Destrucción Creativa: nuestra gran oportunidad

13 de agosto, 2020

La expresión “Destrucción Creativa” fue acuñada por el economista Joseph Schumpeter para designar procesos en los cuales se destruye un viejo orden y esa destrucción facilita la construcción de un orden nuevo. En Venezuela ya se cumplió destrucción: El modelo autoritario-rentista colapsó desde la década de 1980 y ahora nos encontramos en el Escenario del Caos, el cual, aún siendo una exagerada maldición, es también una enorme oportunidad para construir un nuevo orden.

El régimen autoritario rentista ha utilizado el reparto de la renta petrolera para aplacar la pobreza y frustraciones que produce la concentración del poder en el gobierno y los partidos; a la vez que evita “sembrar el petróleo” para que no afloren las iniciativas ni la autonomía de los sectores no oficiales. El proyecto de Carlos Andrés Pérez II intentó sustituir las reglas de juego de ese modelo por otras, empezando por la diversificación de la producción y de las exportaciones mediante una “liberación y apertura de la economía”, la cual le transfería poder político a los empresarios y trabajadores, reduciendo el Partidismo o predominio de los intereses de los partidos en la formación de las políticas públicas. El Estatismo se veía reducido por las privatizaciones y por las liberaciones de precio y del cambio. El Populismo se reducía porque la inversión de las empresas privadas convertía a los empleos bien pagados y al adiestramiento en las principales políticas sociales, desplazando así los subsidios repartidos por el gobierno de turno y su partido; y Pérez II propuso la descentralización frente al Centralismo que asfixia a las regiones. Según Mirta Rivero, en La Rebelión de los Náufragos, esta fue la “gota que rebasó el vaso” porque los hasta entonces llamados “cogollos” o grupos minoritarios eternizados que manejaban sus respectivos partidos desde Caracas e imponía sus candidatos perdían poder ante los liderazgos de gobernadores y alcaldes electos por el pueblo. De allí que los “náufragos”, “cogollos”, “viudas del rentismo” y “notables” se aliaran para sacar a Pérez del poder.
El resto es historia: surgió el gobierno de Rafael Caldera II; gobierno ahistórico que logró evitar el proceso de sustitución creativa del régimen anterior intentando revertir la liberación y apertura de la economía y frenar la descentralización. La debacle que siguió a estos despropósitos condujo al descrédito final del régimen, siendo sustituido por un grupo que se vende como socialista pero que concluyó la destrucción de Venezuela sin ninguna otra creatividad que tener la osadía de retomar y profundizar las viejas reglas del juego y mantenerse en el poder a costa de la desarticulación de sus contrarios.
Nuestro reto y oportunidad es aprovechar la destrucción rematada por Nicolás Maduro para crear un régimen que trascienda, y por mucho, al representado por la frase ignorante o egoísta de que “éramos felices y no lo sabíamos”.
El reto de la creatividad empieza por reivindicar la privatización y empresas mixtas; la descentralización; la despresidencialización; la despartidocratización; la despopulización de las políticas sociales; y la sustitución del modelo rentista monoexportador por la siembra del petróleo o diversificación de nuestra economía. Sin este último cambio son imposibles la estabilización del crecimiento y la democratización del país. Por lo que la destrucción de Pdvsa es también una gran oportunidad.
Necesitamos erradicar nuestro error histórico de dejarle la política a los políticos, error que ha sido una barrera para alcanzar el mayor de todos los retos para superar la destrucción con lo creativo: Refundar al Estado, pasando de uno que creó a la sociedad, a una sociedad que le dé origen a un nuevo Estado. De lo contrario, nunca seremos democráticos ni prósperos y los partidos terminarán de autodestruirse.
Nuestro objetivo es hacerles aceptar el pluralismo a los gobiernos y partidos poniéndoles por delante el poder de una toma de conciencia de nuestros intereses sectoriales, nuestra propia rearticulación y la creación de alianzas entre los demás sectores: empresas, trabajadores, centros de educación e investigación y medios de comunicación.
En este proceso nos ayudaría dejar de querer cambiar a quién gobierna por cambiar el cómo gobierna. Esto es difícil de entender porque en los 13 cambios de regímenes desde que somos república escasamente hemos cambiado la forma de gobernar (siempre más o menos autoritaria) porque nos hemos empeñado y conformado en sacar al que gobierna, delegando -por comodidad y miedo – el esfuerzo del cambio en una minoría de turno que promete un cambio para, al final, quedarse con todo porque llegó sola al poder. ¡Piénsenlo y deje de esperar, organícese para “llenar los espacios vacíos que nadie está ocupando” rearticulando a su propio sector y aliándose con sectores complementarios para ejerzamos nuestras propias cuotas de poder desde ya!
@joseagilyepes

El Universal

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