Covid-19: Nada volverá a ser como antes

25 de junio, 2020

Dos cuestionamientos son fundamentales frente al proceso de la pandemia del Covid-19 que estamos viviendo, y que aparentemente se prolongará por algunos meses más.

El primero es el de la globalización desmedida, donde la atención ha estado concentrada solo en los mercados y el capital. Ya sea en las distintas expresiones del Liberalismo, como en la realidad del Socialismo Marxista con el fracaso de la Unión Soviética donde el Estado es quién concentra todas las riquezas y es administrada por la burocracia partidista. El resultado, como lo demostró la pandemia fue el olvido de la salud y la medicina privilegiando el factor económico. El mundo no estaba preparado, a pesar de las advertencias, para una crisis sanitaria como la estamos viviendo. Con el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) en el 2002 originado también en China y el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) en Arabia Saudita en el 2012, era previsible el desarrollo de estos nuevos virus originados en el mundo microscópico. No aprendimos la lección de la Gripe Española, cuando solo con 2.500 millones de personas produjo más de 60 millones de muertos en todo el planeta.
El segundo elemento es de carácter geopolítico. La sociedad Internacional después de la Primera Guerra Mundial trató de crear un sistema de Relaciones Internacionales orientado a la paz y la cooperación. Fue el momento del origen de la Sociedad de las Naciones, la cual no resistió los embates de las confrontaciones de las nuevas potencias emergentes y los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial. En 1945 con la destrucción del conflicto bélico internacional y la derrota de los totalitarismos parecía que hubiesen podido generar una nueva actitud al resucitar con la Organización de Naciones Unidas (ONU) una nueva estructura supranacional, fundamentada en la paz; la justicia; la libertad; y bajo el imperativo de la solución pacifica de las controversias internacionales. Pero inmediatamente la bipolaridad respaldada por el armamentismo tanto tradicional como nuclear, ha puesto al mundo al borde del precipicio. Hiroshima y Nagasaki en 1945 fue la demostración de lo apocalíptico del arma atómica al desviar el uso pacífico de esta nueva energía hacia la destrucción y la guerra. Afortunadamente, tal vez influido por la fragilidad de los Estados y de los hombres ante el nuevo virus y la enfermedad del Covid-19, los jefes de Estado Trump y Putin han renovado las conversaciones esta semana para el desarme nuclear. Entre Washington y Moscú, el potencial atómico puede destruir 7 veces al planeta.
Todos los analistas de la política internacional esperan un nuevo orden internacional que sustituya al actual desorden y el egoísmo del interés particular de las naciones frente al bien común de la humanidad y la justicia internacional.
Los grandes actores de la política internacional, que también han sido terriblemente golpeados por la pandemia como lo son: Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea deben unir sus esfuerzos en la búsqueda del antídoto como lo es la vacuna; y llegar a acuerdos fundamentales para una mayor cooperación tanto en la relaciones bilaterales como en las Organizaciones Internacionales en el campo de la salud por ahora. Posteriormente, en proyectos comunes en la economía; en las finanzas; en la ciencia y la cultura; y con una nueva educación en la ética de la fraternidad.
El aislamiento físico a diferencia de otras pandemias, ha sido superado por el acercamiento social que nos ha permitido el uso de las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC). Ya es una realidad el teletrabajo y la teleducación, tanto la Inteligencia Artificial como la Robótica conducen a nuevos avances en la protección de la salud. El Internet, los smartphone y las redes sociales nos abren nuevas oportunidad con la denominada revolución digital. Estas nuevas herramientas, fundamentales en la nueva era virtual, centralizadas en Estados Unidos y China deben desarrollar una ética comunitaria y no enmarcarlas en los conflictos tradicionales del realismo político; deben ir más allá de lo técnicamente conveniente para el capitalismo o el comunismo, presentando la necesaria dimensión humana.
Es posible que el miedo y el terror al cual nos ha confrontado el virus pueda permitir que los nuevos Gates, Jobs, Bezos y Zuckerberg en el campo de la revolución digital; y los futuros Trump, Putin, Xi Jinping, Angela Merkel y los nuevos líderes en todas las regiones como los responsables de la economía y las finanzas busquen el interés colectivo y la proyección social de sus realizaciones. Con la revolución digital, los algoritmos permitan procesar datos para solucionar problemas en la necesaria relación con lo otro y con los otros, con los semejantes y la naturaleza. Como Ulises, debemos tener siempre la meta de llegar a Ítaca sabiendo que habrá dificultades y desafíos; pero con el conocimiento y la voluntad se podrá arribar. Naveguemos como él en el mar de lo analógico, pero también en las nuevas fronteras de lo digital que corresponde a las nuevas generaciones.Correo: jcpineda01@gmail.com

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El Universal
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