho en los trabajos del campo. Adquirió unos terrenos cerca de Nirgua y logró convertirlos en una hacienda muy productiva, de cuya cosecha se destinaba una parte para ser donada a la población de Nirgua, ciudad en la que se estableció definitivamente.

Era fanático a las peleas de gallo. Le gustaba vestir bien y solía hacerlo de blanco. Nunca dejaba su sombrero. Era cortés, galante y mujeriego, aunque a veces pienso que más que mujeriego, era polígamo, ya que le fue tan fiel a su esposa, la señora Ofelia Ojeda, como a sus amantes. Que haya mantenido este círculo amoroso múltiple a lo largo de su vida, podría resultarnos no del todo moral. Sin embargo, es importante considerar que eran otros tiempos, al igual que no podemos dejar de tomar en cuenta que jamás dejó de velar por todas y cada una de sus mujeres. Fue un ferviente devoto a la Virgen del Carmen y llevó a cabo curaciones que rayaron el umbral de los milagros.

Don Nicanor Ochoa murió el 17 de mayo de 1957, a la edad de 89 años. Sin embargo, su ánima milagrosa sigue viva, su caridad y su sabiduría continúan hoy por hoy beneficiando a muchos venezolanos. En el 2004, en el elemento “Patrimonio Vivo, Creencias y Ritos”, del municipio Nirgua, Edo. Yaracuy, el culto a su legado fue decretado Patrimonio Cultural Venezolano.

Los invito a encender una velita a esta ánima misericordiosa, a pedirle que por favor nos dé a todos su bendición y que proteja a nuestra querida Venezuela, especialmente ahora en estos tiempos difíciles de pandemia. A mí personalmente, nunca me ha defraudado. Estoy seguro de que si ustedes le ruegan con fe y con devoción, él atenderá vuestras plegarias.

¡Bendición, viejo!

 

@ramon_aular

 

 

 

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