Creer en la democracia

7 de marzo, 2021

No es de extrañar que Maduro, como presidente, concentre un rechazo muy alto, según Datanálisis.

Es el castigo pasivo por su responsabilidad en la crisis que destruye al país. El costo a su lealtad fanática a un modelo, cuyo éxito depende de extinguir la democracia y la economía “burguesas”.Pequeña venganza del que no puede ir al mercado o no tiene gas para cocinar.

Pero que el principal dirigente de la oposición, sea objeto de una desaprobación similar, no es un mensaje arrojado al mar en una botella. Nos debe preocupar a todos, porque significa que no hay una figura democrática alternativa y en consecuencia, hay que pensar por qué no y de seguidas, cómo tenerla.

Voces de la oposición, caleidoscopio dónde la verdad parece construirse dificultosamente, sugieren que en vez de cambiar al líder, se cambie aquella política opositora que se esta derritiendo a los ojos de todos.

Pero la mayoría del liderazgo actúa al revés: se arriesga a debilitar al líder y moverse, encubiertamente, hacia un viraje. Esa supuesta protección a Guaidó, mientras se ejecuta sin debate una vuelta de espalda a la línea insurreccional, es la peor manera de reducir el desmoronamiento de la reputación de todos.

Altos dirigentes del G4, con una inteligencia instintiva y conservadora, no quieren reconocer errores para evadir responsabilidades. Se niegan a dar pasos claros para que la participación electoral no se confunda con una concesión al poder. Prefieren seguir criminalizando a la oposición que retorna al voto y sustituir la batalla de las ideas por la guerra civil de las descalificaciones.

Sin interesarles la unidad, desvían indiscriminadamente sus ataques contra quienes ya decidieron su participación electoral. Mantienen la segregación de los partidos y dirigentes que dialogan públicamente con el gobierno, sin diferenciar que no todos tienen la reprochable conducta de acatar instrucciones del Gobierno.

La solicitud hecha públicamente a Guaidó para que encabece el proceso de llevar al terreno electoral el propósito de transitar, progresivamente, del autoritarismo a la democracia es tiroteado desde dos lados. El que exige cumplir con la formalidad ritual de hacerle primero un reclamo a maduro, al margen de su eficacia. Y el que grita por la ingenuidad de darle oxígeno a un líder cuyos errores lo inhabilitan, según ellos, para rectificar.

Son actitudes que bloquean la posibilidad de establecer un consenso mínimo de la oposición en torno a una política transicional viable. Cierran el camino para darle piso real y referencia social a la crisis de la oposición y sus vulnerabilidades y limitaciones.

Para creer de nuevo en una democracia inexistente, hay que pasar por la experiencia concreta de ir a las elecciones de gobernadores y alcaldes, construyendo una nueva relación entre partidos y sociedad civil. Generando espacios para combinar una política cívica de defensa del derecho a la vida con una política partidista para contender por un poder que reconstruya a Venezuela y unifique a los venezolanos.

El descredito de la democracia no debe provenir de los demócratas. No es cierto que mientras más crisis y calamidades sufra una sociedad, más aumentará la fuerza de la oposición. Tampoco que seguir jugando con falsas expectativas, nos permitirá dejar atrás el ciclo autoritario.

Creer en la democracia es oír a los ciudadanos. Y empeñados en anularnos entre nosotros mismos, hace rato que no lo estamos haciendo.

 

@garciasim

 

El Universal

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

A %d blogueros les gusta esto: