Cultivar un amor como el de Amparo

27 de junio, 2022

Por: Linda D´Ambrosio 

Próxima a la literatura, y atenta siempre a las novedades del mundo editorial, quise interesarme por el libro Amor es… Inocencia y verdades de Amparo García Sierra.

La obra, que está catalogada como una de las más vendidas en Amazon, es la opera prima de una contabilista venezolana que nunca se planteó dedicarse a la escritura. De hecho, abandonó la Economía, carrera a través de la cual ingresó a la vida universitaria, agobiada por lo que le parecía un exceso de teoría en el pensum. El cuerpo le pedía números, y a través de los números desarrolló una exitosa carrera, primero en Pdvsa y más tarde en otras empresas trasnacionales.

Me preguntaba qué habría en esta obra, que narra el choque que sufre con la realidad una niña que ha crecido rodeada de amor, incitada a percibir la belleza del mundo, para haber cosechado tantísimo éxito. Pero el libro pasó a segundo plano tan pronto conocí a la autora.
Amparo me contó cuánto la había afectado un incidente del que había sido testigo, veinte años antes, en una consulta médica, cuando un paciente afectado por el Alzheimer había vivido un desencuentro con su esposa: “Yo sentí el dolor de aquel hombre que pedía ayuda. Sentí que su dolor entró en mis huesos. Jamás pensé que, unos años más tarde, a mí me iban a decir que mi esposo tenía demencia senil”.
Amparo decidió ir más allá de las recomendaciones tradicionales: no muevas los muebles; ten la cosas en donde las vea; procura que los relojes y calendarios estén a la vista para que no pierda la noción del tiempo… “Yo pasé estos años tratando de llenarlo de amor, de hablar con él todos los días, de no dejar que ese túnel negro me lo tragara. Algunas personas experimentan como un desprendimiento de ese ser, porque se perdió en su mundo. Es como si tú cortaras ese cordón umbilical. Yo lo que quiero es que si él vuelve de ese mundo, aunque sea un minuto, me vea mí, me vea a su lado, me vea con una sonrisa, y sienta el amor”.
Amparo comprobó que, cuando tuvo que dividir su atención con un hermano aquejado de leucemia, el deterioro cognitivo de su esposo aumentó, lo que la reafirmó en su convicción de que el afecto retrasaba el avance de la enfermedad: “Al romper aquellos patrones con los que aprendí que debía de tratarlo, cobraba una mejor calidad de vida. Yo quería transmitir eso”, explica.
Y ese fue el origen de su deseo de escribir. Se dio cuenta del interés que despertaban las reflexiones que compartía en Facebook, al tiempo que Amazon la invitaba a participar en un taller de escritura.
El ritmo del taller impedía que ella pudiera profundizar en lo relativo al Alzheimer. “Y yo quería hacer algo bonito- expresa- algo que en verdad dejara al mundo un ejemplo a seguir. Entonces decidí contar mi historia, contar que esos sentimientos que me inculcaron mis padres me llevaron a amar a este hombre bonito. Y ello me llevaría luego a un segundo libro donde yo podría escribir sobre la enfermedad, conociendo ya el proceso de edición”.
La historia de Amparo me resulta inspiradora, en primer lugar, como modelo de perseverancia frente a la adversidad. En segundo lugar, es admirable cómo, en medio de una vida tan demandante, encuentra tiempo para desarrollar, disciplinadamente, una actividad como la escritura. Pero, sobre todo, me conmueve como ejemplo de fidelidad, de entrega, de permanecer allí aun cuando la esperanza parece extinguirse, sosteniendo la mano de su amado contra todo pronóstico, manteniendo viva esa conexión que aun existe entre ambos corazones. Sin duda, yo quisiera cultivar un amor como el de Amparo.
lindasalva@hotmail.com

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